Curiosidades
Psicología

La psicología lo confirma: las personas que dejan sus notificaciones sin leer en lugar de abrirlas inmediatamente pueden tener una forma particular de gestionar las solicitudes no deseadas

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Hay personas que no soportan ver una notificación pendiente en la pantalla del móvil y necesitan abrirla cuanto antes. Otras, en cambio, acumulan decenas de avisos sin leer durante horas o incluso días. Aunque desde fuera pueda parecer desinterés o falta de atención, la psicología apunta a una explicación más compleja, ya que dejar una notificación pendiente también puede ser una manera de decidir cuándo prestar atención a una nueva solicitud.

El móvil también reclama nuestra atención

Cada sonido, vibración o aviso aparece como una interrupción potencial. Una investigación descubrió que las notificaciones podían perjudicar el rendimiento en una tarea que requería concentración, incluso cuando los participantes no cogían el teléfono. El simple aviso era suficiente para provocar pensamientos ajenos a la actividad que estaban realizando.

Por eso, no abrir inmediatamente una notificación puede funcionar como una barrera frente a esa interrupción. En lugar de permitir que cada mensaje determine qué hacer a continuación, la persona puede mantener la tarea que estaba realizando y decidir posteriormente cuándo revisar el contenido. Investigaciones sobre distracciones digitales han identificado precisamente silenciar las notificaciones, desactivarlas o apartar el teléfono como estrategias habituales para reducir este tipo de interferencias.

Una forma de poner límites

La necesidad de responder inmediatamente tampoco es necesariamente positiva. En un experimento de campo con 247 participantes, los investigadores comprobaron que reducir las interrupciones provocadas por notificaciones estaba relacionado con mejor rendimiento y menor tensión durante la jornada. El efecto también estuvo relacionado con factores como el miedo a perderse algo y la presión percibida por responder rápidamente.

Además, una investigación publicada en 2026 encontró que las notificaciones de redes sociales podían ralentizar temporalmente el procesamiento cognitivo durante aproximadamente siete segundos, con una alteración mayor cuando el aviso resultaba relevante para la persona o existía un hábito frecuente de interactuar con el teléfono.

Por tanto, dejar una notificación sin abrir no significa necesariamente ignorar a alguien. Puede ser simplemente una manera de recuperar el control sobre cuándo atender una demanda. Eso sí, la misma conducta puede tener motivos completamente diferentes según la persona, ya que desde estar ocupada hasta evitar una conversación, posponer una decisión o, sencillamente, no considerar urgente aquello que acaba de llegar. La psicología ayuda a explicar el comportamiento, pero una notificación pendiente por sí sola no permite conocer las intenciones de quien la deja ahí.