Madrid
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Si sabes lo que significa esta expresión y además la utilizas a menudo, eres más madrileño que las barcas del retiro

«Ser más chulo que un ocho» o «Se armó la marimorena» son expresiones que se utilizan en toda España y que de hecho, ni tan siquiera las analizamos en busca de su significado sino que sabemos el contexto  en el que siempre se utilizan. Sin embargo, expresiones como estas, y otras muchas, nacen en realidad en Madrid, y en concreto hay una que es de lo más castiza y que seguro que habrás oído en alguna ocasión, aunque no todo el mundo conoce su curiosa historia. De hecho sólo los que saben lo que significa, y la usan a menudo, pueden decir que son más madrileños que un bocata de calamares o que una barca del Retiro.

Hablamos de «Parece la casa de Tócame Roque», una frase que seguro que has usado en más de una ocasión, cuando quieres hablar de desorden en una casa , o también cuando de repente parece imposible que todo el mundo se ponga de acuerdo. Lo curioso es que ese «Tócame Roque» parece algo inventado aunque lo cierto es que se trata de un personaje que existió en Madrid hace más de dos siglos. En concreto, tenemos que irnos hasta una corrala situada al final de la calle del Barquillo, en el actual barrio de Justicia, que llegó a albergar a decenas de familias y cuya fama trascendió las paredes del propio edificio. Riñas, ruido, herrerías y hasta una disputa por una herencia forman parte de una historia en la que realidad y leyenda acabaron mezclándose. La casa desapareció, pero su nombre sobrevivió hasta nuestros días y terminó convertido en una de las expresiones más castizas de Madrid.

Si sabes lo que significa esta expresión eres más madrileño que las barcas del retiro

Decir que un lugar «parece la casa de Tócame Roque» significa que en él reinan el desorden, o también las discusiones. Pero para entender por qué se dice eso y por qué tiene ese significado, hay que remontarse a la vivienda que dio origen al dicho. Se trataba de una popular corrala madrileña situada al final de la calle del Barquillo, cerca de su encuentro con la calle de Belén. Según las crónicas que han llegado hasta nuestros días, llegó a estar habitada por 72 familias y en sus bajos funcionaban varias herrerías en las que trabajaban decenas de oficiales de fragua.

El peculiar nombre de la casa tiene además su propia historia. Según la tradición, dos hermanos llamados Juan y Roque se disputaban la propiedad del inmueble después de recibir una herencia cuyo testamento no habría dejado suficientemente claro a cuál de ellos correspondía. De este modo, uno defendía que la casa le «tocaba» a él mientras el otro reclamaba exactamente lo mismo. El continuo intercambio de «tócame a mí» habría terminado derivando en el nombre con el que los madrileños comenzaron a conocer el inmueble: la Casa de Tócame Roque.

La historia de los hermanos forma parte de la leyenda que ha acompañado durante siglos al edificio, por lo que resulta difícil separar por completo los hechos documentados de los detalles que fue incorporando la tradición popular. Sin embargo, el nombre cuajó y terminó asociado inevitablemente al ambiente bullicioso de aquella corrala. Con el tiempo, decir que un lugar era «como la casa de Tócame Roque» dejó de necesitar mayores explicaciones. Bastaba pronunciarlo para transmitir la idea de una casa llena de gente, ruido, discusiones y alboroto.

La Casa de Tócame Roque llegó al teatro y la literatura

La fama de aquella vivienda fue mucho más allá del barrio. Ramón de la Cruz recogió el asunto en un sainete publicado en 1791 bajo el título La Petra y la Juana, o El Casero Prudente, o La Casa de Tócame Roque. Décadas después, Ramón Ortega y Frías volvió a utilizarla en La Casa de Tócame Roque, o Un Crimen Misterioso, publicada en 1877.

También aparece en la literatura de Benito Pérez Galdós, que hizo referencia a este tipo de vivienda en Napoleón en Chamartín, perteneciente a sus Episodios Nacionales. Emilia Pardo Bazán recurrió igualmente a la expresión en La Tribuna para comparar el complicado estado de España tras la abdicación de Amadeo I con la célebre casa madrileña.

La vivienda terminó desapareciendo en el siglo XIX. Los problemas relacionados con los alquileres llevaron a solicitar su derribo hacia 1850 y el proceso de desalojo tampoco estuvo exento de conflictos. Los vecinos ofrecieron resistencia y los trámites se prolongaron durante meses. El edificio acabó cayendo, pero para entonces su nombre ya había conseguido algo bastante más duradero: formar parte del lenguaje popular. Más de un siglo después, los madrileños siguen recurriendo a Tócame Roque cada vez que el caos se apodera de una casa.

Otras expresiones castizas de Madrid y qué significan

La Casa de Tócame Roque no es el único recuerdo del antiguo Madrid sino que existen otras expresiones muy conocidas vinculadas a la capital: