`
Economía
Amancio Ortega

La reflexión de Amancio Ortega (90 años) sobre su vida: «No tenía tiempo para estudiar porque trabajaba las 24 horas del día»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Amancio Ortega, a sus 90 años, es una de las personas más ricas del mundo. El fundador de Inditex ocupa la décima posición en la lista de multimillonarios en tiempo real de Forbes, con una fortuna estimada en unos 149.000 millones de dólares. En 1990, la periodista Covadonga O’Shea viajó hasta Arteixo para conocer personalmente al hombre que estaba detrás de Inditex, que crecía a un ritmo vertiginoso. La primera tienda abrió sus puertas en La Coruña en 1975 y, en apenas unos años, Zara consiguió expandirse por toda España. Después llegaron nuevos mercados como Portugal, Nueva York y París.

La entonces directora de Telva llegó a la sede de Inditex sin imaginar que aquel encuentro marcaría el inicio de una relación profesional que se mantendría durante muchos años. En Arteixo no se encontró con un empresario obsesionado con hablar de sus cifras, sino con «un hombre sencillo, visionario y con un enorme sentido práctico, quizás por sus orígenes y trayectoria nada fácil». Esa forma de entender los negocios no surgió en un despacho, sino que Amancio aprendió el oficio desde abajo. Nació en 1936 en Busdongo de Arbas, León, en el seno de una familia humilde. Su padre era ferroviario y las circunstancias laborales hicieron que la familia se trasladara primero a Tolosa, en Guipúzcoa y, posteriormente, a Galicia.

«No tenía tiempo para estudiar porque trabajaba las 24 horas del día»

A los 14 años abandonó los estudios y empezó a trabajar como recadero en la Camisería Gala de A Coruña. Más tarde se incorporó a La Maja, otro comercio del sector textil donde continuó adquiriendo conocimientos sobre tejidos, confección y venta. Fue allí donde también conoció a Rosalía Mera, quien acabaría convirtiéndose en su primera mujer.

«No tenía tiempo para estudiar porque trabajaba las 24 horas del día», declaró Amancio Ortega en conversación con la periodista Covadonga O’Shea. La frase resume dos aspectos fundamentales de su trayectoria: una dedicación absoluta al trabajo y una formación académica que quedó sin completar.

El fundador de Inditex se incorporó al sector textil siendo todavía muy joven, cuando apenas era un adolescente. O’Shea lo conoció durante la década de los 90 y comenzó entonces a elaborar un retrato personal que, con el tiempo, acabaría dando lugar al libro «Así es Amancio Ortega, el hombre que creó Zara». Según distintas reconstrucciones de sus primeros años, empezó a trabajar entre los 13 y 14 años en varios comercios textiles de La Coruña. Sus primeros empleos estuvieron vinculados al reparto y, posteriormente, pasó por establecimientos como Gala y La Maja.

Sus palabras reflejan que incluso una persona que ha alcanzado un éxito empresarial extraordinario puede echar la vista atrás y reconocer el valor de una herramienta que no tuvo. La trayectoria de Ortega no convierte la falta de estudios en un ejemplo que se pueda aplicar a todo el mundo, sino que forma parte de una historia personal excepcional, marcada por la necesidad, la capacidad de observar y una disciplina poco habitual.

Esta educación basada en el esfuerzo, la responsabilidad y la discreción ha sido considerada en numerosas ocasiones como uno de los pilares de su manera de entender tanto la vida como los negocios. Al echar la vista atrás, resulta más fácil comprender cómo aquellos valores adquiridos desde su infancia pudieron influir en el camino que llevó al fundador de Inditex hasta lo más alto.

Reflexiones de Amancio Ortega

«Lo peor es la autocomplacencia. En esta compañía nunca nos hemos confiado. Yo nunca me quedaba contento con lo que hacía y siempre he tratado de inculcar esto mismo a todos los que me rodean. El optimismo es negativo. Las cosas son fáciles, rebuscamos demasiado. Hablar tanto es negativo… Hay que poner diariamente la organización boca abajo. Y hay que inventarse de vez en cuando una suspensión de pagos. El éxito nunca está garantizado».

«Si no hay crecimiento, una compañía se muere. Una empresa tiene que estar viva por la gente que tiene. El crecimiento, de fábricas, centros de distribución, tiendas, … es un mecanismo de supervivencia. Sin esa capacidad extra de activos no existe la flexibilidad. Los resultados no son tan importantes, nunca los miro. Si acaso, al cabo de tres o cuatro meses, Pablo (Isla, el consejero delegado), me los enseña. Lo que hacemos es innovar y no mirar los resultados. Si he ganado tanto dinero ha sido porque mi objetivo no ha sido nunca ganar dinero».

«Mi universidad es mi profesión. Fui dependiente a los 13 años. Mi trabajo es a dedicación plena. Lo que la empresa necesita se lo damos todos los días. Mi prioridad permanente es la compañía. Lo mío es vocación empresarial. El empresario de antes no me gustaba. Yo quería ser un empresario diferente. Quería cambiar socialmente el mundo del empresario. En estos momentos es cuando veo mis carencias. Al hablar de mi trayectoria se repite mil veces que empecé a trabajar a los 13 años. Es verdad, pero no se añade que, como no podía hacerlo todo, no estudié lo suficiente. Ahora lo echo en falta».