Albania desafía las megaconstrucciones con un túnel submarino de 70 km inspirado en el Canal de la Mancha que rompe todas las reglas
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La idea de construir un túnel submarino entre Vlora, en Albania y Otranto, en Italia, continúa siendo uno de los proyectos más ambiciosos de Europa. El bautizado como «túnel Vlora-Otranto», con una longitud aproximada de 70 kilómetros, pretende cruzar el estrecho de Otranto y establecer un nuevo eje entre los Balcanes y Europa Occidental. La idea de una infraestructura de este tipo no es nueva; en la Antigüedad, Pirro de Epiro concibió un paso estratégico en la región con fines militares frente al Imperio Romano. Con el paso del tiempo, esta misma idea fue reapareciendo en distintas épocas: primero entre romanos y otomanos, y más tarde entre ingenieros italianos antes de la Primera Guerra Mundial.
El interés volvió a resurgir a finales del siglo XX, ya que este túnel reduciría de forma significativa los tiempos de desplazamiento, tanto de pasajeros como de mercancías, al tiempo que disminuiría la dependencia del transporte marítimo y favorecería el comercio, el turismo y la seguridad energética. Además, podría reforzar la integración de Albania en los corredores de transporte europeos. Sin embargo, su construcción no está exenta de dificultades. El estrecho de Otranto es una zona con actividad sísmica, lo que plantea dudas sobre la viabilidad técnica y la seguridad de la obra. Por otro lado, existen preocupaciones ambientales por el posible impacto en ecosistemas marinos sensibles. A esto hay que sumar el aspecto económico; proyectos comparables, como el Túnel del Canal de la Mancha inaugurado en 1994, supusieron inversiones de decenas de miles de millones de euros y, en este caso, el coste podría ser aún mayor.
El túnel que podría conectar Albania e Italia
El túnel Vlora-Otranto conectaría Vlora, una importante ciudad portuaria en la costa adriática de Albania, en la región suroccidental conocida como la Riviera Albanesa, con Otranto, una ciudad histórica en la península de Salento, en la región de Apulia, Italia. El estrecho de Otranto ha tenido durante mucho tiempo una importancia estratégica militar y comercial como puerta de entrada entre el mar Adriático y el mar Jónico, facilitando el control de las rutas de acceso al Mediterráneo desde la antigüedad.
Desde el punto de vista geopolítico, el túnel impulsaría la integración de los Balcanes Occidentales al mejorar los flujos comerciales, la seguridad energética y la movilidad laboral, al tiempo que reduciría la dependencia del transporte marítimo. Los defensores del proyecto prevén que el túnel Vlora-Otranto podría reducir los tiempos de tránsito de pasajeros y mercancías a través del estrecho de Otranto, pasando de las siete horas de viaje en ferry a menos de 30 minutos entren de alta velocidad, lo que reduciría los costes logísticos y mejoraría la competitividad de las exportaciones albanesas, como textiles, minerales y metales, destinadas a los mercados italianos y europeos en general.
Italia, como principal socio comercial de Albania, representa una parte significativa del comercio bilateral, y este túnel submarino podría amplificar esto al integrar las rutas de transporte albanesas con la infraestructura de la región italiana de Puglia. En lo que respecta a la integración, el túnel conectaría físicamente Albania con el territorio de la UE, simbolizando una alineación económica de cara a una posible adhesión, al tiempo que integraría las redes albanesas en los corredores centrales de la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T) para promover estándares armonizados en materia de aduanas, seguridad y logística digital.
Construcción
El estrecho de Otranto alcanza una anchura mínima de 72 kilómetros entre las costas opuestas, superando con creces la longitud total de 50 kilómetros del túnel del Canal de la Mancha. Por otro lado, dada la profundidad media del estrecho, de unos 300 metros, aunque varía con canales más profundos que superan los 800 metros, las opciones podrían incluir tuneladoras para los segmentos más profundos o elementos tubulares sumergidos prefabricados que se colocarían flotando y se hundirían en zonas costeras menos profundas.
Sin embargo, la actividad tectónica de la región, incluida la proximidad al límite de la placa adriática, exigiría características sismorresistentes como juntas de articulación flexibles, revestimientos reforzados y sistemas de monitorización en tiempo real para mitigar los riesgos sísmicos, que históricamente han afectado a ambas costas Asimismo, la composición de los sedimentos y la fuerza de las corrientes, que supera los dos nudos, dificultan aún más el desarrollo del proyecto.
Viabilidad económica
Los críticos sostienen que la rentabilidad económica prevista del túnel Vlora-Otranto no justifica sus enormes costes iniciales. Las evaluaciones de ingeniería preliminares destacan que la construcción de túneles submarinos en aguas profundas y sísmicamente inestables podría superar la carga financiera de proyectos similares como el Túnel del Canal de la Mancha, que, con sólo 50 kilómetros de longitud, ha generado déficits persistentes para los operadores debido a previsiones de tráfico demasiado optimistas y a elevados gastos de mantenimiento. Además, las inversiones en el túnel podrían sobrecargar la capacidad fiscal de Albania, donde la deuda pública rondaba el 72% del PIB en 2022.