Un Madrid a prueba de golpes (96-72)
El parque de atracciones del Palacio volvió a abrir ante la inminente llegada de la Navidad. El Real Madrid disfrutó e hizo disfrutar en una nueva victoria ante Herbalife Gran Canaria (96-72), que intentó compensar su desacierto con intensidad e incluso provocación a los estiletes madridistas, pero acabó rindiéndose ante la superioridad de un equipo herido por las dos últimas derrotas de Euroliga, y que hoy ni siquiera se planteó perder.
Los espectadores que acudieron en la tarde del domingo al Wizink Center pudieron disfrutar del Real Madrid que todo madridista quiere ver. Todos unidos en un mismo camino y aportando sus mejores cualidades en favor del equipo. Con un Rudy enchufadísimo, tanto en el pase como cara al aro, Tavares aportó intimidación en ambos aros, Carroll, Felipe y Maciulis pelearon tirando de experiencia e incluso Randle, de lo más gris de lo que va de curso, se atrevió con un par de penetraciones que dejaron muestra de su calidad.
El Real Madrid anotaba y se divertía, pero la verdadera diferencia estaba en la defensa. El conjunto blanco cerró su aro tanto en el rebote como en el tapón –tres espectaculares de Tavares– y los 36 puntos del rival al descanso mantenían en la media a los rivales de las grandes noches de los blancos.
Estaba siendo una labor coral a la que sólo faltaba por añadir a la estrella. Luka Doncic no inició de forma positiva el encuentro, con varias decisiones erróneas que minaron su moral, pero en una nueva demostración de mentalidad ganadora, el esloveno cerró la primera mitad con dos triples que llevaban al Madrid a la máxima del partido y una proyección de 100.
Cinco puntos de Thompkins abrieron la segunda mitad amenazando con asentar al Real por encima de los 20 de ventaja, pero la reacción de Gran Canaria no se hizo esperar. El Madrid estaba haciendo pequeño a un gran equipo, pero un minuto de relajación devolvió la emoción al partido.
El único fallo en este tramo lo cometió Seeley, que desafió y agredió a Doncic en una acción polémica solucionada con una técnica para ambos equipos. Esto despertó el instinto matador del esloveno y una subida de nivel de todo su equipo, que volvió a estirar el chicle tanto como pudo, ya que el desacierto en tiros librados resultaba llamativo.
Un triple de Maciulis, después de nuevos minutos de dudas e inmediata reacción, culminó un parcial que volvía a colocar al Madrid por encima de los veinte de diferencia, y sin la necesidad de que Doncic saltara a la pista. El niño se divertía cantando ‘Despacito’ en el descanso entre cuartos, sin que le afectaran los golpes ni la tensión del partido. Felipe, otro bólido hecho a prueba de golpes, seguía produciendo en la zona en un encuentro que ya solo deparó rotaciones, minutos para los menos habituales y la confirmación del regreso a la senda de la victoria del Real Madrid.
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