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Los científicos lo tienen claro: la plaga de carabelas portuguesas inunda el mar Cantábrico en verano, pero cada año va a llegar antes

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La carabela portuguesa llega cada año antes al mar Cantábrico y los científicos ya no hablan de una excepción, sino de una tendencia consolidada. El biólogo Gerardo García Castrillo, antiguo director del Museo Marítimo del Cantábrico en Santander, confirma a la agencia EFE que el fenómeno «está yendo a más» y que la especie entra ahora en el Golfo de Vizcaya varias semanas antes de lo habitual.

Hasta hace pocos años, la carabela portuguesa aparecía en las playas cántabras y vascas a finales de agosto o en septiembre. García Castrillo señala que ese calendario ya no se cumple y que los ejemplares se ven en el litoral desde semanas antes, con un aumento simultáneo en el número de avistamientos respecto a las temporadas anteriores.

Por qué la carabela portuguesa llega antes cada año al Cantábrico

García Castrillo atribuye el adelanto a una combinación de factores que actúan de forma simultánea. «Se desencadena todo en paralelo. Entre que estamos viendo ya cambios climáticos, más la temperatura del agua, que está altísima este verano, se ocasiona que las masas de agua donde habita la carabela portuguesa se desplacen y entren en el Golfo de Vizcaya», explica el biólogo.

El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y otros centros de investigación marina vinculan este desplazamiento al movimiento hacia el norte del anticiclón de las Azores, que intensifica los vientos capaces de arrastrar el flotador gelatinoso del animal hacia la costa española.

García Castrillo añade que este año los afloramientos de aguas frías, que normalmente frenan la llegada de especies cálidas, «han sido muy, muy débiles», un factor que ha facilitado el avance temprano de la especie.

La carabela portuguesa carece de capacidad natatoria propia. El neumatóforo, la bolsa llena de gas que sobresale del agua, funciona como una vela que la desplaza según marquen el viento, la marea y las corrientes. García Castrillo resume esa dependencia total del entorno: «Ésa es su forma de desplazarse». Si las corrientes cálidas cambian de fecha y de ruta, el animal llega con ellas.

Así puede influir el adelanto de la carabela portuguesa en el Cantábrico

El adelanto de la carabela portuguesa funciona como un indicador directo del calentamiento del Cantábrico. García Castrillo lo interpreta como la prueba física de que las corrientes atlánticas cálidas avanzan hacia el norte más rápido de lo previsto, y advierte de que la tendencia acabará provocando cambios en la fauna local y, a largo plazo, en las comunidades marinas de la zona.

El calendario adelantado también afecta a la cadena alimentaria. La carabela portuguesa llega ahora en la época en que numerosas especies de peces del Cantábrico ponen sus huevos y crían a sus larvas, y su dieta de macroplancton compite directamente con la de esas crías por el mismo alimento. El desajuste puede reducir las poblaciones de peces autóctonos antes de que alcancen su desarrollo.

El cambio de rutas y fechas repercute además en los depredadores naturales de la carabela portuguesa, como la tortuga boba o el pez luna, que dependen de encontrarla en un momento y una zona determinados de su migración. Si el animal se adelanta, estos depredadores pierden parte de su fuente habitual de alimento en alta mar.

Cómo es la carabela portuguesa y por qué su picadura es peligrosa

La carabela portuguesa (Physalia physalis) no es una medusa, sino un organismo colonial formado por individuos especializados que funcionan como un único ser vivo. El neumatóforo, de color azul violáceo, mide entre 15 y 30 centímetros y sobresale del agua como una vela. De él cuelgan tentáculos que en su hábitat natural pueden superar los 30 metros de longitud, cargados de células urticantes que se disparan al contacto.

El veneno de la carabela portuguesa es neurotóxico, citotóxico y cardiotóxico. Una picadura provoca un dolor intenso e inmediato, y puede causar mareos, fiebre o vómitos. Los tentáculos mantienen su capacidad de inyectar veneno incluso varios días después de que el animal muera en la arena, por lo que ningún ejemplar varado debe tocarse, ni vivo ni muerto.