España
Entrevista

Julio Borges: «Zapatero me amenazó tras negarme a firmar un acuerdo que legitimaba la dictadura de Maduro»

"Zapatero se aprovecha del dolor de los presos políticos venezolanos para lavar su imagen"

El político y abogado venezolano Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional entre 2017 y 2018, ha presentado el libro La crisis espiritual de la democracia: polarización, totalitarismo, relativismo (Sekotia), una obra colectiva que reúne reflexiones de autores de casi una docena de países sobre los peligros que enfrenta el sistema democrático en todo el mundo.

En una entrevista concedida a OKDIARIO, Borges advierte de que «la democracia está en un peligro grave en todas partes del mundo», incluyendo Europa, España y Estados Unidos. El ex dirigente opositor venezolano analiza cómo las democracias actuales enfrentan amenazas internas que las corroen desde dentro, a diferencia de las amenazas externas tradicionales como golpes de Estado o revoluciones.

Caso español: paralelismos con Venezuela

Borges establece paralelismos inquietantes entre la Venezuela que dio paso a Hugo Chávez y la España actual: «Una cosa que me pareció muy gráfica es esa especie de divorcio de las élites del país con los problemas del país». El político venezolano señala que cuando las élites intelectuales, políticas y económicas se desconectan de la realidad de las mayorías, y se instala una dinámica antipolítica generalizada, la democracia queda vulnerable.

25 años golpeando un muro de hormigón

El ex dirigente opositor hace un balance de la lucha democrática en Venezuela: «El pueblo venezolano ha hecho en 25 años de todo. Ha votado, ha marchado, ha firmado, ha protestado, ha muerto por su país, se ha ido de su país, se ha sacrificado, ha ido preso». Sin embargo, siempre encontraron un obstáculo final: las Fuerzas Armadas venezolanas, «totalmente tomadas por Cuba, por Irán, por Rusia y compradas con el dinero de la droga».

Borges revela un dato escalofriante sobre la captura de Maduro el 3 de enero: «Cuando capturan a Maduro, 32 personas de su guardia personal murieron y eran cubanos», lo que evidencia el nivel de control que La Habana ejercía sobre el régimen chavista.

El político venezolano denuncia la paradoja de ver a un país «riquísimo, potente, grande, durmiendo todos los días sobre un mar de petróleo» entregando ese tesoro «a una isla moribunda, siniestra, llevada a cabo por unos delincuentes comunistas». Cuba llegó incluso a ser exportadora de petróleo sin producir ni una gota, gracias al suministro diario venezolano.

Zapatero: «Un fraude» y «cómplice»

Uno de los pasajes más contundentes de la entrevista se centra en la figura de José Luis Rodríguez Zapatero, a quien Borges acusa directamente de ser «cómplice» del régimen de Maduro. «No sé si la opinión pública española está consciente del fraude que es esto», afirma tajante.

Borges denuncia que el ex presidente español estuvo presente como observador en las elecciones del 28 de julio de 2024, que «se ganó por el pueblo venezolano que votó 70 contra 30 a una dictadura que podía matarte y que encarceló a 3.000 personas en cuestión de horas. Y él no dijo nada».

El ex dirigente venezolano acusa a Zapatero de «instrumentalizar el dolor» de los presos políticos: «Se termina instrumentalizando el dolor. Y eso es realmente criminal». Explica que tras la captura de Maduro el 3 de enero, cuando comenzaron algunas liberaciones parciales de presos por presión estadounidense, Jorge Rodríguez agradeció públicamente a Zapatero por esas liberaciones, cuando «era obvio que Zapatero no tuvo nada que ver con eso».

Una experiencia personal demoledora

Borges relata su experiencia personal con el expresidente español cuando era presidente del Parlamento venezolano: «Él era mediador y teníamos elecciones presidenciales. Dijo que había una meta clara: proteger a los partidos políticos de oposición, que no hubiera candidatos inhabilitados y que hubiera condiciones electorales para competir».

El resultado fue el opuesto: «Terminó el proceso y teníamos todos los partidos ilegalizados, los candidatos inhabilitados y condiciones electorales peor que la última elección». Cuando Borges se negó a firmar ese acuerdo que consideraba un suicidio, la reacción de Zapatero fue sumarse a la presión para obligarle a firmar.

«Por esa amenaza de Zapatero y de los Rodríguez es que el exilio se lo debo a él», confiesa Borges, quien perdió su casa familiar, confiscada por el régimen, y tiene cinco órdenes de captura vigentes en Venezuela. «Este señor que era el mediador se puso del lado de los opresores para obligarme por las malas a firmar algo que hubiera sido la rendición de la lucha democrática».

Los negocios turbios

Sobre los posibles intereses económicos de Zapatero en Venezuela, Borges es claro: «Todo eso está registrado». Explica que en el periodo de Maduro, cada barco de petróleo se asignaba a distintas empresas «como un botín» con diferentes «tajadas».

«Es muy claro que gente alrededor del entorno de toda esta trama de corrupción que explotó aquí en España, vinculada también a Zapatero… el mismo señor Aldama lo ha dicho», señala Borges, refiriéndose a las declaraciones del empresario sobre un cupón de 120 millones de dólares de petróleo venezolano.

El ex dirigente venezolano explica el mecanismo: «Se privatizó eso. Como todo era mercado negro, yo te doy un cupón de PDVSA y tú te vas a PDVSA y te traes un buque de petróleo. Lo vendes en mercado negro». En ese reparto se beneficiaron personas metidas en las tramas de corrupción, incluyendo a Aldama.

La democracia como jardín

En su libro, Borges desarrolla la idea de que «la democracia es como un jardín que hay que cuidar todos los días». Cita a C.S. Lewis, autor de «Las Crónicas de Narnia»: «Yo creo en la democracia, no porque los hombres sean ángeles, sino porque los hombres son malos, porque son demonios y necesitamos un sistema que permita salir del poder cuando estas personas llegan al poder».

El político venezolano advierte de la diferencia crucial entre ser ciudadano y ser votante: «Un ciudadano debería ser más que alguien que vota. Debería ser alguien que tiene un involucramiento, un compromiso y una responsabilidad con el otro y con el colectivo».

Borges concluye con una reflexión que debería hacer temblar a las democracias occidentales: «Si nosotros nos convertimos en dueños de la democracia, vamos a tener una democracia gobernante. Si el Estado se convierte en el dueño de nuestra libertad, vamos a tener una democracia gobernada. Ese es el dilema de fondo que tenemos hoy en el mundo».