Madrid estuvo bajo el mar hace 460 millones de años según un nuevo hallazgo histórico
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Madrid es la capital de España y una de sus mejores y más grandes ciudades, pero también se conoce por no tener mar, lo que obliga a los madrileños a tener que buscar playas cercanas cada verano. Sin embargo, si pudiéramos
retroceder cientos de millones de años, no encontraríamos en Madrid ni rastro de tierra firme sino que en su lugar lo que habría sería agua, formando parte de un mar en el que vivían organismos que hoy sólo conocemos por lo que han dejado atrás.
Esto no es una teoría nueva, pero ahora se ha podido concretar mejor. Un grupo de investigadores ha encontrado en la Sierra Norte restos que apuntan directamente a ese pasado marino, y no se trata de cualquier cosa. Son fósiles muy antiguos, más de lo que se había visto hasta ahora en la región. El dato no es menor porque en Madrid no es habitual dar con este tipo de restos. El terreno no lo pone fácil y, durante años, parecía que apenas había pistas claras, por eso este hallazgo ha llamado bastante la atención dentro del ámbito científico.
Madrid estuvo bajo el mar hace 460 millones de años según un nuevo hallazgo histórico
Los investigadores, vinculados a la Universidad Complutense de Madrid y al Instituto de Geociencias, han identificado restos de distintos organismos marinos en rocas muy antiguas. Entre ellos hay trilobites, braquiópodos, moluscos y también graptolitos, nombres poco conocidos fuera de este campo pero bastante habituales cuando se habla de vida en los océanos primitivos.
Lo llamativo no es sólo lo que aparece, sino la edad que tienen. Se sitúan en torno a los 460 millones de años, dentro de un periodo en el que gran parte de la península estaba bajo el mar. Eso los convierte en los fósiles corporales más antiguos encontrados hasta ahora en la Comunidad de Madrid, algo que no se esperaba encontrar con tanta claridad en esta zona.
Dónde han salido y por qué no se habían visto antes
Los restos han aparecido en puntos muy concretos, sobre todo en zonas de Patones y El Atazar. No son lugares elegidos al azar ya que allí afloran rocas muy antiguas que normalmente permanecen ocultas bajo capas más recientes. Y aun así, no es fácil dar con ellos. Estas rocas han pasado por procesos bastante agresivos a lo largo de millones de años. Se han deformado, han sufrido cambios por presión y temperatura, y eso suele borrar cualquier rastro de vida que hubiera quedado atrapado. Por eso encontrar fósiles en este tipo de materiales no es lo habitual. De hecho, es bastante raro, y precisamente ahí está parte de la importancia del hallazgo.
Un pasado del que apenas había pistas claras
Hasta ahora, lo poco que se sabía de vida tan antigua en Madrid venía de un descubrimiento del siglo XIX. En 1864, el geólogo Casiano de Prado encontró huellas de artrópodos marinos en Puebla de la Sierra. Pero aquello eran solo indicios ya que no había restos tan completos ni tan antiguos como los que se han identificado ahora. Por ello este nuevo trabajo cambia un poco ese escenario, porque no solo confirma que hubo vida marina en la zona, sino que aporta más detalles sobre cómo era ese entorno.
Cómo era ese «Madrid bajo el agua»
Si se pudiera observar aquel paisaje, lo que veríamos no se parecería en nada a lo actual. En lugar de montañas o ciudades, se encontraría un fondo marino con organismos desplazándose o fijados al sustrato. Los trilobites, por ejemplo, eran animales bastante comunes en aquella época. También lo eran otros invertebrados que vivían filtrando agua o adheridos al fondo. No era un océano espectacular en el sentido que solemos imaginar hoy, pero sí un ecosistema activo, que tenía bastante vida.
Por qué este hallazgo tiene más valor del que parece
Más allá de lo llamativo de pensar que Madrid estaba bajo el mar, lo importante de este estudio es lo que aporta a nivel científico. Este tipo de restos ayuda a entender mejor cómo ha evolucionado el territorio con el paso del tiempo. En este caso, además, permite completar la información que se tenía sobre el Paleozoico en la Sierra Norte de Madrid y zonas cercanas de Guadalajara. No es sólo encontrar fósiles, es poder reconstruir, aunque sea en parte, un escenario que desapareció hace cientos de millones de años.
Este tipo de descubrimientos también deja una idea clara y es que todavía hay mucho por estudiar. Gran parte de estas rocas siguen ocultas bajo materiales más recientes y sólo se pueden ver en puntos muy concretos. Eso limita bastante las posibilidades, pero también abre la puerta a nuevos hallazgos en el futuro. Al final, lo que parece una historia lejana, casi difícil de imaginar, está más cerca de lo que parece. Literalmente bajo nuestros pies.