No habrá pasillo. Así lo decidió Vinicius con un colosal doblete que tumbó a un Espanyol que se había ensañado con él. Ganó el Real Madrid en Cornellá sin hacer nada del otro mundo pero gracias al veneno del brasileño, que llevará a su equipo vivo –bueno, medio muerto– al Clásico de la semana que viene en el que al Barcelona le vale un empate para ganar una Liga que, entre otras cosas, le ha regalado el Madrid.
Como tantas otras veces, Arbeloa no tenía demasiado donde elegir, así que volvió a tirar de Thiago Pitarch y Brahim para hacer de Güler y Mbappé. Camavinga y Gonzalo son tan suplentes como transferibles. Sin novedad en el resto de la alineación del Real Madrid que formaba los siguientes once: Lunin; Trent, Rüdiger, Huijsen, Mendy; Tchouaméni, Thiago, Valverde, Bellingham; Vinicius y Brahim.
Enfrente el Espanyol, uno más de ese pelotón de equipos mediocres enfrascados en la tarea de sobrevivir al descenso, con el sentimiento encontrado de la necesidad de sumar unos puntos que harían campeón al Barcelona. Daños colaterales porque los de Flick van a ser campeones por méritos propios y deméritos del Real Madrid con o sin ayuda de los pericos. Las cuentas eran fáciles: si no ganaban los de Arbeloa, el Barça campeón.
Nos dieron las nueve y echó a rodar la redonda en el césped de Cornellá. Gil Manzano al silbato y Figueroa Vázquez en el VAR. ¿Qué podría salir mal? Apretó el Espanyol de salida y se asomó al área de Lunin en una jugada de Rubén Sánchez, que le hizo un caño a Huijsen, que finalizó Roberto con un tiro algo defectuoso.
No la olía el Real Madrid, incapaz de conectar cuatro pases seguidos ante la buena presión alta del equipo de Manolo González. Hubo que esperar al minuto 7 para que Bellingham, en una acción individual, llevara la pelota al área del Espanyol donde Vinicius se sacó una media volea que, tras tocar en El Hilali, se estrelló contra el poste izquierdo de Dimitrovic.
Aprieta el Espanyol
A los diez minutos hubo una noticia inesperada –entiéndanme la ironía–: se rompió Mendy. La enésima lesión muscular de un jugador que no está no digo ya para el fútbol de élite, que no está ni para jugar con los veteranos. Un jugador lisiado. Sin más. El Real Madrid habría bien en rescindir su contrato porque le cuesta más en médicos de lo que aporta al equipo. Entró en su lugar Fran García porque Carreras es otro de los jugadores enfilados por Arbeloa.
Decayó el partido porque cesó en la presión el Espanyol, que se replegó en su campo y entregó la pelota al Real Madrid. Los visitantes no sabían muy bien qué hacer con la pelota. El duelo se calentó por un pique constante entre El Hilali y Vinicius. Ambos vieron amarilla aunque el lateral espanyolista fue expulsado por roja directa mostrada por Gil Manzano pero corregida por el VAR. Sí, puede que fuera algo excesiva para roja pero para naranja sí daba.
Además de los golpes hubo un par de ocasiones. Terrats la tuvo para el Espanyol y luego Rüdiger no alcanzó a cabecear un centro lateral de Trent a balón parado. Poca cosa para un partido intenso y feote. Vinicius se estaba llevando palos para hacer un fuerte. En el 39 Fede Valverde cabeceó a las manos de Dimitrovic un buen centro de Fran García desde la siniestra. Respondió el Espanyol con una contra abortada por un crucial cruce de Rüdiger.
No piquéis a Vinicius
El Espanyol se afanaba en golpear y sacar de quicio a Vinicius. El Real Madrid no tenía otro plan que dársela al brasileño. Las ocasiones postreras de la primera parte fueron para el Espanyol. Ambas las abortó Lunin. Primero, con una buena mano abajo a Terrats tras una liada de Rüdiger. Después, con una parada a bocajarro al cabezazo de Ramón Terrats. Era el 48 y Gil Manzano mandó al personal al vestuario.
Regresamos del intermedio mientras orvallaba en Cornellá. Arbeloa se hartó de esperar una reacción de su equipo y metió de golpe a Mastantuono y Gonzalo. Se fueron Thiago Pitarch y Brahim. Fue entonces cuando entre Vinicius y el recién salido Gonzalo tejieron una jugada preciosa. Aceleró el brasileño, tiró la pared con el canterano, que se la dejó muerta. Vini sentó a los dos centrales con una sola finta, se paró y la puso con delicadeza al palo corto de Dimitrovic. Fue un golazo que salvaba un partido olvidable.
El tanto echó al monte al Espanyol. Ramón Terrats probó fortuna con un disparo lejano que se marchó desviado. Pero entonces el Real Madrid hizo el segundo. Lo volvió a marcar Vinicius y volvió a ser un golazo. Esta vez el asistente fue Bellingham, que devolvió al brasileño una pared de tacón dentro del área y Vini resolvió con un disparo de empeine alto a la escuadra.
Con el partido (casi) sentenciado como las elecciones andaluzas, al Espanyol le quedaba todavía media hora para obrar un milagro. En el 75 Romero probó los guantes de Lunin y también Vinicius rondaría después el hat-trick. En el 82 Arbeloa le quitó para meter a Palacios y también a Tchouaméni para meter al defenestrado Camavinga.
El Real Madrid decidió dormir el partido y lo hizo bien. No pasaron grandes cosas en los últimos minutos y los de Arbeloa abrocharon una victoria sustentada en el doblete de Vinicius que da un punto de emoción y otro de morbo al Clásico del domingo que viene. O ganan los blancos o el Barcelona cantará el alirón en la cara del Madrid.