La odisea de Reyes Pla tras escapar de Cuba: «Pasé por la cárcel y un campo de refugiados»
El boxeador español de origen cubano, bronce en los Juegos Olímpicos 2024, repasa tu trayectoria en OKDIARIO
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«Con un vaso de agua estoy bien», responde Emmanuel Reyes Pla cuando, instantes previos a la entrevista con OKDIARIO, un miembro de su equipo le pregunta qué quiere tomar. Mide y cuida todo lo que ingiere. También se deja medir y cuidar. «Me siento aquí o donde tú me digas», contesta para facilitar el plano a la cámara. No se dejen engañar por su nariz achatada debido a las peleas, Reyes Pla es de naturaleza afable. Tal vez por todo lo que ha vivido, aunque desde luego, pese a todo lo que ha vivido. La suya es una de esas historias que Netflix busca para sus documentales.
Reyes Pla ha vivido muchas vidas en una. Nació en Cuba, viajó hasta Rusia, país que no puso trabas a su pasaporte gracias a las raíces ideológicas compartidas por ambas naciones, y cruzó toda Europa hasta arribar en España. Un nómada del Viejo Continente. Bielorrusia, Austria, Alemania y una encarcelamiento de por medio fueron el peaje hasta cruzar la frontera española y reunirse con parte de su familia, que residía en La Coruña. Entrenó en suelo nacional y se colgó el bronce en los últimos Juegos, en París.
«Me fui de Cuba porque estaba ganando, pero no me daban la oportunidad para competir en un torneo grande. Así que fui a cogerla a España porque tenía familia en Galicia. He caminado por toda Europa, soy un nómada. Salí de Cuba buscando el sueño olímpico. Fui de Rusia a Bielorrusia, de ahí a Austria donde pedí asilo y me metieron en un campo de refugiados durante tres semanas y al salir, me fui a Alemania. En la frontera con Francia me pararon y como no tenía documentos me llevaron a la prisión. Estuve preso un par de meses y me devolvieron al campo de refugiados de Austria. Y ya me dije ‘me cojo un avión y que sea lo que Dios quiera’. Y fue lo más fácil. Llegué a Barcelona y de ahí fui a Galicia», asegura.
Una odisea que recuerda con humor. «James Bond me decían en Europa», bromea. «Después llegué a España y ahora soy bronce olímpico tras las vueltas que di», ríe. Su presea cambió el porvenir del boxeo español. El puerto a coronar en París era alto. Todo lo que son 24 años sin medalla en general y toda una vida en categoría superpesado, la de Reyes Pla. Le quitó el polvo que presidía la vitrina olímpica del boxeo nacional desde que Rafa Lozano lograba el subcampeonato en Sídney 2000. Reyes Pla rezuma hilaridad y pureza por los cuatro costados. Lo que la última generación del castellano cataloga como buenrollismo y disfrutón.
Pregunta. ¿Por qué decidió salir de Cuba?
Respuesta. Salí de Cuba porque, aunque ya estaba en el equipo nacional y rendía bien, ganando competiciones, nunca me daban la oportunidad en torneos grandes como unos Juegos Olímpicos o un Mundial. Siempre había excusas: que otro tenía más experiencia, que yo era joven… pero el tiempo pasa y uno no se queda joven para siempre. En 2016, tras un torneo nacional donde gané plata y ya había subido de peso, decidí que si no tenía oportunidades allí, tenía que buscarlas fuera. Además, tenía familia en Galicia, así que vi claro el camino hacia España.
P. ¿Cómo fue ese proceso para salir de Cuba y llegar a España?
R. La única forma de salir era a través de países con libre visado como Rusia. Hice un recorrido por varios países hasta llegar a Moscú, y desde allí volé a Austria, donde pedí asilo. Estuve unos días retenido en el aeropuerto y luego en un campo de refugiados. Después, investigué rutas como pude, sin saber idiomas, y traté de cruzar fronteras. En Alemania me detuvieron por no tener documentos y estuve en prisión de inmigrantes un mes y medio. Luego me devolvieron a Austria y decidí que no iba a seguir arriesgando: cogí un avión y volé a Barcelona. Desde ahí fui a Galicia, donde estaba mi familia. Todo el proceso duró unos dos o tres meses.
P. ¿Recuerda cómo fue el reencuentro con su familia?
R. Fue un alivio total. Después de toda esa odisea, al ver a mi familia, sentí tranquilidad. A partir de ahí, mi objetivo era claro: volver a centrarme en el deporte y luchar por representar a España en unos Juegos Olímpicos.
P. ¿Cómo le acogió España?
R. Muy bien desde el primer momento. En Galicia y luego en la Blume, entrenadores como Rafa, Chano Planas y Manolo me apoyaron muchísimo. Me ayudaron con todo, especialmente con el proceso para competir por España. Fue largo conseguir la nacionalidad, pero al final lo logramos en 2020, justo antes de los clasificatorios para Tokio. España me dio una oportunidad de vida y siempre intento devolverlo representando al país lo mejor posible.
P. ¿Cómo vivió el momento en el que obtuvo la nacionalidad?
R. Fue tan intenso que me afectó físicamente. Me dieron la noticia en plena competición y los nervios me jugaron una mala pasada: me mareaba, no me acordaba de las cosas. Aun así, fue una alegría enorme porque por fin podía competir en unos Juegos Olímpicos.
P. Muchos deportistas cubanos deciden no regresar a su país. ¿Por qué ocurre esto?
R. Porque hay mucho talento, pero no hay recompensa. Ves que haces buenos resultados y no mejoras tu calidad de vida. Mientras tanto, otros deportistas con menos nivel viven mejor fuera. Además, muchos quieren ayudar a sus familias. Cuando sales y ves cómo funciona el mundo, entiendes la diferencia y decides quedarte.
Pregunta: ¿Cómo es la realidad dentro de Cuba actualmente?
R. Es muy dura. Hay muchas carencias, falta de recursos básicos y la gente lo pasa mal. Desde fuera duele ver que se proyecta una imagen que no es real. La mayoría de la población vive en condiciones complicadas, incluso en la capital.
P. ¿Cómo es la relación con su familia en Cuba?
R. Sigo en contacto con mi madre y otros familiares. Intento ayudarlos económicamente, aunque el sistema hace que ese dinero no siempre llegue de forma directa. Aun así, es mi responsabilidad apoyarles.
P. En lo deportivo, sigue subiendo escalones.
R. Es muy importante, pero siempre quiero más. Después del diploma en Tokio y el bronce en París, el objetivo ahora es el oro en Los Ángeles. He ido subiendo paso a paso y quiero culminarlo allí.
P. Los árbitros nunca han inclinado la balanza a tu favor. ¿Cómo has gestionado las decisiones polémicas que ha tenido?
R. Es algo a lo que ya estoy acostumbrado. Por eso intento trabajar el doble o el triple para que no haya dudas en el resultado. El arbitraje en el boxeo tiene problemas desde hace años y creo que deberían implementar tecnologías como la inteligencia artificial para hacerlo más justo.
P. Mirando al futuro… ¿Qué espera de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles?
R. Voy con la mentalidad de conseguir el oro. Ya conozco el nivel y sé lo que tengo que hacer. Queda poco tiempo y hay que aprovecharlo al máximo.
P. ¿Serán sus últimos Juegos Olímpicos?
R. Probablemente sí. El boxeo amateur es muy exigente y desgastante, tanto física como mentalmente. Después de Los Ángeles, la idea es centrarme más en el boxeo profesional.
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