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Sigmund Freud, padre del psicoanálisis: «No nos elegimos unos a otros al azar. Sólo nos encontramos con aquellos que ya existen en nuestro subconsciente»

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Hay personas que aparecen en nuestra vida y, desde el primer momento, provocan una sensación difícil de explicar. Puede ser una amistad, una pareja o incluso alguien que acabamos de conocer, pero existe algo en esa persona que despierta una familiaridad inesperada. Sigmund Freud dedicó buena parte de su trabajo en el psicoanálisis a estudiar precisamente aquello que permanece fuera de nuestra conciencia y que, aun así, puede influir en nuestra manera de actuar. Una de sus reflexiones más conocidas resume esta idea. «No nos elegimos unos a otros al azar. Sólo nos encontramos con aquellos que ya existen en nuestro subconsciente».

El peso del subconsciente

Para comprender esta reflexión, hay que detenerse en uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, que es el inconsciente. Freud sostuvo que una parte importante de nuestra vida psíquica permanece fuera de la conciencia y que determinados deseos, recuerdos, conflictos y experiencias pueden continuar influyendo en nuestra conducta aunque no seamos plenamente conscientes de ello. Esta concepción se convirtió en uno de los pilares de la teoría psicoanalítica.

Aplicada a las relaciones personales, la idea plantea que nuestras elecciones no dependen exclusivamente de criterios racionales. Cuando alguien nos atrae, nos inspira confianza o nos genera un rechazo inmediato, pueden intervenir experiencias anteriores y asociaciones que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida. No siempre sabemos explicar por qué una determinada persona nos provoca una reacción concreta, pero eso no significa necesariamente que no exista una razón psicológica detrás.

Cuando lo conocido vuelve

Una de las ideas de Freud que mejor encaja con esta reflexión es la tendencia a repetir determinados patrones. El psicoanálisis estudió cómo algunas personas pueden reproducir situaciones o dinámicas que ya han experimentado anteriormente, incluso cuando conscientemente desearían comportarse de otra manera. Esta repetición puede aparecer también en los vínculos y convertirse en un patrón difícil de reconocer desde dentro.

Por eso, una relación puede resultar familiar incluso cuando la persona que tenemos delante es completamente nueva. Determinados gestos, formas de comunicarse o maneras de mostrar afecto pueden recordar inconscientemente a experiencias anteriores. Desde la perspectiva freudiana, esa familiaridad podría contribuir a explicar por qué algunas conexiones parecen surgir con una intensidad inmediata y por qué determinadas personas despiertan emociones especialmente profundas.