Liga EA Sports: Real Madrid-Rayo Vallecano

Un Madrid de dos caras

El Real Madrid golea al Rayo en media hora de vértigo y se duerme en un segundo tiempo en el que escuchó otra vez pitos del Bernabéu

Mbappé dos veces, Carreras y Bellingham hicieron los goles del equipo de Mourinho

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El Real Madrid derrotó 4-1 al Rayo Vallecano.

Este Real Madrid es bipolar. En el mismo partido es capaz de divertir y de aburrir, de hacerte reír y llorar, de presionar y de sestear, de tener vértigo y sueño con un cuarto de hora de diferencia. Pasaportó al Rayo con tres goles en media hora (Mbappé, Carreras y Bellingham) y luego se echó la siesta en un segundo tiempo en el que volvieron a escucharse pitos en el Bernabéu. Debutó Diomande sin hacer grandes cosas y Mourinho tuvo que tirar de Arda Güler en los últimos minutos para no meterse en un lío tras el gol del Rayo. Casi al final Mbappé hizo el definitivo 4-1.

A la sexta fue la vencida. Diomande, el muchacho que le ha costado al Madrid un riñón y parte del otro, era titular en el Bernabéu. Aleluya. Mourinho, que le había recetado jarabe de banquillo desde el día que llegó, por fin le colocó de salida para abrochar el cuarteto de delanteros junto a Los intocables de don José: Vinicius, Bellingham y Mbappé. Que hasta rima, oye.

Las otras tres novedades en el once del Real Madrid, advertidas (sin anunciarlas) por Mou en la sala de prensa, fueron Carreras por Cucurella, Rüdiger por Huijsen y el regreso de Bernardo Silva al puesto de mando en el centro del campo. Arda Güler, el jugador con más visión de juego del equipo, volvía a ser el sacrificado, esta vez desde el inicio, y compartía banquillo con los Brahim, Endrick, Tchouaméni, Espí y compañía.

Comparecía en el Bernabéu el Rayo Vallecano, un equipo que sobrevive con dignidad al despelote que tiene en los despachos, un equipo descarado que se llevó una manita en el Camp Nou pero que le generó media docena de ocasiones al Barça, amén de meterle dos goles. Un equipo. La incógnita que flotaba en el ambiente era ver en qué minuto comenzaría a impacientarse el madridismo y, con la impaciencia, sonarían los pitos.

El Rayo salió marcando paquete. Presionó al Real Madrid en la salida del balón, uno de los puntos débiles más débiles del equipo de Mourinho. Pronto se mostró Diomande, al que le cayó encima Pedrosa tras una buena recuperación y le dejó dolorido. Como un cuesco en un ascensor, el partido no tenía dueño, al menos en los primeros minutos.

Regalos de Lejeune

A los 7 minutos Mbappé reclamó un penalti por un derribo dentro del área. García Verdura dictaminó el sigan, sigan. El VAR comunicaba. Respondió el Rayo con una maniobra de Tsitaishvili finalizada con un disparo raso y centrado que detuvo en dos tiempos Courtois. El Real Madrid trató de tomar el mando del partido pero tenía más corredores que pasadores. Además, la salida de balón sin Huijsen atrás era una ruleta rusa.

En el minuto 13 Lejeune decidió pegarse un tiro en el pie y cometer un penalti obsceno por no saber frenar a tiempo. Derribó en Carreras en el área y García Verdura lo pitó. Lo ejecutó Mbappé con calma, aguardó hasta que Audero se echó al suelo y la puso rasita por el medio. Pues nada. El Real Madrid, sin merecerlo, se ponía por delante a las primeras de cambio.

Casi sin tiempo para digerir el primero al Rayo le cayó el segundo. Lejeune volvió a ser la socorrista de «la he liao parda» y le dejó una pelota de regalo a Vinicius en el área. Centró el brasileño y rechazó de puños Audero. La pelota cayó en los pies de Bernardo Silva, que conectó con Carreras, pared con Mbappé y gol del lateral zurdo, que fusiló al meta rayista. Pues eso. 2-0 y partido encarrilado para el Real Madrid.

En el 24 Vinicius, que sigue buscando su mejor yo, trazó una diagonal abrochada con un tiro sencillo que casi acaba en autogol involuntario de Audero. La respuesta del Rayo la dio Camello y se topó con la manopla izquierda de Courtois. Con viento a favor el Real Madrid comenzó a estirar las posesiones como Pedro Sánchez la legislatura.

Vinicius da frutos

A la media hora se mostró Diomande con una diagonal en la que esquivó contrarios pero que finalizó con un disparo al videomarcador. Para jugar a pie cambiado aún tiene mucho que pulir en su zurda. No le ocurre igual a Bellingham con su derecha, que sacó a pasear en el 34 para el tercero. La carrera fue de Vinicius –su mejor galopada en lo que va de temporada–, igual que una soberbia asistencia al centro para que el inglés diera un pase a la red.

El Real Madrid tenía pasaportado el partido antes del descanso, así que Mourinho puso a calentar a su banquillo con vistas, esta vez sí, a hacer cambios pronto en la segunda mitad. Aún habría tiempo antes del descanso para sendas ocasiones muy claras de Bernardo y Bellingham dentro del área, que sacaron los jugadores del Rayo defendiendo en su área pequeña.

El primer acto echó el telón con un disparo al palo de Mbappé en el 44. Al francés su saldo con el gol le sigue saliendo a deber por mucho que esté en campaña para (intentar) ganar un Balón de Oro sin dueño. Ah, y con otra imponente mano de Courtois para mantener su puerta a cero antes del descanso. Del que regresamos con un cambio en el Real Madrid: descanso para Fede Valverde y minutos para Camavinga.

Abrió pista Pedro Díaz con un disparo venenoso que repelió el palo derecho de Courtois. En la contra de vuelta Mbappé, con sus botas doradas, no quiso ver a sus compañeros de los costados y se la fumó con un disparo fuera. En el 50 el Real Madrid quiso darle emoción al partido. A Vinicius Ratiu le birló la pelota en la presión alta del Rayo, Camavinga (desastroso) la vio pasar por delante sin estirar el pie siquiera y luego Camello definió dentro del área entre las piernas de Konaté.

Siesta del Madrid

El Real Madrid había salido con la cabeza en la Fórmula 1 de mañana y el Rayo se estaba aprovechando. El dominio del juego era visitante y el runrún se veía venir en el Bernabéu. Camavinga se estaba ganando ser cambiado 15 minutos después de salir. Tampoco Bernardo Silva ofrecía ninguna cosa relevante. Mourinho se desesperaba con ambos en el banquillo porque su equipo había perdido el hilo del partido.

Y en el 62 llegaron los pitos. Merecidos. Merecidísimos. El Rayo acumuló dos ocasiones seguidas. Una la paró Courtois, la otra la falló Tsitaishvili bajo los palos en un cabezazo sencillo que era medio gol. Más pitos. Y no, no es culpa de la gente del Bernabéu, es culpa de los jugadores… y del entrenador, que se empeña en una única partitura cuando tiene músicos para tocar otra música.

Mourinho se hartó y llamó a Tchouaméni. El cambio claro era Camavinga, pero su técnico le perdonó la vida y sentó a Bernardo Silva. Dos minutos después entró Arda Güler por Diomande, que apenas había lucido en su estreno. En el 76 Audero sacó una mano prodigiosa a Dumfries, quizá con un pelín de suerte.

Arda Güler dio un clinic de fútbol en cinco minutos. En el 82 se la puso a Mbappé pero la volea del francés la despejó a bocajarro el portero del Rayo. Y en el 91 se la volvió a poner a Kylian, que esta vez no falló y batió a Audero para abrochar el definitivo 4-1 del Real Madrid al Rayo en un partido que se acabó en media hora y que volvió a mostrar lo mejor y lo peor del equipo de Mourinho.

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