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El proverbio japonés sobre la sabiduría que también inspiró a Cervantes en El Quijote: «Al hijo querido hazle viajar»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El protagonista literario de hoy es un proverbio japonés que aconseja a los padres no proteger demasiado a sus hijos, sino animarlos a salir de casa y enfrentarse al mundo. Se ha transmitido durante generaciones como una lección sobre cómo se templa el carácter.

Lo curioso es que, siglos atrás y a miles de kilómetros de distancia, un escritor español puso en boca de su personaje más célebre una idea prácticamente idéntica. Ninguno de los dos se conocía.

¿Por qué un proverbio japonés y una frase de Cervantes dicen lo mismo sobre crecer?

El proverbio japonés dice, en su forma más citada, ‘Al hijo querido, hazle viajar’. No nos confundamos y pensemos que es una mera invitación al turismo. Significa que quien ama de verdad a un hijo debe dejarlo enfrentarse a las dificultades del mundo en lugar de protegerlo de ellas.

Cervantes escribió algo muy parecido cuatro siglos antes de que ese proverbio japonés llegara a Occidente. En la segunda parte de El Quijote (1615), el propio Don Quijote afirma: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho».

Esto lo dice ante Maese Pedro, un titiritero ambulante cuyo mono adivino parece reconocerlo sin haberlo visto antes. Don Quijote responde que su fama no viene de la magia, sino de la experiencia acumulada leyendo y recorriendo caminos.

Inclusive, el propio Quijote refuerza la idea en otros pasajes de la novela, donde sostiene que recorrer tierras y tratar con gente distinta vuelve a los hombres más despiertos y más discretos.

Dicho todo esto, podemos ya señalar que el proverbio japonés y la frase de Cervantes llegan, por caminos separados, a la misma conclusión: la sabiduría se construye con lo vivido, no solo con lo aprendido en casa.

¿Qué significaba realmente el viaje que pedía este proverbio japonés?

En el Japón anterior a la era moderna, viajar no tenía nada de placentero. Los caminos escondían bandidos, enfermedades y noches a la intemperie, así que completar un trayecto largo exigía aguante y capacidad de resolver problemas por cuenta propia.

Por eso este proverbio japonés no hablaba precisamente de turismo, sino de prácticas muy concretas de la época: el aprendizaje de artesanos que se iban a vivir con su maestro.

También se refería al musha shugyō, el viaje de entrenamiento que emprendían los samuráis jóvenes para foguearse fuera de su clan.

Así, alejarse de la familia y de la comodidad del hogar era, en ese contexto, un rito de paso necesario para forjar disciplina. Lejos, muy lejos estaba de ser un capricho o una simple aventura juvenil.

¿Cuánto de la sabiduría de Cervantes nació de sus propias heridas?

La idea que el autor pone en boca de Don Quijote tiene su trasfondo. Recordemos que Miguel de Cervantes combatió en la batalla de Lepanto, donde perdió movilidad en una mano, y pasó cinco años cautivo en Argel tras ser capturado por corsarios.

Después recorrió buena parte de España como recaudador de impuestos, un oficio que lo llevó a conocer posadas, caminos y personajes de todo tipo. Esa mezcla de sufrimiento y experiencia acumulada es la que asoma en la frase de su personaje más famoso.

Y aquí la coincidencia temporal llama la atención: mientras Cervantes escribía la segunda parte de El Quijote, en Japón acababa de empezar el periodo Edo (1603), la misma época en la que se consolidaron muchas de las tradiciones que dieron forma a este proverbio japonés.

La pregunta que deja abierta esta biografía es si se puede llegar a una conclusión así sin haber pasado antes por algo parecido, o si la lectura y los relatos ajenos bastan para adelantar ese aprendizaje.

¿Protegemos demasiado a quienes más queremos?

Este proverbio japonés incomoda porque contradice el instinto de protección. Hoy, gran parte de la crianza se mueve en la dirección contraria: evitar golpes, anticipar riesgos, resolver los problemas antes de que el hijo tenga que hacerlo.

En esta línea, ni el refrán japonés ni Cervantes hablan de exponer a alguien al peligro sin sentido. Hablan de dejar que la propia experiencia (los caminos recorridos, los libros leídos, los tropiezos) haga el trabajo que ningún consejo ajeno puede hacer del todo.

Muchas familias japonesas actuales siguen citando este proverbio japonés para justificar el primer viaje en solitario de un hijo adolescente, aunque ya no implique samuráis ni gremios de artesanos.

A modo de recordatorio y como dato de color, el propio Cervantes nunca vio publicada la fama que le dio El Quijote fuera de España: murió en 1616, el mismo año que Shakespeare, sin saber que su frase sobre leer y andar caminos seguiría citándose cuatro siglos después.

Hoy se sigue mencionando a más de diez mil kilómetros de distancia, en el mismo archipiélago japonés donde nació el proverbio que dice casi lo mismo.