La historia de Audax y José Elías: ¿éxito o autocompra a base de endeudamiento?
La acción ha caído un 84% y está cerca de mínimos históricos.
El empresario se sirvió de la cotizada para financiar su grupo personal y evitar el colapso gracias a Shell
José Elías ha sido durante años el rostro visible de Audax Renovables, una empresa que, sobre el papel, protagonizó una historia de éxito: expansión internacional, crecimiento bursátil y un discurso de liderazgo en renovables. Sin embargo, detrás de esa narrativa se esconde una situación mucho más delicada, marcada por tensiones financieras, maniobras internas y una supervivencia empresarial que, en varias ocasiones, estuvo al límite.
El nacimiento de Audax Renovables tiene su origen en 2011, con la fusión de varias sociedades del entorno de Elías. A través de adquisiciones y una estrategia de integración vertical, la compañía se expandió a países como Portugal, Italia o Alemania. Desde 2018, su cotización en bolsa vivió un crecimiento espectacular, con una revalorización del 300% que consolidó la imagen del empresario como visionario energético.
No obstante, entre 2021 y 2023, la compañía se enfrentó a una crisis interna de enormes proporciones. A pesar de mantener un relato de expansión, Audax estuvo al borde del concurso de acreedores. La volatilidad del mercado energético, los precios mayoristas disparados y la necesidad de avales crecientes pusieron en jaque su viabilidad. Para seguir operando, recurrió a una emisión de bonos que, lejos de destinarse a inversiones, se usó para cubrir necesidades de tesorería diaria. Esta desviación tensó las relaciones con los bonistas y generó desconfianza. La acción ha caído un 84% y está cerca de mínimos históricos.
El modelo de José Elías, basado en márgenes bajos y contratos a precios fijos con clientes agravó la situación. La compañía no podía hacer frente ni a sus proveedores ni a sus acreedores. La salida llegó en 2023, cuando Shell Energy Europe aceptó asumir la mayoría de los contratos de suministro y dar cobertura a Audax en los mercados mayoristas. A cambio, Elías entregó el control estratégico de su compañía, transformando a Audax en mero intermediario. Aunque la operación evitó el colapso y permitió cerrar 2024 con beneficios, la pérdida de soberanía empresarial fue evidente.
Opacidad y autopréstamos millonarios
Las dudas sobre el gobierno corporativo de Audax se intensificaron con las múltiples operaciones vinculadas al propio José Elías. Aunque la empresa abandonó en 2021 el grupo fiscal de Excelsior Times (holding personal del empresario), la interdependencia entre sus sociedades seguía intacta. En 2024, Audax compró proyectos renovables por 14 millones a empresas del grupo Elías como Rocío Servicios Fotovoltaicos y Audax Green, y la ejecución de las obras recayó en otra sociedad del mismo entorno: JEN Construcciones Renovables.
La cotizada, en la práctica, actuaba como vehículo de capitalización del conglomerado Elías, sin mecanismos de control reales por parte de los minoritarios. A esto se suman prácticas financieras aún más cuestionables: en 2022, Eléctrica Nuriel (accionista de Audax y controlada también por Elías) prestó más de 64 millones a Excelsior Times, probablemente para tapar el agujero financiero de La Sirena, otra empresa del grupo. Todo ello se hizo a través de una línea de crédito de 125 millones procedente de Audax, que funcionó como fuente de financiación encubierta.
A este ecosistema se añade la colocación de pagarés con aval del ICO por hasta 170 millones de euros. Aunque oficialmente se colocaron a terceros mediante Beka Finance, circulan versiones que apuntan a que parte de esos títulos podrían haber acabado en manos del propio Elías, según apuntan a OKDIARIO fuentes cercanas a aquellas operaciones. La falta de transparencia y la escasa información sobre los compradores reales generó aún más sospechas. La salida del director de inversiones, Rafael Garcés, poco después, contribuyó al malestar, aunque se atribuyó oficialmente a motivos personales.
Éxito construido sobre arenas movedizas
El caso de Audax Renovables revela una cara menos amable del capitalismo empresarial. Lo que se vendió como un éxito de gestión y visión en renovables, podría tener detrás una red de triangulaciones internas, una extraña financiación y una estructura que favorece al accionista mayoritario en detrimento del minoritario. La supervivencia de la compañía dependió, finalmente, de entregar su independencia a Shell, lo que pone en entredicho la viabilidad real de su modelo a largo plazo.
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