El rival invisible al que se enfrenta España ante Uruguay: «El cerebro se cansa y cuesta tomar decisiones»
La Roja se enfrentará a La Celeste en Guadalajara, México, a 1.570 metros sobre el nivel del mar
Enrique Cadete, futbolista español que jugó tres temporadas en México, explica en OKDIARIO cómo es jugar en dicha altitud
«Nací entre las montañas. La altura no me da miedo». La frase preside la tribuna del estadio Hernando Siles de La Paz, donde Messi cortocircuitó en tantas ocasiones. Sufrió fatiga severa, falta de oxígeno y vómitos como consecuencia de los 3.600 metros sobre el nivel del mar donde se ubica el terreno de juego. Es imposible jugar. Haces un sprint y no te puedes recuperar», maldecía el argentino. El villano de Messi aquel día, en el que Argentina cayó 6-1 contra Bolivia, es el mismo al que se enfrenta España esta madrugada en Guadalajara, México. La altitud.
El estadio Akron, rebautizado por la FIFA como Estadio Guadalajara durante el Mundial porque no se admiten nombres comerciales, se encuentra a unos 1.570 metros sobre el nivel del mar. No es una cifra dramática, pero sí suficiente como para modificar la hoja de ruta. «Se necesitan días para adaptarte a la altura y sentirte preparado. Aunque es algo muy individual, depende de cómo lo gestione cada persona», explica Enrique Cadete a OKDIARIO.
El defensa, que actualmente milita en el Guadalajara manchego, se batió durante tres temporadas en las alturas mexicanas defendiendo al Atlético de San Luis y Querétaro. «Es una sensación de agobio, como si no te entrara el aire y no respiraras normal. La diferencia se nota cuando haces un sprint. En condiciones normales se pueden repetir los esfuerzos, pero a más altura más complicado es. Te quedas más aletargado. El cerebro se cansa más y le cuesta más tomar decisiones porque cada vez estás más cansado», detalla Cadete.
España aterrizó en Guadalajara, a 1.570 metros sobre el nivel del mar, proveniente de Tennessee, donde estableció su campamento base a 206 metros de altitud. Modificación drástica. También para Uruguay, todo hay que decirlo, que se posa en la ciudad mexicana procedente de Playa del Carmen, al nivel del mar. La presión será igualitaria, aunque España cuenta con el curso avanzado que aprobó hace semanas contra Perú, en Puebla, a más de 2.000 metros de altitud.
«En el calentamiento sí que se notaba la altura. Al principio tenía un poco más de asfixia», dijo Pedri. Los especialistas recomiendan alrededor de dos semanas para adaptarse, ventana que un Mundial, con las fechas tan marcadas, no ofrece. España optará por una aclimatación exprés. Llegar, jugar e irse. La misma hoja de ruta siguió Cadete durante su Erasmus mexicano. «Nos decía que incluso viajar en el día o el día de antes para que el cuerpo detecte la altura», cuenta durante su conversación con este periódico.
El seguimiento a los futbolistas es individualizado por parte de la Selección. Medirán la hidratación y suplementación durante el partido en funció de las necesidades de cada jugador. «Se buscan soluciones en cualquier detalle», asevera Cadete. En este Mundial de mases. Más selecciones, más sedes, más semanas, más distancias, más calor, más normas… Más, más, más y más. España tendrá que seguir la norma. Más descanso, más hidratación, más suplementación (glucógeno, glucosa, magnesio…) y más recuperación para seguir de avión en avión. Claro que la mejor medicación es ganar. Con una victoria todo se siente menos.