De especie invasora a recurso productivo: un proyecto pionero transforma un voraz pez en fertilizante orgánico
Este es el único lugar de España donde habita una de las especies invasoras más destructivas
Captura en España 30 ejemplares de una de las peores especies invasoras
Te la encuentras en cualquier río sin saber que es una de las peores especies invasoras que tenemos
Las especies invasoras son aquellas que llegan a ecosistemas en los que no evolucionaron y alteran su equilibrio. Estas suelen desplazar a la fauna local al competir por alimento y espacio, lo que genera impactos ambientales y económicos difíciles de revertir.
Cada caso presenta matices distintos, pero el patrón se repite: pérdida de biodiversidad, deterioro del entorno y presión sobre actividades como la pesca o la agricultura. En este caso, este pez invasor ha alterado el equilibrio del ecosistema y ha afectado a la pesca local, pero empiezan a surgir iniciativas que podrían convertir el problema en una oportunidad.
Una especie invasora que se convierte en recurso productivo
Comunidades de Montecristi, en República Dominicana, han empezado a transformar el pez diablo en fertilizante orgánico y harina para ganado dentro de un proyecto impulsado por la organización People for Development (AVSI) junto al Ministerio de Medio Ambiente. La iniciativa actúa sobre la Laguna Saladilla, donde esta especie invasora ha alterado el equilibrio ecológico.
El pez diablo, originario de la cuenca amazónica, se ha expandido sin control en este humedal. Su presencia ha reducido poblaciones de peces como la tilapia y ha complicado la actividad pesquera. Su piel dura y espinosa rompe redes y aumenta los costes para los pescadores.
El proyecto propone un cambio de enfoque. En lugar de limitarse a controlar la especie, los impulsores han integrado su captura en una cadena productiva. Los propios pescadores recogen los ejemplares y miembros de la comunidad los procesan para obtener harina de pescado.
Cómo convierten el pez diablo en fertilizante orgánico
Ese producto se somete ahora a análisis para validar su uso como fertilizante orgánico y como suplemento alimenticio para el ganado. Los primeros datos resultan prometedores. Estudios previos realizados en México ya mostraron que la harina de pez diablo contiene altos niveles de proteínas, fósforo y potasio, nutrientes clave para el desarrollo de cultivos.
En ensayos con tomate, la aplicación de esta harina mejoró el crecimiento de las plantas, aumentó el grosor del tallo y favoreció la producción de frutos con calidad comercial. Los resultados refuerzan la viabilidad de este uso agrícola.
El impacto va más allá del laboratorio. Agricultores y ganaderos locales participan en una fase piloto iniciada en marzo de 2026. Técnicos del proyecto los han formado para aplicar el fertilizante y evaluar sus efectos en condiciones reales. La implicación directa de la comunidad marca el ritmo del proyecto.
Pescadores, agricultores y grupos de mujeres participan en el procesamiento del pescado, lo que abre la puerta a crear una microempresa local. La iniciativa introduce así una fuente de ingresos en una zona que depende en gran medida de los recursos de la laguna.
Cuáles son los efectos del pez diablo en el ecosistema
El pez diablo provoca daños profundos en los ecosistemas donde se instala. Su éxito radica en su capacidad de adaptación y en la ausencia de depredadores naturales, lo que dispara su población en poco tiempo.
En la Laguna Saladilla, esta especie compite por alimento con peces autóctonos y consume huevos y larvas, lo que reduce la reproducción de otras especies. La presión sobre la cadena alimentaria altera todo el equilibrio del ecosistema.
Además, su comportamiento agrava el problema. El pez excava galerías en las orillas, lo que acelera la erosión y debilita el terreno. Esa actividad también incrementa la turbidez del agua, lo que afecta a la calidad del hábitat y dificulta la vida de otras especies.
El impacto económico resulta igual de visible. Los pescadores capturan menos peces de valor comercial y dedican más tiempo a faenar con resultados cada vez más bajos. A eso se suman los daños constantes en redes y equipos.
La acumulación de ejemplares sin aprovechar también genera problemas. Muchos terminan abandonados en las orillas, donde se descomponen y provocan malos olores y focos de insalubridad.
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