¡El Real Madrid se ha proclamado campeón de la primera Supercopa de la Euroliga de la historia! El equipo blanco se ha impuesto al Olympiacos, vigente rey de Europa, con otro alarde de saber sufrir y mantenerse en el partido sea cual sea la amenaza de su rival, del que se vengó de aquella derrota de mayo en Atenas. 451 días han pasado del último título de los madridistas, que fue la Liga Endesa de 2025 con Chus Mateo aún en el banquillo. Pedro Martínez, en su segundo partido como entrenador, ya toca metal… y su proyecto desprende un gran aroma.
El Real Madrid dio el primer golpe de efecto saliendo antes que Olympiacos de unos primeros minutos sin mucho brillo ni de uno ni de otro, propios de una final de septiembre. Los blancos lo terminaron bordando en el primer cuarto. Corrigieron pérdidas, se repartieron los puntos como demanda su entrenador y Campazzo irrumpió con sus pases. Fueron seis asistencias del argentino al término de la primera parte.
La entrada de Fournier, inédito en el primer cuarto, y la mejora de Montero y Vezenkov hicieron crecer a un Olympiacos que cerró el segundo periodo con 28 puntos anotados (23 del Madrid, sólo uno menos que en el anterior). Lograron los griegos desmontar la férrea defensa del Madrid en el inicio, pero los de Pedro Martínez se mantenían arriba con ventajas de hasta 10 puntos.
Afloró esa coralidad de la que el catalán quiere hacer el sello de identidad de su equipo. El dato que lo comprueba fue que 11 de los 12 anotaron en la primera parte. Sólo Feliz no encestó y terminaría siendo clave en el triunfo. Para enmarcar el triple de Jantunen al cierre del segundo cuarto, elevándose sobre Montero sin apenas espacio para maniobrar. El finlandés quiere parecerse al que despuntó en París que al que decepcionó en Estambul la pasada temporada.
El Olympiacos salió enérgico a la segunda parte, con siete puntos sólo en el primer minuto, y maximizó la superioridad del gigante Hall sobre Jones en el tramo sin Tavares (ocho puntos del pívot en el tercer cuarto). Pero el Real Madrid se levantó, supo sobrellevar el sufrimiento como con Dubai, incluso en desventajas alarmantes (61-56 y 65-60), y, con Maledon sorprendentemente al frente de la nave (llegó a las seis asistencias cumplida la media hora de juego), se marchó al último acto con el marcador de su lado (72-75).
La tensión era máxima. Si no, quizá Joseph no hubiera fallado dos tiros libres tras la cuarta personal de Tavares, que coincidió en cancha durante unos segundos con un Luwawu-Cabarrot que también estaba a una de la expulsión. Apenas se notó la ausencia del caboverdiano con la irrupción de Jones, que mejoró ostensiblemente lo visto hasta el momento de Sarr.
El caso es que el Madrid se aferraba a su ventaja sin importar la amenaza que se presentase del amplio arsenal griego. Tablas de un equipo grande en el segundo día. Si Vezenkov hacía el triple del partido, Feliz respondía anotando entre dos torres. Si el búlgaro volvía a anotar, pues Luwawu-Cabarrot contestaba con otro canastón. Seriedad a la hora de la verdad. Cuánto echaba eso de menos el madridismo.
La autoridad madridista provocó fallos en cadena de Olympiacos desde el perímetro. Hasta que, claro, Fournier volvió a enchufar. Su segundo triple ponía el 89-91 con 75 segundos por delante, que comenzaban con campo atrás del Madrid y pie de Pradilla. Los griegos disponían de 14 segundos para colocarse arriba, pero Montero regaló una posesión de oro a los de Pedro Martínez pisando por fuera de la cancha. No la desperdiciarían.
Otro canastón de Feli