Los minoritarios de Pescanova denuncian un complot para que «los buitres» se queden con su dinero
Los accionistas minoritarios de la ‘Vieja’ Pescanova no entienden la razón por la que las acciones de la compañía se están disparando en el Mercado Continuo. Y tampoco entienden, declara el portavoz Lorenzo Ramet, la razón por la que la CNMV deja cotizar a «una compañía que no tiene las cuentas auditadas» y defiende que existe «un movimiento orquestado» para que los «buitres y ladrones» se queden con su dinero.
Los minoritarios de la ‘Vieja’ Pescanova no encuentran explicación al fuerte rebote del valor en el mercado. Lorenzo Ramet, portavoz de los accionistas, asegura que se sienten “indefensos, no sabemos por qué está subiendo tanto en Bolsa”.
Señala, además, que la compañía debería trasladar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el movimiento de capital que ha habido y la salida de los accionistas de referencia en la ‘Vieja’ Pescanova. Tampoco entienden que el órgano regulador haya permitido a la empresa volver al parqué si las “cuentas no están auditadas. ¿Antes no podía cotizar y ahora sí?”, se pregunta Ramet.
Ayer mismo la ‘Vieja’ compañía informaba al órgano supervisor que retrasaba la Junta General de Accionistas al mes de julio porque ‘Nueva’ Pescanova no les había hecho llegar las cuentas auditadas del ejercicio de 2016 a pesar de haberlas “pedido de manera reiterada”.
Masaveu y el fondo Broadbill salen del accionariado
La semana pasada, justo un día más tarde de su reestreno en Bolsa, Carolina Masaveu, una de las más adineradas de Asturias, vendió el 7,1% que tenía de Pescanova y se embolsó más de 800.000 euros. La venta se realizó concretamente a un precio de aproximadamente 40 céntimos por título.
Masaveu entró en Pescanova en agosto de 2013 con un 3,7% y elevó más tarde en 2014 su participación hasta el 7,1% a través de la sociedad Crisgadini. Compró las acciones por 5.200 euros en su momento más bajo de cotización y las ha colocado con gran éxito.
La inversora asturiana figuraba como la tercera accionista de referencia de la firma, por detrás del fondo de inversión Broadbill (11,5 %) y del ex presidente de la firma, Manuel Fernández de Sousa (7,5 %), según los registros de la CNMV.
Según fuentes del mercado, Broadbill también se habría deshecho de una parte del 11,5% de sus acciones vendiendo los títulos a un precio sensiblemente más alto. Una cesta de la compra perfecta.
Ramet exige a Pescanova la comunicación a todos los accionistas del movimiento del capital dentro del valor y recuerda al consejo de administración que “si ha habido cambio de accionariado de más de un 3% debe informar a través de un Hecho Relevante a la CNMV”, concluye.
Los conceptos de «estafa» y «engaño» son usadas de manera usual por los accionistas minoritarios de Pescanova y esperan que la Justicia depure responsabilidades. “Es un movimiento orquestado por todos para quedarse con nuestro dinero”, concluyen los minoritarios.
Es más, piden al consejo de administración que cumpla con “lo prometido y presenten dos denuncias pendientes contra ‘Nueva’ Pescanova por supuesta ilegalidad del ‘crédito súper senior’ y la ampliación de capital que ha diluido al 1,7% el porcentaje de la vieja empresa en la nueva”. La firma obtuvo en 2014 un préstamo de los bancos accionistas de 150 millones de euros, una financiación que permitió anular dicho ‘súper senior’.
Ramet asegura que el pasado 24 de mayo la compañía les dijo que las denuncias serían “inminentes”, pero aún no ha pasado y desde el consejo “no contestan a nuestras preguntas”.
Creen, además, que estas denuncias empujarían las acciones de Pescanova en el mercado “una situación que favorecería a las 9.000 familias a las que les robaron su empresa”. Los minoritarios no tienen ningún rubor en culpar a los “buitres y ladrones que compraron a un céntimo en el mercado secundario cuando la cotización estaba suspendida y ya se han salido del capital”.
En declaraciones a este periódico, Ramet asegura que ahora mismo “sólo quedan los verdaderos accionistas que fueron abandonados a su suerte por la justicia”.
El portavoz insta al actual consejo de Pescanova a que “de una vez por todas, demuestre que luchan por los intereses de los accionistas minoritarios, y presenten urgentemente esta misma semana, las dos denuncias que el consejo se comprometió en la última junta”.
4 años inmersa en la polémica
El caso se remonta a marzo de 2013, cuando el entonces llamado Grupo Pescanova entró en concurso de acreedores por sorpresa, con un agujero patrimonial que KPMG valoró en 1.667 millones de euros.
No fue hasta septiembre de 2015 cuando se aprobó su reestructuración, que en la práctica dividió en dos el grupo: la parte productiva, controlada por la banca acreedora bajo la denominación ‘Nueva’ Pescanova, y una sociedad de cartera sin actividad, Pescanova, que quedó en manos de los accionistas originales.
El principal activo de esta última era, precisamente, una participación del 20 % en la ‘Nueva’, posición que se ha diluido recientemente hasta el 1,7% como consecuencia de una ampliación de capital.
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