Curiosidades
Reflexión literaria

La reflexión centenaria del Quijote sobre la literatura: «No hay libro tan malo -dijo el bachiller- que no tenga algo bueno»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La cita que aquí nos convoca pertenece a una de las escenas más comentadas del Don Quijote de la Mancha, la novela que Miguel de Cervantes publicó en dos partes, en 1605 y 1615. En ella, un personaje secundario reflexiona sobre el oficio de escribir y sobre cómo se recibe una obra cuando ya está en manos del público, algo que cualquier autor reconoce todavía hoy.

Lo llamativo no radica en la frase en sí, sino en el contexto en el que surge: dos personajes hablan de un libro que, dentro de la ficción, ya ha sido impreso y leído por miles de personas. Esa vuelta de tuerca convirtió el pasaje en uno de los ejemplos más citados cuando se habla de literatura que se mira a sí misma.

¿Quién dice en el Quijote que «no hay libro tan malo que no tenga algo bueno»?

La frase la pronuncia el bachiller Sansón Carrasco en el capítulo III de la segunda parte del Quijote, publicada en 1615.

Sansón, vecino del pueblo de Alonso Quijano y buen conocido del hidalgo, llega a visitarlo nada más volver de estudiar en Salamanca y le cuenta algo insólito: que su historia, la de sus aventuras junto a Sancho Panza, ya circula impresa por toda España y también en otros idiomas.

Según le explica el bachiller, ya se habían impreso más de 12.000 ejemplares de la primera parte del Quijote, con traducciones en marcha a varias lenguas.

Don Quijote, encantado con la noticia, empieza entonces una conversación sobre cómo debe escribirse una buena historia y sobre los defectos que algunos lectores ya le achacaban a la obra que narraba su propia vida.

Por su parte, Sansón Carrasco se convertiría, a lo largo de la segunda parte, en uno de los personajes más importantes del libro: era bachiller por Salamanca, de complexión enjuta y aficionado a las burlas.

Posteriormente, terminaría disfrazándose de caballero andante para intentar convencer a don Quijote de que volviera a su aldea y abandonara las armas, un plan que solo lograría cumplir mucho más adelante, tras varios intentos fallidos.

Las críticas al Quijote que ya se leían dentro del propio libro

No obstante, Sansón Carrasco no solo trae buenas noticias: también reproduce las quejas que ya circulaban entre los primeros lectores de la obra.

En este sentido, le cuenta a don Quijote que muchos censuraban las novelas ajenas intercaladas en la historia, como la de ‘El curioso impertinente’, por considerarlas un desvío innecesario respecto a las aventuras del hidalgo y su escudero.

También menciona descuidos de continuidad, como el robo del rucio de Sancho, un burro que desaparece y reaparece sin explicación entre distintos capítulos.

Por su parte, don Quijote, lejos de ofenderse, admite que quien escribe historias necesita buen juicio y madurez, y lamenta que el autor original mezclara asuntos ajenos con lo que a él mismo le había ocurrido.

¿Por qué la frase del bachiller Sansón Carrasco se sigue citando hoy?

Es justamente aquí donde Sansón Carrasco suelta la frase que le da título a este artículo: «No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no tenga algo bueno». Don Quijote responde con un simple «no hay duda», y a partir de ahí ambos personajes debaten sobre lo injusto que resulta juzgar con dureza a quien se atreve a publicar, mientras los críticos nunca arriesgan nada propio.

El propio bachiller remata la idea con otra frase que se volvió igual de popular entre lectores de letras: «También alguna vez dormita el bueno de Homero», recordando que hasta los autores más grandes de la historia cometieron errores.

Así, cuatro siglos después, esa defensa se sigue usando casi textual en debates sobre cine, música o cualquier obra que reciba una crítica desmedida.

Hoy, buscar la frase en internet devuelve resultados de crítica de cine, reseñas de discos y hasta manuales de escritura creativa, que la usan como advertencia contra la soberbia de juzgar sin matices.

Y es que, si uno se sincera, pocas líneas de la literatura española han viajado tan lejos de su contexto original sin perder del todo su sentido.

El Quijote y el truco literario que adelantó siglos a la novela moderna

Este pasaje forma parte de un recurso que convirtió al Quijote en una obra adelantada a su tiempo: Cervantes construyó la segunda parte como si sus personajes hubieran leído la primera, algo que en 1615 resultaba prácticamente inédito.

Ese juego, en el que la ficción comenta su propia existencia, hoy se conoce como metaliteratura y sigue estudiándose en las facultades de letras de medio mundo.

Inclusive, recordemos que ese mismo recurso volvió a aparecer meses después con más fuerza todavía: cuando en 1614 circuló una segunda parte apócrifa firmada por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, Cervantes terminó su historia auténtica citando y respondiendo directamente a ese impostor dentro de la propia novela.

Esto, desde luego, es algo que ningún autor de la época se había atrevido a hacer.