Apiló la misma leña de dos maneras diferentes: una se secó bien, la otra permaneció húmeda
La forma de apilar los troncos puede determinar cuánto tardan en secarse
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La leña puede pasar meses almacenada al aire libre y seguir demasiado húmeda cuando llega el momento de utilizarla. Lo habitual es pensar que basta con cortar los troncos y dejarlos secar hasta el invierno, pero lo cierto es que la manera de colocarlos tiene mucho que ver con el resultado. Una pila mal ventilada puede conservar una cantidad importante de agua, incluso después de todo un verano. Esto explica por qué algunas maderas prenden con facilidad mientras otras producen demasiado humo y apenas consiguen mantener el fuego encendido.
La diferencia se aprecia al comparar dos montones preparados con la misma clase de madera, cortada en fechas similares y dividida en piezas de tamaño parecido. Uno puede alcanzar un nivel de humedad adecuado mientras el otro continúa sin estar listo para quemarse. La clave no está únicamente en el tiempo que llevan almacenados, sino en el contacto con el suelo, la separación entre los troncos y la manera de protegerlos de la lluvia.
Apiló la misma leña de dos maneras diferentes: una se secó, la otra permaneció húmeda
Imaginemos que se divide una partida de leña en dos montones. El primero se coloca sobre unos palés, con los troncos ordenados y pequeños espacios entre ellos. El segundo se deja directamente sobre la tierra, apilado de forma compacta para que ocupe menos sitio. Después de varios meses, es posible que el primero esté listo para utilizarse mientras que el segundo todavía conserve demasiada humedad.
La razón tiene que ver con el agua que contiene la madera recién cortada. Esa humedad no desaparece de golpe, sino que va saliendo lentamente hacia el exterior. Cuando el aire circula alrededor de los troncos, el proceso encuentra mejores condiciones. En cambio, si las piezas están demasiado apretadas, la evaporación se ralentiza y el secado puede prolongarse bastante más de lo previsto. También hay que tener cuidado con las primeras filas, si bien laa tierra conserva humedad, especialmente después de las lluvias, y los troncos que descansan directamente sobre ella quedan expuestos a ese contacto. Levantar la pila unos centímetros mediante una base resistente ayuda a evitarlo, y con ello se puede impedir que la madera vuelva a absorber parte del agua que de hecho, se intenta eliminar.
Por qué una lona puede impedir que la madera se seque
Tapar la leña cuando se anuncia lluvia parece lo más razonable. De hecho, protegerla de las precipitaciones es importante, pero no significa que haya que envolver el montón por completo. Ese es precisamente uno de los errores que pueden complicar el secado, sobre todo cuando se utiliza una lona impermeable que llega hasta el suelo ya que la madera continúa liberando humedad aunque esté cubierta. De este modo, si los laterales permanecen cerrados, apenas hay renovación del aire y el agua tarda más en evaporarse. Además, bajo el plástico puede formarse condensación cuando cambian las temperaturas. Por eso una pila que lleva meses protegida de la lluvia no tiene por qué estar seca.
Lo mejor es colocar una cubierta sobre la parte superior y dejar los costados abiertos. Así se evita que el agua caiga directamente sobre los troncos, pero se mantiene la ventilación. Un cobertizo abierto también puede servir, siempre que la leña no quede encerrada en un espacio húmedo. En zonas donde llueve con frecuencia, este detalle puede tener especial importancia.
No todas las maderas necesitan los mismos meses de secado
Otro error habitual es calcular que la leña estará preparada simplemente porque ha pasado medio año desde que se cortó. El tiempo necesario cambia según la especie, el grosor de las piezas y las condiciones meteorológicas. Una madera que ha pasado el verano en un lugar soleado y ventilado no se comporta igual que otra almacenada en un rincón sombrío. Algunas maderas blandas pueden necesitar seis meses o más para secarse en buenas condiciones, mientras que las especies duras suelen requerir alrededor de un año y, en ciertos casos, bastante más. Tampoco se secan a la misma velocidad los troncos gruesos y las piezas pequeñas, aunque procedan del mismo árbol.
La humedad importa especialmente cuando llega el momento de encender el fuego. Se recomienda utilizar leña con un contenido de agua cercano al 20 % o inferior. Si está demasiado húmeda, parte del calor se emplea en evaporar esa agua en lugar de calentar la vivienda. También cuesta más encenderla y puede producir más humo, además de favorecer la acumulación de residuos en los conductos de la chimenea.
La prueba para saber si la leña está realmente seca
Mirar los troncos no siempre basta para comprobar su estado. La corteza y la superficie exterior pueden parecer secas mientras el interior todavía conserva agua. Por eso, antes de utilizar una partida de leña que lleva meses almacenada, conviene comprobar su humedad en lugar de fiarse únicamente de su aspecto. Para hacerlo se puede utilizar un medidor específico para madera. Lo aconsejable es partir uno de los troncos y realizar la medición sobre la cara interior recién abierta. Si se mide solamente por fuera, el resultado puede ser inferior a la humedad que realmente conserva el centro.
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