El Real Madrid activó el modo avión ante el Málaga. Primero para triturar al rival en media hora de ataque total comandado por un Bellingham ubicuo y poderoso. Después, para relajarse en una segunda parte de sesteo. El inglés abrió el camino de la goleada con un gol y medio. Luego Mbappé haría el tercero antes del descanso y Arda Güler abrocharía la goleada ya en las postrimerías del duelo. Los de Mourinho hacen pleno de victorias en las tres primeras jornadas de Liga.
Mourinho cambió medio equipo. Literalmente. Al tercer partido llegaron las rotaciones. A lo grande. Quizá porque Mou no tiene término medio apenas se mantuvieron en el once del Real Madrid Courtois, Huijsen, Fede Valverde y, por supuesto, los tres tenores de la BMV: Bellingham, Mbappé y Vinicius. Tres partidos en ocho días de agosto dan para lucir el fondo de armario de una plantilla ahora corta porque aún le faltan siete efectivos.
Al once entraban directos tres defensas (Trent, Rüdiger y Cucurella), más Camavinga por Bernardo Silva y Brahim por Arda Güler. Los únicos jugadores de campo que aún no han sido titulares son Espí, que sabe a lo que ha venido, y Diomande, todavía demasiado corto de preparación y adaptación al Real Madrid.
El rival que hollaba el Bernabéu, el recién ascendido Málaga, era propicio sobre el papel para que Mourinho pensara en oxigenar un equipo que afrontará después dos compromisos morrocotudos: el Betis en La Cartuja y el Inter en el estreno de Champions en el Bernabéu. Eran las intempestivas cinco de la tarde cuando la redonda echó a rodar en el coliseo madridista.
Ambos equipos salieron a toda mecha. Trent tuvo la primera ocasión a los 40 segundos con una volea que lamió por fuera el larguero de Herrero. El Málaga apretaba arriba y adelantaba su defensa al centro del campo. El Real Madrid sacaba la pelota por los centrales y por Camavinga, que ejercía de pivote. Luego ya cargaba el área con un montón de gente.
El Málaga le discutía la pelota a un Madrid que replegaba sin rubor cuando la perdía. La respuesta de Mou fue meter arriba a los laterales como en los tiempos de Zidane. Cucurella era Marcelo y Trent era Carvajal. La consecuencia fue que los de Mourinho acumularon un montón de córners. Pero se atascaban.
Bellingham da dos veces
Y fue así hasta que el 19 Bellingham recibió una pelota en tierra de nadie. Cuerpeó con su par, Recio, que no hizo honor a su apellido, y fue apartado con el brazo sin que hubiera falta, dividió hacia adentro sin que nadie le entrara, se escoró, dribló y dribló con la pelota cosida a la diestra y, ya en el área pequeña, resolvió entre las piernas de Jesús Herrero. Un golazo digno de un jugador imponente al que Mourinho ha devuelto a su mejor versión. El VAR revisó la acción y no había lugar a las protestas del Málaga.
El gol dejó tocado a los visitantes y espoleó al Real Madrid. Sobre todo a Bellingham, que pasó a jugar de todocampista. En pleno vendaval del equipo de Mourinho cayó el segundo. Lo cocinaron entre Brahim y Mbappé, que sacó un disparo seco que repelió Alfonso Herrero. La defensa del Málaga se durmió y Bellingham cabeceó el rechace hacia la portería. Allí Puga, en su intento de evitar el gol, la tocó contra la espalda de su portero y la pelota acabó dentro.
Y cuatro minutos después cayó el tercero. Lo marcó Mbappé y lo celebró en el palco Esther Expósito. La jugada nació desde la derecha donde Trent se sacó uno de esos pases medidos y venenosos. La pelota le cayó a Kylian, que voleó de primeras para lograr el 3-0 y pasaportar al Málaga en poco más de media horita. El Bernabéu disfrutaba de la versión más demoledora y versátil del Real Madrid.
Camavinga y Trent le estaban aportando al equipo muchísimo aire en el centro del campo y sólo faltaba Vinicius por unirse a la fiesta. Mourinho ponía su cara de «me encanta que los planes salgan bien». En las postrimerías de la primera parte el Málaga se topó con el palo en un remate dentro del área de Rafa tras una pequeña desconexión de la defensa del Real Madrid.
Partido resuelto
Fue la última ocasión antes de irnos al descanso. Del que volvimos con cierto retraso por parte del Real Madrid, especialmente Bellingham que apareció en el césped con varios minutos de retraso. El duelo parecía resuelto pero los de Mourinho insistían en la presión alta. El Málaga trataba de recomponer la figura siempre fiel al toque. Mou ponía a calentar a Güler, Bernardo, Espí y Diomande.
En el 54 Bellingham volvió a demostrar su veneno en el área con otra jugada en la que sentó a su par en una baldosa y se sacó un disparo seco y duro que se topó contra el palo derecho de Herrero. También Trent tuvo el cuarto en sus botas y lo evitó el ágil portero del Málaga. También rozó el gol Rüdiger en uno de los mil córners que botó el Real Madrid.
Los de Mourinho lo tenían todo bajo control. En el minuto 63 saltó al campo Diomande en lugar de un Brahim algo deslucido. Para entonces el Real Madrid ya había pasado del modo avión al modo ahorro de energía y el partido se cayó. Mou se guardaba los cambios emulando a Ancelotti. En el 76 metió a Bernardo Silva para dar minutos de descanso a Fede Valverde.
Eran ya los minutos de la basura, como casi todo el segundo tiempo. El Real Madrid no quería hacer más sangre y al Málaga, que lo intentó hasta el final, tampoco le daba. Martínez Munuera quiso darle emoción al partido al pitar un penalti por una mano de Diomande, totalmente involuntaria, tras un cabezazo de Rüdiger. Menos mal que el VAR le advirtió de su error y pudo corregir su pifia.
Mou quitó a Bellingham en el 88 para que se llevara la ovación del Bernabéu, que fue lo más intenso del segundo tiempo porque el partido había durado media hora. El tiempo que emplearon los de Mourinho en enseñar todo su armamento ofensivo –casi todo, porque Vinicius sigue despistado– y luego se echaron a dormir porque tenían el duelo ganado antes de tiempo. A Arda Güler, eso sí, aún le dio tiempo para anotar el definitivo 4-0 en el minuto 91 y cerrar una goleada que el Real Madrid tramitó rápido en el primer tiempo y al trantrán después.