Günter Grass, premio Nobel de Literatura alemán en 1999, sobre la riqueza: «El dinero no crea ideas, solo melancolía»
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Cuando se trata del dinero, muchos creen que llegar a fin de mes con holgura es la clave de la felicidad y de la creatividad, pero realmente Günter Grass pensaba lo contrario. El escritor alemán, Premio Nobel de Literatura en 1999, resumió su postura en una frase que sigue citándose hoy: «El dinero no crea ideas, solo melancolía».
Grass, autor de El tambor de hojalata y considerado durante décadas la conciencia moral de Alemania, construyó buena parte de su obra y de su vida cotidiana alrededor de esta idea, alejada del materialismo y la sociedad de consumo.
Por qué Günter Grass decía que el dinero no crea ideas, solo melancolía
Grass separaba la frase en dos afirmaciones que se sostienen entre sí. La primera, que el dinero no crea ideas, defiende que la creatividad y el pensamiento crítico nacen de la experiencia, la empatía y la observación del mundo, no del capital. El dinero puede financiar la ejecución de un proyecto, pero no genera el chispazo de genialidad que lo origina. Las grandes ideas, sostenía, suelen surgir de la necesidad o de la incomodidad, no de la comodidad absoluta.
La segunda parte, que el dinero solo genera melancolía, apunta al vacío que deja la riqueza cuando no responde a preguntas existenciales. Grass observaba que la obsesión material rompe los lazos comunitarios y aísla al individuo, que termina desconfiando de quienes lo rodean y sumido en una soledad que él llamaba melancolía. Para el escritor, el dinero prometía una plenitud que era incapaz de cumplir.
Cómo vivía Günter Grass su rechazo al materialismo en el día a día
Grass no se limitó a teorizar. Diseñó una rutina que blindaba su tiempo frente a la comodidad burguesa. Nunca tuvo ordenador ni teléfono móvil, y escribía a mano en cuadernos grandes antes de pasar el texto a una máquina de escribir Olivetti con solo dos dedos. Sostenía que la literatura era un proceso lento que la tecnología solo podía estropear.
Trabajaba de pie frente a un atril, un hábito heredado de su etapa como escultor, tras haber sido picapedrero, minero y agricultor en su juventud. Cuando terminaba un libro, en lugar de tomarse vacaciones lujosas, se encerraba en su taller a hacer grabados o a moldear arcilla.
Su jornada empezaba con un desayuno largo, entre las nueve y las diez de la mañana, y se negaba a escribir de noche porque, según explicó en una entrevista con The Paris Review, el texto fluía con demasiada facilidad en la oscuridad y perdía calidad al releerlo por la mañana.
Su casa reflejaba la misma filosofía. Su ama de llaves reveló en los años sesenta que la vivienda familiar carecía de alfombras, manteles o papel en las paredes, pese a las regalías que generaban sus libros. Grass prefería cocinar grandes banquetes para sus amigos antes que gastar en lujos materiales, y dedicaba buena parte de su tiempo a la militancia política en el Partido Socialdemócrata alemán, convencido de que las verdaderas batallas de la vida se libraban defendiendo ideas y no acumulando dinero en el banco.
Quién fue Günter Grass, premio Nobel de Literatura
Günter Grass nació en 1927 en la entonces Ciudad Libre de Danzig, hoy Gdansk, en Polonia. Saltó a la fama internacional en 1959 con El tambor de hojalata, primera novela de su Trilogía de Danzig, y recibió el Premio Nobel de Literatura y el Príncipe de Asturias de las Letras en 1999. Además de escritor, estudió escultura y artes gráficas en Düsseldorf y Berlín, y diseñaba él mismo las portadas de sus libros.
En 2006 publicó sus memorias, Pelando la cebolla, donde reveló que a los diecisiete años había sido reclutado por las Waffen-SS en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. La confesión generó un fuerte debate internacional sobre su papel como voz moral de Alemania. Grass murió en 2015, tras una vida dedicada a cuestionar, tanto en su literatura como en su rutina diaria, el peso que la sociedad otorga al éxito económico.
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