La reflexión de un educador canino que hace estallar a los dueños de perros: «Hemos pasado de pegar perros a que sean más importantes que los niños»
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En España ya hay más perros que niños. No se trata de una opinión ni de una crítica, sino de una realidad respaldada por datos oficiales. Un informe publicado por el Gobierno confirma que actualmente hay más perros que niños de 12 años o menos. Según el adelanto de la primera estadística nacional de protección animal, difundido por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, en los hogares españoles viven alrededor de 7,5 millones de perros, frente a los cinco millones de niños y niñas de 12 años o menos.
Esta diferencia podría seguir ampliándose en los próximos años, ya que, mientras la natalidad mantiene una tendencia descendente, el número de animales de compañía ha aumentado de forma considerable. En los últimos cinco años, su presencia en los hogares se ha incrementado un 14%, superando ya los 15 millones de mascotas. Los perros representan aproximadamente la mitad de los animales de compañía de los hogares españoles. En 2025 se contabilizaron 7.562.893 perros registrados, mientras que los gatos ocupaban el segundo puesto, con un 37% del total y 5.619.967 ejemplares. El resto corresponde a animales como conejos, tortugas, aves y diferentes tipos de reptiles.
«Donde descansa el humano, no descansa el perro»
El educador canino Víctor Mañero se muestra contundente al hablar sobre la relación actual entre las personas y sus mascotas en un extracto de su entrevista en el pódcast «López and López»: «Hemos pasado de pegar perros a que sean más importantes que los niños. A tu niño le compras comida en el Carrefour y en tu perro te gastas 70 pavos en un pienso, que en realidad estás pagando más marca que calidad de comida».
Durante la conversación, explica algunas de las conductas que, bajo su punto de vista, los propietarios deberían evitar : «No se saluda a los perros a la entrada, no se duerme con los perros, no se les da comida en la mesa, no se despide uno de ellos. Yo cuando me voy de casa, a la perra la dejo encerrada en la jaula y me voy. ¿Por qué? Tiene que descansar. Un perro, para que esté tranquilo, necesita dormir entre 12 y 14 horas al día».
Otro de los aspectos que destaca es el tipo de juguetes que reciben las mascotas. Según el experto, algunos productos aparentemente divertidos pueden terminar generando más tensión que entretenimiento: «Nos vamos a tiendas de animales y juguetes con pito, con cascabel… Si un perro tiene la audición muy desarrollada y está mordiendo algo y le está pitando, le va a causar estrés. Dale un mordedor de plástico moldeable, que pueda reducir estrés por masticación. Y si encima dentro le metes salchichas, comida o paté, muchísimo mejor».
Asimismo, insiste en la importancia de que el perro disponga de un espacio propio para descansar. Su recomendación se resume en una idea muy concreta: «Donde descansa el humano, no descansa el perro. El perro tiene su cama y yo tengo mi cama. Y si no, cuando tu perro se revuelque en barro o en una mierda de vaca, métetelo en la cama y luego me cuentas».
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En la misma línea, el etólogo y profesional canino Luis Felipe Guevara advierte de que la humanización de los perros no se limita a ponerles ropa, llevarlos en cochecitos o llamarlos “perrhijos”. El problema surge cuando pasan a convertirse en «un sustituto emocional de las relaciones humanas» y sus necesidades naturales quedan relegadas a un segundo plano.
Esta forma de relacionarse con las mascotas también puede provocar que sus comportamientos se interpreten desde una perspectiva exclusivamente humana. Mientras no genere molestias, se considera que el perro «se porta bien»; cuando hace algo que incomoda, se concluye que «se porta mal», aunque detrás de esa conducta pueda existir una necesidad biológica, falta de ejercicio, socialización o estímulos adecuados.
La falta de límites y educación constituye otro de los riesgos. Algunos dueños consideran que adiestrar a un perro conlleva impedirle expresarse de manera natural, pero Guevara defiende «todo lo contrario». Un animal educado puede «disfrutar de mayor libertad, hacer ejercicio y relacionarse mejor con otros animales y personas», además de reducir las posibilidades de desarrollar un comportamiento «reactivo».
Aunque la tendencia a humanizar a los animales existía mucho antes de la aparición de Internet, Guevara considera que las redes sociales han ayudado a reforzar determinadas ideas equivocadas. Algunos vídeos muestran a los perros como si tuvieran una capacidad de razonamiento similar a la humana o les atribuyen habilidades que en realidad son fruto del entrenamiento, como utilizar botones para comunicarse o encender determinados aparatos. «La gente termina creyendo que va a tener esa comunicación con el perro y esa conciencia profunda, pero no es algo real», concluye el etólogo.
Finalmente, cabe señalar que un estudio realizado por la empresa Cheerz señala que el 45 % de los propietarios considera a su mascota «como un hijo», mientras que otro 45 % la percibe «como un miembro más de la familia».