Naturaleza
Reconstrucción geológica

Descubrimiento histórico: el río del juicio final se originó tras la unión de dos ecosistemas fluviales hace 3,6 millones de años

El río Éufrates, conocido también por su presencia en textos históricos y religiosos como el llamado «río del juicio final», ha protagonizado un descubrimiento que arroja nueva luz sobre su pasado. Un estudio reciente sugiere que este gran curso fluvial no existió siempre tal y como se conoce hoy.

La investigación, publicada en la revista Nature Geoscience, ha permitido reconstruir la evolución de este río mediante el análisis de sedimentos fosilizados, imágenes sísmicas y modelos de transporte sedimentario.

El origen del Éufrates se encontraría en la unión de dos antiguos ríos

Según el estudio, el actual Éufrates se habría formado a partir de dos sistemas fluviales distintos: el Paleo-Karasu y el Paleo-Murat. Ambos recorrían territorios que hoy corresponden a Turquía y Siria y desembocaban en una cuenca mediterránea parcialmente desecada durante la crisis de salinidad del Messiniense.

Este episodio geológico tuvo lugar entre hace 5,97 y 5,33 millones de años, cuando la conexión entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo quedó interrumpida por la actividad tectónica. Como consecuencia, el Mediterráneo perdió gran parte de su volumen de agua y amplias zonas quedaron transformadas en extensas llanuras de sal, barro y roca expuesta.

En aquel paisaje radicalmente diferente al actual, los dos grandes ríos depositaban enormes cantidades de sedimentos. Los investigadores han identificado estas huellas geológicas bajo el Mediterráneo oriental, lo que ha permitido reconstruir sus recorridos y su evolución a lo largo de millones de años.

Los resultados apuntan a que el Paleo-Karasu recorría más de 1.300 kilómetros antes de desembocar al norte de Chipre, mientras que el Paleo-Murat superaba los 1.900 kilómetros y avanzaba hacia las actuales costas de Siria y Líbano.

La actividad tectónica cambió el curso de los ríos

La clave de la transformación se encuentra en los movimientos de la corteza terrestre. El choque entre las placas tectónicas de la región provocó la elevación de montañas, el desplazamiento de fallas y una modificación progresiva de la inclinación del terreno.

Los autores plantean que el Paleo-Murat comenzó a desviarse hacia el sureste hace más de cuatro millones de años debido a la actividad de la falla de Anatolia Oriental. Posteriormente, el Paleo-Karasu también cambió de dirección y terminó uniéndose al primero.

Estos procesos acabaron creando un único sistema fluvial que adoptó una configuración similar a la actual y comenzó a dirigirse hacia el Golfo Pérsico. De esta manera habría nacido el río Éufrates moderno, que hoy recorre cerca de 3.000 kilómetros antes de unirse al Tigris.

Un hallazgo que ayuda a comprender la historia de Asia Occidental

Otro de los aspectos más llamativos del estudio es el enorme volumen de agua que transportaban estos antiguos ríos. Los cálculos realizados indican que el Paleo-Karasu pudo haber alcanzado caudales superiores a los del Nilo actual, mientras que el Paleo-Murat movía cantidades de agua comparables o incluso superiores a las del sistema Tigris-Éufrates contemporáneo.

Este resultado ha sorprendido a los científicos porque coincide con un periodo considerado especialmente árido en la región. La explicación podría encontrarse en un clima más variable de lo que se pensaba, con episodios de lluvias intensas concentradas en determinadas cuencas y un relieve capaz de canalizar rápidamente grandes volúmenes de agua.

Más allá de la reconstrucción geológica, los autores destacan que comprender la evolución del Éufrates resulta fundamental para contextualizar el desarrollo posterior de las sociedades que prosperaron en sus llanuras aluviales.