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Economía
Sáhara

La antigua Villa Cisneros española del desierto del Sáhara se convierte en tierras de regadío y suma más de 1.000 hectáreas a Marruecos

Durante años, Dajla, la antigua Villa Cisneros española, ha sido una zona marcada por el desierto y con poca actividad agrícola. Sin embargo, en los últimos tiempos está empezando a cambiar su uso, con varios proyectos que buscan aprovechar el terreno para el cultivo mediante sistemas de riego.

Uno de los movimientos más recientes lo ha dado la Agencia para el Desarrollo Agrícola (ADA), que ha sacado una nueva convocatoria para la explotación de más de 1.090 hectáreas. El objetivo es atraer inversores que desarrollen proyectos agrícolas en esta parte del Sáhara, dentro de un plan más amplio impulsado por Marruecos. Este desarrollo está directamente vinculado a la futura instalación de una planta desalinizadora, pensada para abastecer de agua a miles de hectáreas, y en el caso de que se complete según lo previsto, permitirá ampliar notablemente la superficie de regadío en una zona donde hasta ahora esto era prácticamente inviable.

La antigua Villa Cisneros española del desierto del Sáhara se convierte en tierras de regadío

El plan que se está desarrollando en Dajla no es puntual ni limitado en el tiempo. Está diseñado como una colaboración público-privada que busca atraer tanto a inversores nacionales como internacionales, con condiciones pensadas para garantizar proyectos estables. En esta nueva fase, se ofertan 35 explotaciones agrícolas divididas en varios tamaños. La mayor parte corresponde a proyectos medianos, aunque también hay parcelas más grandes y otras destinadas a modelos de explotación agrupada, además de una pequeña finca.

Los contratos que se plantean no son a corto plazo. Los inversores que resulten seleccionados podrán gestionar estas tierras durante un periodo inicial de 25 años, con la posibilidad de ampliarlo hasta 40 si el proyecto incluye desarrollo industrial asociado, como plantas de transformación. Este tipo de condiciones busca algo muy concreto que es asegurar que quienes entren en el proyecto lo hagan con una visión a largo plazo y con capacidad real de desarrollo.

El agua, la clave de todo el sistema

Si hay un elemento que define este proyecto es el acceso al agua. Sin él, cualquier intento de agricultura en esta zona sería inviable. Por eso, una de las piezas centrales es la planta desalinizadora prevista en la región. Su función será transformar agua de mar en agua apta para riego, lo que permitirá abastecer miles de hectáreas en una zona donde las precipitaciones son prácticamente inexistentes.

El acceso al riego no será automático ni gratuito. Se ha diseñado un sistema por fases que incluye diferentes pagos por parte de los inversores: desde una cuota inicial por hectárea hasta costes asociados a la conexión y al uso continuado del agua durante varias campañas. Además, el uso del agua estará estrictamente limitado a la actividad agrícola y no se podrá destinar a otros fines, lo que refuerza el enfoque productivo del proyecto. En cuanto a la gestión del sistema, desde su construcción hasta el mantenimiento, ha sido confiada a una empresa especializada dentro del marco de colaboración con el Ministerio de Agricultura marroquí.

Cultivos muy definidos y condiciones estrictas

El tipo de agricultura que se quiere desarrollar en Dajla tampoco es aleatorio. Las condiciones del proyecto establecen de forma bastante clara qué tipo de cultivos deben predominar. El foco está puesto en los cultivos hortícolas, que deberán ocupar la mayor parte de la superficie de las explotaciones. En algunos casos, se exige que alcancen hasta el 75% del terreno, lo que deja poco margen para otros usos.

Llama la atención que ciertos productos, como las bayas, quedan directamente excluidos del plan. Esto responde tanto a criterios técnicos como a la estrategia agrícola definida para la zona. Además, estas proporciones no son orientativas sino que los inversores deberán respetarlas durante toda la duración del contrato, lo que implica una planificación muy concreta desde el inicio.

Un modelo con control estatal y limitaciones claras

Aunque se trata de una colaboración con el sector privado, el control por parte del Estado sigue siendo significativo. Los contratos incluyen condiciones estrictas sobre la gestión de las explotaciones. Por ejemplo, los adjudicatarios deberán encargarse directamente de la actividad agrícola. No podrán ceder los derechos a terceros ni modificar la titularidad sin autorización expresa, bajo riesgo de perder la concesión.

También se establece un sistema de renta que irá aumentando con el tiempo. El precio fijado inicialmente se incrementará un 10% cada cinco años, lo que introduce un componente progresivo en el coste del proyecto. Estas condiciones buscan evitar la especulación y asegurar que las tierras se utilicen realmente para el fin previsto.

De Villa Cisneros a nuevos usos agrícolas en Dajla

Dajla no siempre ha tenido este enfoque. Durante años fue conocida como Villa Cisneros, un enclave español en el Sáhara, y su actividad poco tenía que ver con la agricultura intensiva que ahora se plantea. El cambio que se está produciendo tiene más que ver con el aprovechamiento del terreno que con una transformación inmediata. A medida que se desarrollen los proyectos y se garantice el acceso al agua, irá aumentando la superficie cultivable en la zona.

Si todo avanza según lo previsto, no sólo se ampliarán las hectáreas de regadío, sino que también podrían surgir actividades vinculadas a la producción agrícola, como el procesamiento de los cultivos. En cualquier caso, el desarrollo será progresivo. Por ahora, el objetivo está claro: convertir una parte del terreno en explotaciones agrícolas viables en un entorno donde hasta hace poco eso era difícil de plantear.