El verdadero origen del té de Mercadona: la empresa que factura más de 35 millones de euros al año
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Abrir una caja de té o de infusiones y poner agua a hervir es un gesto casi automático en muchas casas. Con la amplia variedad que existe, sólo tienes que elegir el sabor, echar agua caliente en una taza, añadir la bolsita y listo. Pero detrás de algo tan cotidiano como una manzanilla o un té verde hay bastante más de lo que parece. De hecho, tras el éxito del té de Mercadona se esconde una empresa que lleva décadas dedicada a elaborar infusiones pero que pocos conocen.
Mercadona tiene grandes productos en sus estanterías, pero el té destaca de forma especial porque lleva años triunfando y porque además, cuenta con una amplia variedad de sabores. Y aunque podríamos pensar que detrás se esconde una gran multinacional o que se elabora en países lejanos, lo cierto es que su origen está mucho más cerca. Concretamente en Novelda, una localidad de Alicante con tradición en especias y productos aromáticos. Allí trabaja desde hace décadas Martínez y Cantó, una empresa familiar que empezó casi desde cero y que hoy mueve cifras importantes dentro del sector. En 2024 superó los 35 millones de euros de facturación, aunque su nombre apenas le suene al consumidor medio. Es, en cierto modo, una de esas piezas invisibles del supermercado.
Quién está detrás del té de Mercadona
Cuando se habla de marcas blancas, suele pensarse que todo viene directamente del supermercado. Pero ya sabemos que no funciona así dado que las grandes cadenas trabajan con fabricantes especializados que producen para ellas. En el caso concreto del té de Mercadona, Martínez y Cantó es su fabricante. Y desde sus instalaciones elaboran, entre otros productos, tés solubles con sabores a fruta que luego se venden bajo la marca Hacendado.
La historia de esta empresa empieza en 1970. Francisco Martínez y José Cantó pusieron en marcha un proyecto pensado, en principio, para abastecer a negocios cercanos que vendían infusiones. Nada hacía pensar entonces en lo que vendría después. En aquella época la producción era muy limitada, alrededor de 10.000 bolsitas al día. Una cifra que hoy se queda muy lejos de la realidad actual.
Con el paso de los años, la empresa fue creciendo, incorporando maquinaria, ampliando instalaciones y sumando clientes. Ahora supera los 8 millones de bolsitas diarias, lo que da una idea bastante clara de la dimensión que ha alcanzado.
Una fábrica en Alicante que vende dentro y fuera de España
El crecimiento no se ha quedado solo en el mercado nacional. Martínez y Cantó ha ido abriéndose camino fuera de España poco a poco, sin hacer demasiado ruido. Sus productos llegan a varios países europeos como Francia o Alemania, pero también a mercados más lejanos como Estados Unidos, México o Cuba. Esa diversificación ha sido clave para mantener el ritmo en los últimos años. En ejercicios anteriores, por ejemplo, ya se veía ese equilibrio entre mercado interno y exportación. Parte importante de sus ingresos sigue viniendo de España, pero el exterior ha ido ganando peso con el tiempo.
Más de 35 millones de euros y una tendencia al alza
Los números ayudan a entender mejor el momento que vive la empresa. Según los últimos datos conocidos, cerró 2024 con una facturación de 35,2 millones de euros, con un crecimiento cercano al 10%, lo que marca una evolución que de hecho ya venía siendo positiva en ejercicios anteriores, donde había superado los 30 millones. Todo esto en un contexto en el que el consumo de infusiones no deja de crecer si bien cada vez más gente busca bebidas asociadas al bienestar, digestivas o simplemente alternativas al café. Y eso se nota.
Lo que no se ve de una simple bolsita de té
Puede parecer un producto sencillo, pero no lo es tanto. Detrás de cada infusión hay un proceso bastante más complejo de lo que se imagina si se tiene en cuenta que hay que controlar las mezclas de plantas, la humedad, los aromas y la conservación del producto. Además, todo debe salir igual, lote tras lote. El consumidor espera que su té sepa exactamente igual cada vez que lo compra.
Para conseguirlo, la fábrica trabaja con sistemas automatizados bastante avanzados. Desde controles de peso hasta cámaras que revisan el producto, pasando por detectores que evitan cualquier anomalía. También utilizan sistemas de organización del trabajo bastante afinados, con métodos que buscan reducir errores y mejorar la eficiencia en cada fase del proceso.
Una empresa discreta detrás de un producto masivo
El caso de Martínez y Cantó no es único, pero sí representativo. Muchas de las cosas que se compran a diario en el supermercado no llevan el nombre de quien realmente las fabrica. Y, aun así, esas empresas son fundamentales. Sin ellas, sería imposible mantener el volumen, la calidad y el precio que ofrecen las grandes cadenas.
En este caso, una compañía que empezó dando servicio a pequeños negocios de Alicante ha terminado produciendo millones de infusiones cada día y llegando a medio mundo. Al final, lo curioso es que mientras el consumidor identifica perfectamente la estantería o la marca, rara vez piensa en lo que hay detrás. Y, como ocurre con el té de Mercadona, muchas veces la historia está bastante más cerca de lo que parece.
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