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Psicología

La psicología explica por qué muchas personas guardan recuerdos de la infancia de sus hijos: no es sólo nostalgia, también ayuda a regular las emociones

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Un dibujo hecho en el colegio, el primer chupete, un pequeño zapato o una caja llena de fotografías. Son objetos que muchas familias conservan durante años, incluso cuando los hijos ya han alcanzado la edad adulta. Aunque pueda parecer una simple muestra de nostalgia, la psicología sostiene que estos recuerdos cumplen una función mucho más profunda. Para muchas personas, guardar objetos de la infancia de sus hijos constituye una forma de conectar con emociones positivas, aliviar momentos de estrés y reforzar el sentimiento de identidad familiar.

Mucho más que un recuerdo

Los psicólogos explican que estos objetos actúan como auténticos desencadenantes emocionales. Al volver a ver una fotografía, una manualidad o una prenda de cuando los hijos eran pequeños, el cerebro recupera recuerdos asociados a momentos de felicidad, protección y afecto. Esa evocación puede generar emociones agradables y contribuir a mejorar el estado de ánimo en situaciones de preocupación o tristeza.

Este proceso recibe el nombre de regulación emocional, es decir, la capacidad de utilizar determinados recursos para gestionar cómo nos sentimos. En este caso, los recuerdos materiales funcionan como un apoyo emocional que ayuda a reducir el estrés y favorece una sensación de bienestar.

La nostalgia también tiene beneficios

Durante muchos años, la nostalgia fue considerada una emoción negativa, relacionada únicamente con la tristeza o el deseo de volver al pasado. Sin embargo, las investigaciones actuales muestran una visión muy diferente. Recordar experiencias felices fortalece el sentimiento de continuidad personal, mejora la autoestima y ayuda a afrontar etapas de cambio o incertidumbre.

En el caso de los padres, conservar recuerdos de la infancia de sus hijos también les permite mantener viva una parte importante de su historia familiar. Es una forma de revivir momentos únicos y de recordar el crecimiento de los niños, reforzando el vínculo afectivo incluso cuando estos ya son adultos.

Los psicólogos recuerdan que guardar recuerdos no supone ningún problema por sí mismo. La diferencia está en la finalidad y en la manera de hacerlo. Conservar algunos objetos con valor sentimental es completamente normal y puede aportar bienestar emocional. Sin embargo, cuando la acumulación es excesiva, impide desprenderse de objetos sin utilidad o genera desorden y malestar, puede convertirse en un comportamiento poco saludable que merece atención profesional.

Pero guardar recuerdos de la infancia de los hijos no significa vivir anclado al pasado. Para muchas familias representa una manera de preservar su historia, transmitir recuerdos entre generaciones y reconectar con momentos de felicidad compartida. La psicología coincide en que estos pequeños objetos pueden convertirse en una valiosa herramienta para cuidar el bienestar emocional y fortalecer el sentimiento de pertenencia.