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Averroes, filósofo y médico cordobés del siglo XII: «Es hermoso lo que conviene a la inteligencia y es feo lo que la repugna»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En la Córdoba del siglo XII, Averroes dedicó buena parte de su obra a comentar los textos de Aristóteles. El encargo llegó del califa almohade Abu Yaqub Yusuf, que le pidió hacer accesible el pensamiento del filósofo griego. Según la Enciclopedia de Filosofía (IEP) esos comentarios abarcaron desde la estética y la ética hasta la lógica e, incluso, la zoología.

Dentro de esa obra, la inteligencia ocupa un lugar central. Para el pensador andalusí, la razón humana era una vía legítima hacia la verdad. La propia ley religiosa, a su juicio, ordenaba reflexionar sobre la creación. Así, una de las reflexiones que circulan con su firma lleva esa confianza en la razón al terreno de la belleza.

¿Por qué Averroes asociaba lo hermoso con la inteligencia?

«Es hermoso lo que conviene a la inteligencia y es feo lo que la repugna», sostiene la frase atribuida a Averroes. La reflexión mide la belleza con un criterio intelectual. Lo hermoso es aquello que encaja con la razón, mientras que lo feo es aquello que la razón rechaza.

Según la lectura de un portal de aforismos, la frase atribuye a la belleza una dimensión racional. Así, lo que resulta coherente y armónico con la razón también satisface al pensamiento.

Varios portales de frases recogen la reflexión del filósofo cordobés junto a una segunda oración que traslada el mismo criterio a la relación entre la inteligencia y la fe.

«No es posible que Dios nos haya dado inteligencia y leyes que se opongan a ella», completa el texto del filósofo andalusí que reproduce otro sitio de citas.

La razón y la ley religiosa en el Tratado decisivo de Averroes

El vínculo entre la inteligencia y la ley religiosa tiene su desarrollo más amplio en el Tratado decisivo (Faṣl al-maqāl, en el original en árabe). Según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford, Averroes presentó allí la filosofía como parte de la propia indagación religiosa.

Para el filósofo, la verdad demostrativa no podía contradecir la Escritura. Si un pasaje parecía chocar con ella, el conflicto era solo aparente y el texto debía leerse de forma alegórica.

¿Cómo explicaba Averroes el funcionamiento de la inteligencia humana?

Averroes distinguió dos potencias en la mente. El intelecto agente vuelve universales las imágenes que forma la imaginación. El intelecto material, por su parte, recibe esas formas y piensa. Para el pensador cordobés, ambos eran sustancias separadas, eternas y únicas para toda la especie humana.

Esa tesis de la unidad del intelecto resultó muy polémica. Para conciliarla con la experiencia individual de pensar, Averroes sostuvo que cada persona controla su propia imaginación, que es la que pone en marcha el pensamiento. La unión con el intelecto agente representaba, en su planteamiento, la felicidad humana más completa.

¿Quién fue Averroes?

Averroes nació en Córdoba en 1126, en una familia andalusí de jueces. Su abuelo fue juez principal de la ciudad bajo los almorávides. Su padre ocupó el mismo cargo hasta que los almohades derrocaron a los almorávides, en 1146. Se formó en medicina con Abu Jafar ibn Harun de Trujillo.

Más tarde, el médico Ibn Tufail lo presentó ante el califa, que lo nombró juez principal y después médico jefe. Su gran obra médica, las Generalidades, sirvió durante siglos como libro de texto en los mundos judío, cristiano y musulmán.

En 1195, la presión pública hizo que perdiera el favor del califa, le quitaran su  protección y los cargos. Luego de eso, sus libros acabaron prohibidos y quemados, y el filósofo partió al destierro en Lucena. Murió en 1198.

Con el tiempo, las traducciones latinas lo convirtieron en «el Comentador» de Aristóteles, un apodo que ya circulaba en Europa en la década de 1230.