Naturaleza
Fast Fashion

Crece la preocupación entre los científicos por el impacto de la ropa usada en el desierto más seco de la Tierra

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El panorama en el norte de Chile es desolador, ya que la arena tuvo que ceder su lugar a montañas de ropa. El desierto de Atacama vive una crisis sin precedentes  para los científicos y expertos debido al impacto ambiental que genera el descarte masivo de ropa usada. Esta acumulación de residuos refleja el lado más oscuro de la industria del fast fashion y el consumo desenfrenado a nivel global.

La situación actual en regiones como Tarapacá evidencia una gestión deficiente de las importaciones textiles, donde gran parte de lo que llega no tiene salida comercial. Se trata de una contaminación persistente que afecta ecosistemas. A medida que las prendas se degradan bajo el sol del desierto, liberan sustancias que comprometen la salud del entorno y de las comunidades que habitan cerca de estos vertederos improvisados.

Ya no hay más desierto: ahora solo hay pilas de ropa usada en Atacama

La magnitud del desastre en el norte de Chile alcanza cifras que marean a cualquiera, ya que en 2020 entraron unas 59.000 toneladas de prendas, de las cuales casi 39.000 toneladas terminaron siendo residuo puro y duro. Según datos de la Universidad de Chile, este volumen de basura textil es tan inmenso que permitiría dar dos vueltas completas al planeta.

Los científicos advierten que la huella ecológica de cada prenda es devastadora. El problema radica en que el 73 % de la vestimenta post-consumo acaba en la basura y menos del 1 % logra reciclarse. En el desierto, estas piezas de fast fashion, de marcas como Shein o Temu, no se biodegradan fácilmente debido a su composición sintética.

La contaminación resultante es química y física, ya que la descomposición de materiales como el poliéster libera microplásticos. Estas partículas microscópicas no se quedan quietas, sino que viajan por la cadena alimentaria, pudiendo afectar incluso a los seres humanos tras ser ingeridas por fauna marina o filtrarse en suelos agrícolas a través de lodos de depuradora.

Vertederos de ropa y el papel del ‘fast fashion’ en Chile

Chile se ha convertido en el principal receptor de ropa de segunda mano en Latinoamérica, pero este número tiene un coste ambiental altísimo. Organizaciones como Desierto Vestido, nacida en el seno de la Universidad de Chile, denuncian que el territorio se está sacrificando para importar la «basura» de naciones más ricas.

La industria del retail nacional, que lidera la región, alimenta un mercado de ropa usada que crece sin control y sin una normativa estatal que obligue a los importadores a hacerse cargo de los desechos que generan. Expertos citados por el medio SINC subrayan que un tercio de los microplásticos de los océanos proviene del lavado de ropa sintética.

Sin embargo, en Atacama, el riesgo se multiplica cuando estos cerros de ropa se queman de forma ilegal. Esta práctica emite gases tóxicos y partículas que dañan la calidad del aire, lo que causa enfermedades respiratorias en poblaciones vulnerables como las de Alto Hospicio. La falta de regulación sobre el residuo textil en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) en Chile ha dejado un vacío legal que las comunidades locales pagan con su salud y su entorno.

¿Por qué no puede reutilizarse la ropa que dejan en el desierto de Atacama?

A menudo surge la duda de por qué no se reparte este material entre quienes lo necesitan, pero esto no puede suceder, ya que estas prendas son peligrosas. Gran parte de lo que llega en los fardos importados desde China o Estados Unidos es ropa que ya está rota, manchada o en condiciones higiénicas deplorables.

Según informes de Borgen Project, estos textiles de baja calidad y rápida obsolescencia suelen estar cargados de químicos peligrosos y tintes sintéticos que, tras estar expuestos al sol, se vuelven aún más inestables. La situación del desierto de Atacama no se soluciona con donar a la caridad, sino al gestionar correctamente residuos tóxicos.

Además, la normativa sanitaria prohíbe la distribución de prendas que no garanticen la ausencia de patógenos.