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Mijail Gorbachov, premio Nobel de la Paz 1990: «Si podemos hacer que la economía vaya bien, la política y la paz se cuidarán ellas mismas»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Mijaíl Gorbachov, último líder de la Unión Soviética y Premio Nobel de la Paz en 1990, dejó una frase que resume toda su filosofía política: «Si podemos hacer que la economía vaya bien, la política y la paz se cuidarán ellas mismas». Detrás de esa afirmación hay una lógica concreta, cercana a la llamada teoría de la paz liberal en las relaciones internacionales.

Gorbachov sostenía que las tensiones políticas y los conflictos armados se alimentan casi siempre de la precariedad económica. Garantizar el bienestar material de los ciudadanos, algo que intentó impulsar con la Perestroika, era para él la base necesaria para que la democracia prosperara y las naciones convivieran en paz.

Cómo es posible que la economía sostenga la política y la paz por sí solas, según Gorbachov

La idea central es que la economía cubre las necesidades humanas básicas, y cuando funciona activa tres mecanismos que estabilizan la política. El primero reduce la frustración social, los gobiernos caen y las democracias se tambalean casi siempre ante la hiperinflación, el desempleo masivo o la escasez de alimentos, el caldo de cultivo perfecto para los discursos populistas radicales y las revoluciones.

Cuando los ciudadanos tienen un trabajo digno y poder adquisitivo, confían más en sus instituciones y la política se vuelve predecible.

El segundo mecanismo opera entre naciones, dos países que dependen económicamente el uno del otro difícilmente entran en guerra, porque el conflicto destruiría la economía de ambos. Las sanciones, la pérdida de mercados y la destrucción de las cadenas de suministro funcionan como incentivos poderosos para resolver las diferencias por la vía diplomática.

El tercero libera recursos para el bienestar, cuando un país prospera mediante el comercio, descubre que la riqueza se genera cooperando y no conquistando territorios, lo que permite reducir el gasto militar y redirigirlo hacia la educación y la salud.

La historia moderna, eso sí, ha demostrado que esta fórmula tiene límites, el crecimiento económico por sí solo no garantiza la paz si genera desigualdad extrema o si los líderes priorizan el nacionalismo por encima del interés económico. Aun así, el principio de fondo se mantiene válido: una economía rota sigue siendo el camino más rápido hacia el caos político.

Cómo se ve esta idea de Gorbachov en el día a día

En el día a día, esto no se traduce en teorías macroeconómicas, sino en cómo el dinero en el bolsillo define el humor y las decisiones cotidianas de cualquier persona. La tranquilidad de llegar a fin de mes, de pagar el alquiler y la comida sin sobresaltos, baja los niveles de estrés de forma drástica; cuando el dinero no alcanza, en cambio, aparece la desesperación, y con ella la delincuencia común, las protestas violentas o los saqueos. La escasez económica rompe la convivencia pacífica más rápido que cualquier ideología.

En el trabajo y los negocios, el interés mutuo obliga a cooperar incluso entre personas que piensan distinto en política o religión, una economía que funciona lleva a las empresas a contratar a gente de orígenes y opiniones diversas, y la necesidad de trabajar juntos para ganar dinero disuelve prejuicios que en otras condiciones generarían conflicto.

En la conversación cotidiana, cuando la economía va bien, la política pasa a un segundo plano y la gente habla de vacaciones o de fútbol; cuando va mal, la política lo inunda todo, las conversaciones se polarizan y crece la tentación de buscar culpables y apoyar a líderes que prometen soluciones mágicas.

Quién fue Mijaíl Gorbachov, el premio Nobel de la Paz de 1990

Mijaíl Gorbachov fue el último líder de la Unión Soviética, al frente del país desde 1985 hasta su disolución en diciembre de 1991. Está considerado una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX, célebre por poner fin a la Guerra Fría sin derramamiento de sangre y por permitir la reunificación de Alemania. Falleció en Moscú el 30 de agosto de 2022, a los 91 años.

Impulsó dos grandes reformas para intentar modernizar una Unión Soviética estancada, la Perestroika, una reestructuración económica orientada a descentralizar el control estatal e introducir elementos de libre mercado, y la Glásnost, una política de apertura que permitió por primera vez en décadas la libertad de expresión y la crítica al gobierno.

Aunque su intención era salvar y democratizar el sistema socialista, esas reformas desataron fuerzas que el propio Gorbachov no pudo controlar, y que terminaron en el colapso del bloque comunista y la fragmentación de la URSS en quince países independientes en 1991.