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Kristalina Georgieva, economista y directora del FMI: «La resiliencia está llegando al límite. Tanto el colchón energético como el fiscal se están agotando”

El mundo lleva años sorteando distintas crisis y, a juzgar por las últimas advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), empieza a quedarse sin margen para la siguiente. En concreto, ha sido la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, la que días atrás reconocía que la economía resistió mejor de lo esperado los sucesivos sobresaltos, pero advirtió de que esa capacidad tiene un límite. «Tanto el colchón energético como el fiscal se están agotando», afirmó durante las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, celebradas en Bangkok. Pero su preocupación no se limita al crecimiento, sino que también apunta a las cuentas públicas, la inflación y una deuda cuyo coste continúa presionando a numerosos gobiernos.

Georgieva no habló de un derrumbe inminente, aunque tampoco presentó un panorama tranquilizador. Su intervención dejó una idea clara, y es que muchos países gastaron buena parte de sus recursos para afrontar las crisis anteriores y no aprovecharon suficientemente la recuperación para prepararse ante otras nuevas. Por eso reclamó decisiones antes de que la situación empeore. En particular, señaló a las grandes economías, a las que pidió esfuerzos distintos para que se puedan corregir desequilibrios que, lejos de reducirse, aumentaron durante 2025.

Kristalina Georgieva, economista y directora del FMI: «La resiliencia está llegando al límite…»

Uno de los problemas que destacó Georgieva fue la persistencia de los precios elevados. La inflación, explicó, continúa siendo difícil de contener en distintos países y condiciona las decisiones sobre los tipos de interés. Cuando el dinero sigue caro, los Estados endeudados deben destinar más fondos a pagar intereses. Eso deja menos espacio para atender otros compromisos y complica todavía más la tarea de reconstruir unas reservas presupuestarias debilitadas tras años de gastos extraordinarios.

La directora del FMI fue especialmente crítica con los gobiernos que no reforzaron sus cuentas después de la pandemia. Consideró que el momento de actuar es ahora, cuando todavía existe alguna capacidad de maniobra. Y entre sus recomendaciones figuraron mejorar la recaudación y revisar los gastos e incluso utilizó una comparación doméstica sobre reparar la casa antes de que las grietas se hagan más grandes. Su advertencia afectó especialmente a las economías avanzadas, que tampoco quedaron al margen de esta pérdida de resistencia.

Eso no significa, según su planteamiento, retirar sin más las ayudas públicas. Georgieva defendió que los gobiernos protegieran a quienes peor soportan las dificultades económicas. La prioridad, sostuvo, debía ser apoyar a los sectores más vulnerables, en lugar de concentrar los recursos en medidas generales para frenar los precios. El desafío consiste precisamente en mantener esa protección sin seguir deteriorando unas finanzas públicas que ya llegan exigidas a la próxima crisis.

Los deberes que Georgieva puso a China, Estados Unidos y Europa

La responsable del Fondo Monetario Internacional resumió su receta para las principales potencias con una frase: «China debe gastar más, Estados Unidos debe ahorrar más y Europa debe invertir más». No se trató de una consigna aislada, sino que Georgieva recordó que los desequilibrios comerciales siguieron creciendo durante 2025 y alcanzaron un volumen equivalente al 0,7% del producto interior bruto mundial, pese a las tensiones arancelarias y los enfrentamientos entre socios comerciales.

A China le reclamó impulsar el consumo dentro de sus fronteras y depender menos de las ventas al exterior. A Estados Unidos, reducir sus déficits y elevar el ahorro. Para Europa reservó otro diagnóstico: necesita ganar competitividad y aumentar la inversión. La directora del FMI planteó así soluciones diferentes para problemas también distintos, en un escenario en el que las amenazas comerciales no consiguieron corregir por sí mismas los desequilibrios de fondo.

La inteligencia artificial tampoco garantiza tranquilidad

Georgieva encontró un contrapeso a las malas noticias en el desarrollo de la inteligencia artificial. La inversión y la demanda vinculadas a esta tecnología están dando impulso a parte de la actividad económica, justo cuando las dificultades de suministro energético derivadas de la guerra en Oriente Medio empujan en sentido contrario. Pero ese alivio tiene sus límites. No todos los países participan del auge tecnológico ni cuentan con recursos suficientes para amortiguar una nueva subida de la energía.

La economista también avisó de otro peligro: que los beneficios de la inteligencia artificial no lleguen tan pronto como esperan los inversores. Una decepción, señaló, podría desencadenar una corrección desordenada de los mercados financieros. El riesgo resulta especialmente delicado para los países más frágiles, que dependen de importar hidrocarburos y quedan fuera de buena parte de las oportunidades tecnológicas.

Por último, y en Bangkok, la directora del FMI insistió en que la resistencia mostrada hasta ahora no debía confundirse con inmunidad. Su mensaje a los gobiernos fue menos una predicción de catástrofe que una exigencia de preparación: sanear las cuentas, proteger a quienes más lo necesitan y no confiar en que la economía pueda encajar indefinidamente un golpe detrás de otro. Y es mejor hacerlo antes de que el próximo sobresalto vuelva a ponerlas a prueba.