Kenso Soai, científico japonés premio Nobel de Química 2026 (76 años): «La química es un puente que sirve para unir a personas con los mismos intereses y pasiones»
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El nombre de Kenso Soai ha dado la vuelta al mundo este miércoles. Todo, gracias a que la Real Academia Sueca de Ciencias anunció en Estocolmo que el químico japonés, de 76 años, comparte el Premio Nobel de Química 2026 con el francés Henri Kagan, un reconocimiento a décadas de trabajo sobre una de las preguntas más viejas de la ciencia: ¿Por qué la vida eligió un solo «lado»?
Más allá de sus aportaciones técnicas, el investigador nacido en Hiroshima ya había dejado pistas sobre su manera de entender el oficio. Lo hizo en 2008, en una entrevista concedida a la Royal Society of Chemistry británica, donde repasó qué le llevó a la química, cuál es a su juicio el secreto de una investigación de éxito y qué lugar ocupa la ciencia en su vida.
Una mirada profunda de Kenso Soai: «La química es un puente que une a personas con los mismos intereses y pasiones»
En aquella conversación con la periodista Joanne Thomson, publicada en Chemical Science (el boletín de la Royal Society of Chemistry), el recién premiado Kenso Soai (hoy profesor emérito de la Universidad de Ciencias de Tokio) explicó que lo mejor de su trabajo es que le interesa de verdad lo que investiga.
Y añadió una idea que resume su visión: «La química es un puente que une a personas con los mismos intereses y pasiones».
Uno entonces intuye que para el científico japonés, escuchar conferencias, debatir y colaborar con químicos de todo el mundo sobre la quiralidad (su gran campo de estudio) es lo que hace su vida «realmente emocionante».
Además, esa dimensión colectiva convive con otra más íntima: el momento en que aparece un resultado prometedor, sobre todo si es inesperado, le resulta «muy estimulante».
Para suerte de este investigador, la vocación llegó pronto. Soai contó que le interesaban las ciencias naturales desde niño y que soñaba con dedicarse a investigar, aunque sin una materia concreta en mente.
Ya en la universidad asistió a todo tipo de clases y seminarios para orientarse, y a mitad del segundo curso se decantó por la química porque pensó que era la disciplina en la que más podría aportar.
¿Qué es la autocatálisis asimétrica que llevó a Kenso Soai al Nobel?
Para entender el camino hacia el premio que aquí nos concierne, hay que hablar de quiralidad. Muchas moléculas existen en dos versiones que son imágenes especulares una de la otra, igual que la mano derecha y la izquierda: tienen la misma composición, pero no se pueden superponer.
Los seres vivos, sin embargo, solo utilizan una de esas dos formas en sus aminoácidos y azúcares, una propiedad conocida como homoquiralidad.
Entonces, la gran incógnita es cómo surgió ese desequilibrio. Las teorías propuestas hasta entonces solo lograban diferencias mínimas entre ambas versiones, y en el laboratorio las reacciones daban casi siempre mezclas a partes iguales.
Frente a este marco, la respuesta del químico japonés fue la autocatálisis asimétrica, una reacción en la que el producto actúa como catalizador de su propia producción (es decir, ayuda a fabricarse a sí mismo).
Como el catalizador y el producto son idénticos, cada ronda de la reacción alimenta la siguiente. Así, un exceso casi imperceptible de una de las dos formas acaba amplificándose hasta lograr una pureza prácticamente total.
«No es una mera purificación, sino un aumento de la cantidad por autorreplicación, uno de los rasgos esenciales de la vida», explicó Soai en la entrevista.
La perseverancia, el secreto de Kenso Soai
Cuando le preguntaron por la clave del éxito en la investigación, el científico tiró de su propia experiencia. En 2008 llevaba casi 30 años estudiando un tipo concreto de reacción entre compuestos metálicos y aldehídos.
Su equipo publicó la primera autocatálisis asimétrica en 1990, pero tardó otros cinco años en conseguir que esa reacción multiplicara la pureza de una de las formas.
«Seguimos adelante porque pensaba que era un proyecto realmente fascinante», recordó. De ahí su conclusión: la perseverancia puede ser una de las condiciones necesarias para triunfar.
Aquel empeño dio lugar a la llamada reacción de Soai, que la Academia sueca ha descrito como «uno de los experimentos químicos más espectaculares jamás realizados».
En 2003 llegó otro paso: el grupo de Tokio presentó una reacción en la que solo se formaba una de las dos imágenes especulares posibles, algo que nadie había logrado fuera de los propios seres vivos.
Según el comité, sus hallazgos y los de Kagan han cambiado la forma de entender cómo se crea y se transmite la quiralidad, con aplicaciones en fármacos, aromas, fragancias y nuevos materiales.
Paseos junto al río y libros de historia: ¿Cómo es Kenso Soai fuera del laboratorio?
En su tiempo libre, el químico suele pasear por la orilla del río de su barrio y leer. Prefiere los libros de historia, con una curiosidad particular: en la escuela le enseñaron la historia de héroes y políticos, pero apenas aprendió nada sobre la vida de la gente corriente en la Antigüedad y la Edad Media, un vacío que intenta llenar por su cuenta.
También confesó que de estudiante le atraían la biología, la química, las matemáticas y la geología, y que, de no haber sido químico, lo más probable es que se hubiera dedicado a la biología. Una elección que no queda tan lejos de su carrera, centrada en buena parte en el origen químico de la vida y en por qué los organismos funcionan con un solo tipo de molécula.
Para cerrar con un dato de color, la llamada de Estocolmo le pilló haciendo la compra, según recoge el medio Scientific American. A todo este merecido reconocimiento, Soai lo describió como «uno de los días más emocionantes» de su vida y se mostró «muy contento» de compartirlo con Kagan.
Ambos se repartirán a partes iguales los 12 millones de coronas suecas (algo más de un millón de euros) del premio.
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