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Cunde la emoción en la comunidad hidrológica española: el embalse andaluz que roza el 90% por primera vez desde 2013

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Los recursos a los que hoy se concede más valor ya no giran necesariamente en torno al oro o a los combustibles, sino a algo mucho más básico: el agua. En España, donde la escasez hídrica ha marcado los últimos años, cualquier cambio en los embalses se sigue con atención. En este caso, la noticia es positiva para el sistema hidráulico.

Un embalse andaluz roza el 90% de su capacidad por primera vez desde 2013. El dato cambia el panorama en pleno inicio de la campaña agrícola tras varios años de sequía.

El mayor embalse de Andalucía roza el 90% por primera vez desde 2013

El embalse de Iznájar, en la cuenca del Guadalquivir y entre Córdoba, Málaga y Granada, supera ya el 85% de su capacidad tras semanas de aportes constantes de agua. Los datos más recientes lo sitúan en torno a los 786 hectómetros cúbicos, una cifra que no se registraba desde la primavera de 2013.

A comienzos de febrero de 2026, el mismo embalse apenas alcanzaba el 30%. En poco más de dos meses, las borrascas encadenadas y el arrastre de agua desde toda la cuenca han elevado el nivel de forma sostenida, sin picos bruscos, pero sin pausa.

La capacidad del embalse de Iznájar no se ve muy afectada por lluvias puntuales, sino que su tamaño obliga a un llenado progresivo. El agua llega desde kilómetros de territorio y tarda semanas en consolidarse en el vaso del pantano. Por eso, los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir vigilan la evolución con especial atención.

Por qué el nivel del embalse de Iznájar es clave para Andalucía

Iznájar es el mayor embalse de Andalucía y juega un papel clave en la gestión del agua en el sur. Su capacidad, cercana a los 920 hectómetros cúbicos, lo convierte en una reserva estratégica para varias provincias.

La situación actual tiene efectos inmediatos: garantiza el abastecimiento a más de 200.000 personas y asegura el riego de unas 80.000 hectáreas. Con estos niveles, las previsiones de suministro mejoran de forma clara y el riesgo de restricciones a corto plazo se reduce.

El primer impacto aparece en el campo. Los regantes necesitan este volumen para planificar con margen, y con el embalse por encima del 80%, las dotaciones permiten mantener cultivos como el olivar sin estrés hídrico. Esto aporta estabilidad a miles de explotaciones en plena campaña.

La subida también repercute en la producción energética. La presa dispone de capacidad hidroeléctrica y el mayor nivel de agua incrementa la eficiencia de las turbinas, lo que facilita una generación más constante en momentos de alta demanda.

A nivel local, el cambio ya es visible. Municipios como Iznájar, Rute o Cuevas de San Marcos recuperan actividad vinculada al embalse. Las zonas de baño, la navegación y los deportes acuáticos vuelven a atraer visitantes tras varios años marcados por el retroceso del agua.

Aun así, los gestores no se relajan ante este escenario, porque un embalse alto obliga a planificar. Si las lluvias continúan, los técnicos pueden iniciar desembalses controlados para garantizar la seguridad río abajo. El objetivo es mantener margen suficiente ante posibles episodios de lluvias intensas.