Mezclar bicarbonato, vinagre y limón ¿para qué se utiliza y por qué se recomienda?
Una mezcla de ingredientes bastante conocidos que siempre se menciona pero, ¿resulta realmente eficaz?
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Vinagre, bicarbonato y limón son tres ingredientes que aparecen en infinidad de trucos caseros. Los solemos usar para quitar olores, limpiar algunos rincones de la cocina, acabar con restos de suciedad o lavar determinados alimentos. Basta con buscar remedios de limpieza para encontrar los tres ingredientes juntos. Y seguramente buena parte de su fama tenga que ver con lo que ocurre nada más mezclarlos.
Si coges un poco de vinagre, otro poco de bicarbonato y añades limón exprimido, notarás como de repente aparece una espuma abundante que da la impresión de estar arrasando con todo. Pero las burbujas engañan un poco ya que esta mezcla puede resultar útil para algunas tareas de limpieza, aunque de ahí a considerarla un potente desinfectante hay bastante distancia. De hecho, cada ingrediente actúa de una forma distinta y juntarlos no siempre mejora el resultado. Entonces, ¿por qué se recomienda? Pues la clave está en saber el poder de acción de cada uno por separado y también de qué modo usarlos juntos para buenos resultados.
Mezclar bicarbonato, vinagre y limón ¿para qué se utiliza y por qué se recomienda?
El vinagre contiene ácido acético y el limón, ácido cítrico. El bicarbonato, en cambio, es alcalino, de modo que al entrar en contacto con cualquiera de esos ácidos se produce la conocida efervescencia y se libera dióxido de carbono. Esa reacción puede ayudar a mover o desprender suciedad y explica por qué el truco se ha hecho tan popular. El bicarbonato, además, tiene una ligera acción abrasiva que viene bien para retirar algunos restos pegados. Pero es importante señalar también que cuando juntamos un ácido con bicarbonato ambos reaccionan y parte de sus propiedades iniciales se neutralizan. Es decir, ver mucha espuma no significa que hayamos fabricado un limpiador mucho más potente.
¿El vinagre, el limón y el bicarbonato eliminan las bacterias?
Aquí conviene no confundir términos. Que algo sirva para limpiar no quiere decir que también desinfecte. El vinagre es un buen ejemplo. Su ácido acético puede actuar frente a algunas bacterias, entre ellas E. coli, aunque para conseguir resultados hacen falta concentraciones y tiempos que difícilmente vamos a reproducir mientras limpiamos la cocina.
Los datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) ayudan a entenderlo. Con ácido acético al 10% se necesita aproximadamente un minuto. Si la concentración baja al 5%, el tiempo pasa a unos 25 minutos. Y al 2,5% hablamos ya de alrededor de 150 minutos. Es bastante tiempo. Sobre todo si pensamos en cómo solemos utilizar el vinagre en casa cuando se aplica, se afrota, y se retira.
¿Y el limón? Tampoco podemos confiar en él para acabar con los microorganismos peligrosos. Contiene ácido cítrico y su acidez tiene efecto sobre el medio, pero eso no lo convierte en un desinfectante. El bicarbonato, por su parte, modifica el pH y puede dificultar el crecimiento de algunas bacterias. De nuevo, dificultar su crecimiento no es lo mismo que eliminarlas.
El limón puede cambiar el pescado, pero no significa que esté cocinado
Con los alimentos hay que tener todavía más cuidado con estas diferencias. Basta pensar en lo que ocurre al dejar pescado en zumo de limón. Al cabo de un rato cambia de color, se vuelve más firme y parece que se ha cocinado. En realidad, lo que estamos viendo es el efecto del ácido sobre sus proteínas. Ese cambio de aspecto no asegura que hayan desaparecido los microorganismos que pueden resultar peligrosos. Si un alimento necesita cocinarse para ser seguro, marinarlo con limón o vinagre no sustituye ese paso.
Hay estudios que han encontrado resultados interesantes al combinar vinagre y limón con frutas y verduras. Dejando actuar la mezcla durante unos 15 minutos, la presencia de salmonela puede reducirse hasta niveles muy bajos. El problema está en llevarlo a la práctica. Quince minutos en contacto con una mezcla ácida pueden estropear algunos alimentos y, en el caso de unas hojas de lechuga, afectar a su textura.
Cómo lavar las frutas y verduras en casa
No hace falta complicarse demasiado. AESAN recomienda lavar las frutas y verduras con agua corriente antes de consumirlas, aunque después vayamos a quitarles la piel. En las piezas de superficie dura podemos ayudarnos de un cepillo y después secarlas con papel de cocina o un paño limpio. Otra cuestión es que queramos desinfectarlas. En ese caso se puede recurrir a lejía, pero hay que mirar el envase antes de utilizarla. Debe indicar expresamente que es «apta para la desinfección de agua de bebida». AESAN ha utilizado como referencia una cantidad de 4,5 mililitros por cada tres litros de agua. Los alimentos se mantienen en ella durante cinco minutos y, terminado ese tiempo, se aclaran muy bien con agua corriente. No conviene trasladar esa cantidad automáticamente a cualquier lejía que encontremos en casa. Las concentraciones no tienen por qué ser iguales de un producto a otro, así que el etiquetado y las instrucciones del fabricante son los que deben marcar cómo utilizarla.
Para qué merece la pena usar bicarbonato, vinagre y limón
Que esta combinación no sea un desinfectante infalible no significa que haya que desterrarla de casa. El error está más bien en esperar de ella algo que no puede garantizar. El bicarbonato resulta práctico para arrastrar determinada suciedad y combatir olores. Los ácidos del limón y el vinagre pueden ayudar con algunos residuos minerales y restos de cal. Y la efervescencia que aparece al mezclarlos puede favorecer que ciertos residuos se desprendan.
Para limpiar, por tanto, pueden tener su sitio. Para garantizar que hemos eliminado microorganismos peligrosos, no. Y esa diferencia es especialmente importante cuando hablamos de comida. Lavar correctamente los alimentos, mantener una buena higiene en la cocina y cocinarlos cuando corresponda continúa siendo bastante más fiable que confiar la seguridad alimentaria a tres ingredientes simplemente porque, al juntarlos, hagan mucha espuma.
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