Mike Pompeo se reúne en Jeddah con Mohammed bin Salman
Washington se vuelca con Oriente Próximo. La Administración Trump ha reaccionado a los ataques sobre las refinerías de Saudi Aramco del pasado fin de semana. El secretario de Estado Mike Pompeo ha viajado hasta Jeddah, blanco de los bombardeos, para reunirse con Mohammed bin Salman, príncipe heredero del trono saudí, para consensuar una respuesta mutua. Se han reunido poco después de la orden de Trump al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, de reforzar las sanciones contra el régimen de los ayatolás.
Irán ha estado en la diana del discurso de Pompeo, que ha utilizado un tono muy duro para referirse a los ataques. Los ha caracterizado como un acto de guerra, un ataque “a una escala que no se ha visto antes”. En su cuenta de Twitter, ha apoyado el derecho de Riad a defenderse. Ha sido bastante directo al referirse al origen de los drones. Siguiendo los indicios aportados por los informes de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, Pompeo ha descartado la implicación directa de las milicias hutíes de Yemen, a las que la Coalición liderada por Arabia Saudí está enfrentada. En su lugar, se ha mostrado partidario de la hipótesis que sitúa el origen del ataque en el sur de Irán.
Riad se ha inclinado por mantener la misma postura que Washington. En el curso del encuentro, Bin Salman ha señalado que los bombardeos tenían como finalidad desestabilizar la seguridad regional y dañar el suministro global de energía. En una conferencia de prensa con altos cargos de la Administración saudí, el coronel Turki al-Malik, portavoz del Ministerio de Defensa, ha desechado la teoría de la responsabilidad de los hutíes, al considerarla una maniobra propagandística de Teherán.
“El ataque fue lanzado desde el norte y fue incuestionablemente auspiciado por Irán”, ha asegurado Al-Malik. Ha prometido igualmente que, una vez que se identifique a los culpables, se les pedirá que asuman sus responsabilidades. Durante la convocatoria, el coronel ha ofrecido algunos detalles técnicos de la operación: en total, fueron lanzados 18 drones, un vehículo aéreo no identificado (UAV, en terminología militar) y siete misiles de crucero con un alcance de 700 kilómetros. Es precisamente este dato el que sustenta la teoría del lanzamiento desde Irán, según Al-Malik.
Como consecuencia de este nuevo episodio en la escalada de tensión entre Arabia Saudí e Irán, el régimen wahabita ha tomado la decisión de unirse la alianza naval diseñada por la Casa Blanca para patrullar el golfo de Adén y los estrechos de Ormuz y Bab-el-Mandeb. Ya se han incorporado a la coalición países como Reino Unido y Australia.
Teherán, sin embargo, no acepta las acusaciones. Hesameddin Ashena, asesor cercano al presidente Hassan Rouhani, ha comentado en Twitter que los saudíes “no saben nada” acerca de la localización de los drones y los misiles. El ministro de Asuntos Exteriores Javad Zarif, a través de la misma red social, ha aconsejado a Estados Unidos que no se deje arrastrar a la guerra por sus “ambiciosos aliados”, en una referencia clara a Arabia Saudí. La Administración iraní ha advertido, asimismo, de que una eventual agresión a su soberanía no quedará sin respuesta.
Los representantes gubernamentales de Irán no han sido los únicos en entrar en el cruce de declaraciones y amenazas. También han respondido a la rueda de prensa de Al-Malik las fuerzas hutíes de Yemen a través de su propio comunicado. Yahia Sarea, uno de sus portavoces, ha reclamado nuevamente la autoría sobre los ataques con drones del fin de semana pasado. Ha amenazado, además, con nuevos bombardeos, esta vez sobre Abu Dhabi y Dubái, en caso de que no cesen los bombardeos de la Coalición, en los que Emiratos Árabes Unidos ha contribuido activamente.
Abu Dhabi es, precisamente, la siguiente parada de Pompeo en su viaje de urgencia a la península arábiga. Poco antes de la llegada del secretario de Estado, el Ejecutivo emiratí, igual que su homólogo de Riad, ha resuelto incorporarse a la coalición naval liderada por Estados Unidos.
A petición del Gobierno saudí, Naciones Unidas ha enviado ya una delegación a Jeddah para estudiar sobre el terreno los acontecimientos y determinar qué ocurrió, al margen de las versiones oficiales. La expedición, cuya partida ha sido anunciada por Antonio Guterres. El secretario general de la ONU ha reiterado que la prioridad es “evitar las condiciones que puedan llevar a una gran confrontación en el Golfo”. Ha mostrado su esperanza de que la inminente apertura de la sesión de la Asamblea General contribuya a desescalar el clima de tirantez que atraviesa la región.
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