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Arqueología

Asombro entre los arqueólogos tras confirmar en México el hallazgo de un altar de ofrendas preazteca de al menos 1.000 años de antigüedad

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha confirmado en México el hallazgo de un altar de ofrendas de época tolteca a las afueras de la Zona Arqueológica de Tula, en el estado de Hidalgo. La pieza tiene más de mil años de antigüedad.

El altar, conocido como momoztli en náhuatl, apareció durante los trabajos de salvamento arqueológico previos a la construcción del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro. Junto a la estructura, un equipo de arqueólogos localizó cuatro cráneos humanos y varios huesos largos.

El hallazgo corresponde a la fase Tollan (entre los años 900 y 1150 d.C.), el periodo de apogeo de Tula como capital tolteca. El INAH dio a conocer el descubrimiento en marzo de 2026, tras las primeras labores de excavación en el sitio.

Un altar de ofrendas tolteca de más de mil años en México

El altar mide aproximadamente un metro por lado y se levanta en tres cuerpos bajos, sin escalinatas. Su sistema constructivo arranca con piedra careada. En tres de sus cuatro costados, en el nivel inferior, aparecieron depósitos de huesos largos, probablemente fémures, que acompañaban a los cráneos.

Los cuatro cráneos se distribuían alrededor de la estructura. Uno de ellos, en el arranque del altar, todavía parece unido a la columna vertebral, con sus vértebras cervicales. Otro se orientaba hacia el suroeste, según documentó el INAH.

¿Cómo apareció el altar durante las obras del tren en Hidalgo?

El altar se localizó en el Frente 5, identificado como Sitio 17, a unos 300 metros de la barda perimetral de la zona de monumentos, en un municipio de Hidalgo. El trabajo formó parte del salvamento arqueológico que acompaña la obra del tren de pasajeros entre la capital mexicana y Querétaro.

«En un pozo de sondeo, de un metro cuadrado, detectamos a primera vista un pequeño apisonado, y al extender la excavación encontramos una de las esquinas del altar y los otros vértices», explicó el arqueólogo jefe de campo del Frente 5, Emmanuel Hernández Zapata.

¿Cómo se construyó el altar preazteca de la capital tolteca?

El primer cuerpo del altar tiene una base de cantera de andesita, con bloques de un máximo de diez centímetros en la cara externa. El segundo se resolvió con lajas modulares del mismo material. La parte superior se remató con cantos rodados y basalto, mientras que el nivel inferior conserva un estucado, posiblemente de cal con arena.

Entre los objetos recuperados hay fragmentos de obsidiana, navajillas, un cajete de cerámica de color negro con otro en su interior, punzones de hueso, malacates y material malacológico. La presencia de obsidiana aporta una pista sobre cómo se realizaban los rituales.

«En este caso, aunque los metales ya se trabajaban en el periodo Posclásico, sabemos que aquí las decapitaciones todavía se hacían con cuchillos de obsidiana o de pedernal, y dejaban marcas del corte en los huesos», detalló Víctor Francisco Heredia Guillén, coordinador del proyecto en el INAH.

¿Qué revela el hallazgo sobre la élite tolteca de Tula?

Los muros y pisos localizados alrededor indican que el altar se ubicaba al centro de un patio. Para el INAH, el conjunto pudo pertenecer a un espacio residencial de alto rango dentro de la antigua ciudad.

«Suponemos que fueron o habitaciones o un contexto de élite, o de grupos de jerarquía mayor, restos de palacios que pudieron haber existido en el lugar», señaló el arqueólogo. En los extremos de Tula se asentaban los barrios de las clases altas y medias, mientras que la gente común vivía en las zonas más alejadas del centro.

Los restos óseos se enviaron a un laboratorio de antropología física en el Estado de México para determinar edad, sexo, posibles patologías y si las personas fueron decapitadas. Heredia Guillén advirtió que «hay poca probabilidad de que se encuentren esqueletos completos, porque, quizá, solo se hayan ofrendado esas partes de los individuos».