Henry David Thoreau, filósofo, sobre el valor de estar solo: «En mi casa había tres sillas, una para la soledad, una para la amistad y una para la compañía»
Séneca, filósofo romano, sobre la vida: «Los seres humanos se equivocan cuando viven en el futuro como si el tiempo estuviera garantizado»
Salvador Dalí, escultor y pintor español: «Solo te pueden pasar dos cosas malas en la vida; ser Pablo Picasso o no ser Salvador Dalí»
La cita de Albert Einstein sobre la gente solitaria: «La monotonía y la soledad de una vida tranquila estimulan la mente creativa»
Una de las figuras clave del trascendentalismo (filosofía que tiene como idea central que las personas tienen un conocimiento espiritual interno que transciende o va más allá de los sentidos) es Henry David Thoreau.
Este escritor, filósofo y naturalista estadounidense fue mundialmente conocido por su obra Walden, un relato sobre sus dos años viviendo en una cabaña para experimentar la vida austera y conectada con la naturaleza.
Hoy repasamos una de sus citas más célebres proveniente de su obra magna, Walden (1854). Esta cita no era sólo una teoría; describía la realidad física de su pequeña cabaña de madera.
La silla de la soledad
Para Thoreau, la soledad era una elección deliberada y una fuente de salud mental, no un castigo. Buscaba limpiar su mente de ruido o ideas que le atormentasen de la sociedad en la que vivía.
En esta primera silla, el autor leía, escribía en su diario y observaba la naturaleza a través de la ventana. Su filosofía sostenía que para ser un buen ciudadano y un pensador útil, primero debías aprender a estar de acuerdo contigo mismo en el silencio.
La silla de la amistad
Thoreau no era un ermitaño antisocial. Valoraba las conexiones reales con otras personas, pero buscaban que fueran de calidad. Creía que la verdadera amistad descansaba en una atención primaria sin distracciones externas. Cuando un amigo cercano lo visitaba, se sentaba enfrente de él y le daba toda su atención.
En Walden, explica que cuando los interlocutores hablan de temas elevados y espirituales, necesitan espacio físico para que sus palabras e ideas vuelen y se asienten entre ellos, algo que no se logra en espacios ruidosos o con mucha gente.
La silla de la compañía
La tercera silla demuestra que también era un punto de encuentro entre las personas. Esta tercera silla tenía el propósito de recibir a grupos de personas, viajeros, trabajadores o incluso pensadores reformistas. Si venían tres o más personas, el espacio cambiaba. Buscaba el debate de las ideas, la política y la filosofía por encima de la intimidad de la amistad.
Thoreau entendía que el ser humano era un animal social. Con una sola silla para la compañía, limitaba las multitudes y forzaba a que las reuniones fueran significativas. No odiaba la sociedad ni renegaba de ella, sino del exceso de trivialidad que a veces la acompaña.
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