Pablo Neruda, poeta y premio Nobel de Literatura: «El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él»
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Además de ser el autor de los poemas de amor más leídos del siglo XX, Pablo Neruda fue también el hombre que construía sus casas como juguetes, coleccionaba objetos extraños y escribía odas a las cebollas y a los calcetines. Y desde luego, hay que destacar que esa curiosa actitud lúdica no era un mero capricho: era parte de su poética.
El poeta chileno nació en 1904 en Parral, creció entre la lluvia y los bosques del sur de Chile y fue en Temuco donde encontró su voz literaria. Allí, siendo adolescente, conoció a Gabriela Mistral. Años después, Neruda se convirtió en uno de los escritores más leídos en español y, como muchos ya saben, en el ganador del Premio Nobel de Literatura de 1971.
La frase de Pablo Neruda sobre el juego y de dónde viene
El primer ejercicio para abordar la frase de Neruda como se lo merece es releerla de forma completa:
«El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta».
Este fragmento literario pertenece a ‘Confieso que he vivido’, las memorias que Pablo Neruda terminó de escribir en los últimos años de su vida y que se publicaron de forma póstuma, editadas por su viuda, Matilde Urrutia.
En ese libro, además de repasar episodios políticos y personales, dejó también una defensa abierta de la imaginación y la capacidad de asombro.
En el pasaje que nos compete en esta ocasión, Neruda escribió que había construido sus casas «como un juguete» y que jugaba en ellas de la mañana a la noche.
Y ojo, porque su declaración no era retórica: tenía una de las colecciones de objetos más excéntricas de Latinoamérica, desde mascarones de proa hasta botellas de barco.
Así, para Neruda, el hecho de jugar era algo que no se debía dejar atrás al crecer. Esta era su postura frente a la vida, capaz de mantener viva la sensibilidad y de alimentar la creatividad.
Odas elementales: cuando la filosofía del juego entra en la poesía
La misma lógica que sostiene la cita sobre el niño aparece en uno de sus libros más singulares. En las ‘Odas elementales’, publicadas en 1954, Neruda dirigió la mirada hacia objetos del día a día.
Por ejemplo, una cebolla, unos calcetines tejidos a mano, un par de tijeras, el caldillo de congrio. En cada uno encontraba algo que merecía ser celebrado.
Era exactamente el gesto del niño que juega: mirar lo cotidiano con ojos abiertos, sin dar nada por descontado.
Esas odas son algunos de los poemas más populares de Pablo Neruda, capaces de llegar a lectores que nunca antes habían leído versos.
Del sur de Chile al Premio Nobel: ¿Quién fue Pablo Neruda?
Para quienes no conozcan del todo a este ilustre, Pablo Neruda nació el 12 de julio de 1904 en Parral, Chile, con el nombre de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto. Creció en Temuco, en la frontera sur del país, con su padre ferroviario y una madrastra a la que llamaba cariñosamente «la mamadre».
La lluvia, los bosques y la cultura mapuche de la región marcaron su sensibilidad desde pequeño.
Adoptó el seudónimo Pablo Neruda en 1920, inspirándose en el poeta checo Jan Neruda, para ocultar su actividad literaria a su familia. A los diecinueve años publicó ‘Crepusculario’ (1923) y al año siguiente ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ (1924), el libro que lo lanzó a la fama y que sigue siendo uno de los poemarios más vendidos en español.
La vida de Neruda tuvo también una dimensión política intensa. Fue cónsul en Birmania, Java, Argentina y España. La muerte de su amigo Federico García Lorca durante la Guerra Civil española lo transformó en un poeta comprometido con las causas sociales.
En Chile llegó a ser senador por el Partido Comunista, hasta que en 1948 fue perseguido por el gobierno y tuvo que exiliarse en Europa.
Murió el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet contra Salvador Allende, en circunstancias que todavía hoy están bajo investigación judicial.
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