Historia
Historia

Ha salvado millones de vidas pero la historia la ha olvidado injustamente: dicen que sus células eran inmortales

Durante décadas, millones de personas se beneficiaron de un avance científico sin saber que detrás de ese logro había una historia silenciada. Las células de una mujer permitieron descubrimientos decisivos en la medicina y, según los investigadores, «eran inmortales». Ella no tuvo reconocimiento.

Esa mujer fue Henrietta Lacks. En 1951, mientras era tratada por cáncer, sus células fueron extraídas sin su consentimiento y dieron origen a la primera línea celular inmortal, conocida como HeLa.

Su caso no solo marcó un antes y un después en la ciencia, sino que también abrió un debate sobre la ética médica, el consentimiento y la explotación en el sistema de salud.

La historia de la mujer detrás de las células inmortales que salvaron millones de vidas

La historia de Henrietta Lacks se remonta a 1920, en Virginia, Estados Unidos, donde nació en una familia dedicada desde generaciones al trabajo agrícola. En 1942 se trasladó a Baltimore junto a su esposo y sus hijos, en busca de las oportunidades laborales en plena Segunda Guerra Mundial.

Para 1951, tenía 31 años, era madre de cinco hijos y vivía en condiciones de pobreza, sin imaginar el giro que daría su vida tras una consulta médica. El 1 de febrero de ese año acudió al hospital Johns Hopkins por dolores abdominales y sangrados inusuales.

Allí, el ginecólogo Howard Jones detectó en su cuello uterino un tumor de características inusuales: de color púrpura y con una notable facilidad para sangrar al contacto.

A pesar de los tratamientos recibidos, Henrietta murió en octubre de 1951 a causa de un cáncer cervical y fue enterrada cerca de su lugar de origen, sin saber que parte de su cuerpo alcanzaría una trascendencia mundial.

¿Qué impacto tuvieron las células de Henrietta en la medicina?

Sin que ella ni su familia lo supieran, durante el tratamiento se extrajeron muestras del tejido canceroso de Henrietta que fueron entregadas al doctor George Gey. El científico llevaba tres décadas intentando cultivar células humanas en laboratorio sin éxito, ya que todas morían rápidamente.

Las células de Henrietta, llamadas HeLa por las iniciales de su nombre, demostraron ser inmortales: se reproducían de manera constante cada 24 horas y nunca dejaban de hacerlo. Estas células revolucionaron la medicina moderna y permitieron hitos como:

Henrietta Lacks: la lucha de su familia por el control y reconocimiento de las células HeLa

La familia Lacks permaneció durante años en la ignorancia total sobre el destino de las células de Henrietta Lacks, hasta que en 1973 un equipo de genetistas se comunicó con ellos para estudiar su ADN.

El encuentro generó confusión y angustia, ya que ni su esposo ni sus hijos comprendían qué significaba que las células de Henrietta siguieran “vivas” ni por qué eran utilizadas y comercializadas sin que la familia obtuviera ningún beneficio.

Después de una larga lucha por el reconocimiento y el respeto de sus derechos, en agosto de 2013 se logró un acuerdo que permitió a la familia tener cierto control sobre el uso del ADN de las células HeLa por parte de los científicos.

Hoy, Henrietta Lacks es reconocida en todo el mundo como una protagonista fundamental de la historia científica, cuyo legado involuntario ha contribuido a salvar millones de vidas.