¿Por qué se contagian los bostezos?
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Un contagio inevitable
A todos nos ha pasado. Te levantas una mañana después de haber dormido mejor que nunca. Diez horas de sueño acompañan tu nueva jornada, cuerpo y mente yacen descansados en un organismo que no necesita más reposo pero de repente ves a tu madre bostezar y «se te pega». El bostezo se vuelve inevitable y tu piensas: ¿Por qué? Muy sencillo, bostezar es inevitable, y según los primeros estudios de la Universidad de Nottingham, se debe a la activación de la corteza motora del cerebro.
Aunque no estemos cansados podemos tener el mayor de los bostezos que hayamos generado nunca. Simplemente porque se activa una región muy concreta del cerebro que es la responsable de la ejecución del movimiento y los impulso neuronales. Una especie de acto reflejo que recibe el nombre de ecofenómeno y que puede definirse como la repetición involuntaria de las acciones de tus semejantes. Una teoría que se enmarcaba como un auténtico enigma hasta la actualidad.
Demostrado científicamente
El estudio que llevó a cabo la Universidad de Nottingham con Stephen Jackson a la cabeza consistía en la participación de 36 voluntarios a los que se le expuso un vídeo de diferentes personas bostezando. La única norma fue que intentaran reprimir el bostezo. Después el análisis de los resultados y la contabilización de los bostezos se quiso demostrar la relación entre este acto y la excitabilidad motora. Por lo tanto, los investigadores utilizaron la estimulación magnética transcraneal (TMS) para intentar generar un bostezo.
Los resultados fueron positivos, determinando que a través de la estimulación eléctrica también es posible incitar a los bostezos. Además, se llegó a la conclusión que el intento de reprimir este acto reflejo aumenta a grandes niveles la necesidad del mismo. Otro de los aspectos más destacados del experimento es que gracias a las TMS se pudo determinar que sujeto era más o menos propenso a contagiarse de los bostezos. Una acción que depende totalmente de la excitabilidad cortical y la inhibición fisiológica del córtex motor primario de cada individuo y que varía de unas personas a otras.
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