Los psicólogos dicen que las personas que no hacen la cama por la mañana no es sólo por procrastinación, más bien es un síntoma de flexibilidad en las rutinas
No hacer la cama no siempre es pereza: una psicóloga lo relaciona también con la flexibilidad y la independencia
La psicología dice que las personas que comprueban si han cerrado la puerta de casa no lo hacen sólo por precaución, en realidad están lidiando con la ansiedad anticipatoria
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Hacer la cama nada más levantarse es para muchas personas algo casi automático. Suena el despertador, se levantan, dejan que la habitación se ventile un poco y antes de irse a trabajar hacen la cama. Pero también están los que hacen todo lo contrario, es decir, que no tocan la cama hasta que llega la noche y se vuelven a meter en ella. Una diferencia aparentemente insignificante que no tiene por qué reducirse simplemente a ser más o menos ordenado.
La psicóloga Leticia Martín Enjuto explica que detrás de la costumbre de no hacer la cama pueden aparecer distintas formas de enfrentarse a las rutinas. Entre ellas menciona la procrastinación, pero también habla de flexibilidad, independencia, necesidad de control e incluso creatividad. Eso no significa que podamos conocer la personalidad de alguien con sólo entrar en su dormitorio y mirar cómo ha dejado las sábanas. De hecho, la propia especialista introduce un matiz importante y es que estos comportamientos deben entenderse como posibles indicios y no como una herramienta para juzgar a una persona. No hacer la cama puede responder simplemente a una preferencia personal. La interpretación sin embargo cambia cuando ese pequeño gesto forma parte de una dejadez mucho más amplia y persistente en la vida cotidiana.
Qué significa no hacer la cama por la mañana según una psicóloga
Durante años siempre que se ha mencionado que alguien hace la cama, se ha pensado en orden y la disciplina, mientras que no hacerla puede provocar justo la impresión contraria y llevar a pensar que detrás hay pereza o una tendencia a dejar las cosas para después. Martín Enjuto incluye precisamente la procrastinación entre las posibles explicaciones. No recoger la cama puede ser una tarea más que se pospone dentro de un patrón en el que también se van dejando para más tarde otras obligaciones cotidianas.
En estos casos, la psicóloga propone una estrategia bastante sencilla para enfrentarse a las tareas pendientes: dividir aquellas que resulten más grandes en pasos pequeños y manejables. Empezar por algo asumible puede facilitar que finalmente se complete aquello que se estaba aplazando. Sin embargo, quedarse únicamente con esta explicación sería simplificar demasiado el comportamiento. No todas las personas que salen de casa dejando el edredón como estaba cuando se levantaron están procrastinando.
También puede relacionarse con rutinas más flexibles
Aquí aparece otra de las explicaciones que ofrece la especialista. Hay personas que sencillamente no consideran imprescindible hacer la cama todos los días. Sus rutinas son menos rígidas y pueden modificarlas en función de lo que tengan que hacer esa mañana. Desde esta perspectiva, saltarse una tarea que tradicionalmente se ha considerado obligatoria puede estar relacionado con una forma más flexible de organizar el día.
Esa flexibilidad puede ser incluso algo bueno ya que puede hacer que algunas personas se adapten con mayor facilidad cuando cambian sus planes. Si una mañana tienen prisa, por ejemplo, dejar la cama sin hacer no supone ningún problema porque no sienten la necesidad de completar necesariamente esa tarea antes de continuar con el resto del día. Por último, la psicóloga también menciona la independencia. Para determinadas personas, no seguir la norma aprendida de que «hay que hacer la cama todas las mañanas» puede ser simplemente una manera de vivir de acuerdo con sus propias reglas.
La necesidad de decidir sobre el propio espacio
Hay una diferencia entre vivir rodeado de un desorden que resulta problemático y decidir conscientemente que determinadas normas domésticas no son importantes. Según la interpretación que plantea Martín Enjuto, dejar la cama sin hacer también puede estar relacionado con la necesidad de controlar cómo organizamos nuestra propia vida. Es decir, decidir personalmente qué merece atención y qué puede esperar en lugar de actuar porque así lo establecen las convenciones o las expectativas de otras personas.
Incluso el desorden tiene otra posible lectura. La especialista señala que un entorno menos organizado no tiene por qué representar siempre algo negativo y que, en determinadas circunstancias, puede relacionarse con una mayor creatividad o con la preferencia por la expresión personal frente a un orden convencional. Esto tampoco significa, evidentemente, que dejar la habitación desordenada convierta a alguien en una persona más creativa. Son posibles asociaciones que necesitan interpretarse dentro del comportamiento general de cada individuo.
Cuándo dejar la cama sin hacer puede significar algo diferente
El contexto es precisamente lo que marca la diferencia. La psicóloga llama la atención sobre aquellos casos en los que existe una desatención sistemática y generalizada de las tareas cotidianas. Si el dormitorio desordenado forma parte de una pérdida más amplia de interés por el día a día, puede aparecer asociado a situaciones de cansancio, falta de motivación, estrés o malestar emocional.
Por eso, una cama sin hacer de manera aislada dice bastante menos de lo que muchas veces queremos interpretar. Puede haber procrastinación, pero también una rutina flexible, una preferencia personal o simplemente la decisión de dedicar esos minutos de la mañana a otra cosa.
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