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Logro histórico de la zoología española: un parque de Canarias cría por primera vez uno de los peces más difíciles de reproducir por los humanos

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Los animales marinos esconden mecanismos de reproducción tan complejos que apenas un puñado de instituciones en el mundo logra descifrarlos, y en este caso ha sido un acuario español el que ha dado con la clave. El Loro Parque, en Tenerife, ha conseguido reproducir por primera vez en España al pez navaja (Aeoliscus strigatus), una especie considerada una de las más difíciles de criar bajo cuidado humano.

El equipo de veterinarios y acuaristas del parque canario sacó adelante 18 juveniles de apenas dos centímetros de longitud, después de superar la fase larvaria, el momento más crítico de todo el proceso. Con este logro, el centro pasa a formar parte de un grupo de solo tres instituciones en todo el mundo que han conseguido reproducir esta especie de forma controlada.

Cómo es el pez navaja que ha reproducido el Loro Parque

El pez navaja parece un cruce entre la hoja de un cuchillo y un caballito de mar, al que además está emparentado. Su cuerpo es extremadamente plano, comprimido por los lados y alargado, con un contorno inferior tan afilado que recuerda a una navaja de afeitar. En la adultez alcanza entre 12 y 15 centímetros, con un tono gris plateado o verde oliva y una franja negra que recorre todo su lateral, desde el hocico hasta la cola.

En lugar de escamas comunes, su cuerpo está protegido por una armadura rígida y transparente formada por placas óseas, y su boca termina en forma de tubo, pensada para succionar organismos diminutos en el agua.

Su comportamiento resulta tan singular como su anatomía. Vive y nada boca abajo, en posición vertical respecto al fondo marino, y solo se coloca en horizontal si necesita huir de un peligro. Se mueve en cardúmenes muy coordinados, como hojas flotando al unísono en la corriente, y busca refugio entre las espinas de los erizos de mar de fuego o entre corales, donde su forma alargada lo vuelve casi invisible frente a los depredadores. La especie es nativa de los ecosistemas coralinos del océano Índico y el mar Rojo.

Por qué es tan difícil reproducir el pez navaja en cautividad

El primer obstáculo está en el desove. En su hábitat natural, estos peces se guían por cambios ambientales muy sutiles, variaciones exactas de luz, fases lunares, corrientes y temperatura, para decidir cuándo apareacerse. Reproducir esas señales con la precisión necesaria dentro de un acuario artificial exige una tecnología muy fina, y cualquier desajuste basta para que los adultos no lleguen a desovar.

Superado ese primer paso, llega el verdadero cuello de botella: la fase larvaria. Las larvas no nadan en vertical como los adultos, sino en horizontal, lo que las hace chocar con facilidad contra los cristales del acuario o dañarse con los sistemas de filtración.

Además, solo aceptan alimento vivo de un tamaño microscópico muy concreto, un tipo de zooplancton que hay que cultivar en paralelo con un valor nutricional exacto. Si esa comida resulta apenas una micra más grande de lo debido, la larva muere de hambre.

La estructura social de la especie añade una tercera dificultad. El pez navaja vive en cardúmenes regulados por jerarquías estrictas, y todos los ejemplares nacen hembra: solo los más grandes y dominantes se transforman en machos para poder reproducirse. Si el grupo en cautividad no está en armonía, o si el tanque genera algún tipo de estrés, esa transición de sexo falla y los huevos no llegan a fecundarse con éxito.

Por todo esto, las 18 crías conseguidas en Tenerife representan mucho más que una cifra. El logro abre la puerta a entender qué parámetros exactos de agua, luz y alimentación permiten salvar a las larvas de esta especie, un conocimiento que ahora puede aplicarse en otros acuarios del mundo que trabajan con el pez navaja u otras especies con desafíos reproductivos similares.