Highbury o cómo el fútbol trasciende la sociedad: viviendas de lujo dentro del antiguo estadio del Arsenal
OKDIARIO entra dentro del que fuera estadio del Arsenal durante 93 años
Ahora es un complejo de viviendas de lujo, pero mantiene la estructura del estadio
La fachada, el techo e incluso la forma del terreno de juego en el patio interior
«El Arsenal se dejó el alma en Highbury», dijo en su día Arsene Wenger, alma máter del club londinense. En la estación de metro de Arsenal convergen pasado y presente del la entidad inglesa. «¿Vamos primero al actual o al de antes?», pregunta un periodista español a quien escribe estas líneas tras poner un pie en la calle. De un punto a otro apenas hay medio kilómetro andando. Si uno decide caminar recto a la derecha, desembocará en el Emirates Stadium; si la dicotomía le lleva por la izquierda, retrocederá dos décadas en el tiempo.
Pues ahí descansa Highbury, el mítico y antiguo estadio del Arsenal que ahora da cobijo a bolsillos selectos de Londres. El metro cuadrado supera las 13.000 libras y las casas no bajan del medio millón de euros las más humildes. Cuando el fútbol bajó las persianas en Highbury, las familias levantaron las suyas. El que fuera estadio del Arsenal durante 93 años es desde 2006 una urbanización de viviendas de lujo. Sin embargo, el alma, como bien dijo el sabio Wenger, sigue ahí.
La fachada principal sigue siendo la del estadio. La entrada sigue siendo la del estadio. El techo de las viviendas sigue siendo el del estadio. Incluso la forma del patio interior sigue siendo como el terreno del estadio. Todo sigue como el añejo estadio porque la naturaleza de Highbury es la de un estadio. «Por aquí no se puede pasar, da la vuelta», ordena un trabajador del edificio que, por supuesto, va ataviado con un uniforme presidido por el cañón del escudo del Arsenal. A la vuelta de la esquina ya nadie impide el paso.
La grada principal rasga el horizonte de la vista a medida que uno avanza. Es lo primero que se ve. El techo es el mismo, incluso sobreviven algunas vigas originales, aunque lo sorprendente es el corazón del recinto. Idéntica forma que el terreno de juego. Si uno cierra los ojos y da rienda suelta al imaginario, visualizará un gol de Henry, un control de Bergkamp, una entrada de Vieira, un pase filtrado de Pirés, una parada de Lehmann…
Highbury sigue teniendo pulso, lo mantienen los 650 apartamentos. Las paredes de Highbury guardan un arsenal de batallitas dignas de un domingo de sobremesa. Durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizado como refugio para ataques aéreos. De hecho, un parte de la grada fue destruida en un bombardeo. Aquello es historia.
Ahora, viviendas tipo loft presiden el que en su día fue un mítico estadio. Ahora el silencio reina donde antes se sospechaba cuando no había bullicio. Ahora el Arsenal se desempeña en un estadio con el doble de capacidad y todas las moderneces, pero Wenger tenía razón. El Arsenal se dejó el alma en Highbury. Ahora todo es diferente e idéntico a la vez. Highbury ya no grita, pero mantiene el latido.
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