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Economía
Banco de japón

Japón hace saltar las alarmas: los bonos marcan máximos históricos y crece el miedo a una crisis global

El máximo histórico de rendimientos en Japón durante varias décadas es una señal de alerta para las acciones estadounidenses

  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en celia.amayuelas@okdiario.com

Durante más de tres décadas, Japón ha sido el gran proveedor de dinero barato del mundo con tipos de interés cercanos a cero e incluso negativos y una política monetaria «ultralaxa».

Con ese cóctel, el país se convirtió en la principal fuente de financiación para inversores de todo el planeta, que utilizaban el yen para financiar inversiones en activos con mayor rentabilidad, desde bonos estadounidenses hasta acciones o criptomonedas.

Sin embargo, ese modelo está empezando a cambiar desde que el Banco de Japón (BOJ) ha empezado a aumentar gradualmente los tipos, lo que ha provocado una reducción significativa del diferencial de tipos entre Estados Unidos y Japón. En otras palabras, la normalización de la política monetaria del BOJ supone el fin de la era de la financiación barata en yenes y un cambio de régimen que podría alterar los flujos globales de capital. 

Pero esto parece no acabar aquí. Los expertos de Lazard aseguran que el Banco de Japón seguirá subiendo tipos, llevando el tipo de referencia hasta el 1,25% a finales de año, dado que la inflación subyacente ha superado el 2% durante 41 de los últimos 43 meses.

El bono toca su máximo de 3 décadas

Por su parte, los analistas de Schroders sostienen que, a medida que aumentan los rendimientos de la deuda japonesa, disminuyen los incentivos para que los inversores nacionales sigan buscando rentabilidad en el extranjero, favoreciendo además una apreciación gradual del yen.

Y más, cuando el rendimiento del bono japonés alcanza su nivel más alto de los últimos 30 años. En concreto, esta semana el bono a diez años alcanzó el 2,9%, tras encadenar nueve sesiones consecutivas de subidas, la racha más prolongada en casi dos décadas. 

También repuntaron los rendimientos de la deuda a 20, 30 y 40 años, reflejando la creciente preocupación de los mercados por la inflación y por la situación fiscal del país.

En concreto, el bono del gobierno japonés (JGB) a 20 años subió 2 puntos básicos hasta el 3,890%. A 30 años aumentó 3 puntos básicos hasta el 4,030%. El rendimiento del JGB a 40 años, el de mayor plazo en Japón, subió 5 puntos básicos hasta el 4,055%.

La guerra, un factor clave del repunte

Según los expertos, detrás de este movimiento confluyen factores como el repunte de los precios del petróleo tras las nuevas tensiones en Oriente Medio, que alimenta las expectativas de inflación; el incremento del gasto público anunciado por el Gobierno japonés; y las dudas sobre la capacidad del Banco de Japón para seguir normalizando su política monetaria sin provocar tensiones en el mercado de deuda.

Pero el verdadero temor de los inversores va mucho más allá de la evolución de los bonos japoneses. Desde Lazard advierten que el cambio de ciclo en Japón puede tener implicaciones globales. La firma recuerda que Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, con cerca de 1,19 billones de dólares en bonos del Tesoro. 

Si los rendimientos continúan aumentando y el yen comienza a fortalecerse, parte del capital japonés invertido durante años en el exterior podría regresar al mercado doméstico, elevando la presión sobre los mercados internacionales de renta fija.

Mayor proveedor de capital barato

Ese escenario también pondría en cuestión una de las estrategias más utilizadas por los inversores durante décadas, el carry trade.

En este sentido, Schroders explica que el progresivo aumento de los tipos de interés en Japón reduce el atractivo de endeudarse en yenes para invertir en activos extranjeros. Si esa dinámica se acelera, muchas de esas posiciones podrían empezar a deshacerse, incrementando la volatilidad en bolsas, bonos e incluso otros activos como las criptomonedas.

Algo que debe ser «relevante» para todos los inversores, y más, si los principales factores que lastran la situación (la flexibilización fiscal y las persistentes salidas de capital) también parecen destinados a moderarse.