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'Los perseguidos'

Salva Reina: «La sociedad está generando gente que se ofende antes de la cuenta»

El actor protagoniza 'Los perseguidos', ficción sonora sobre la corrupción: "El mundo iría mejor con más de sentido del humor"

Si hay un ambiente en el que Salva Reina se mueve como pez en el agua, ese es el humor, aunque su talento -reconocido también por los Goya- logra transformalo en un inspector de policía o en un ex presidiario. Éste último es el rol que adopta en Los perseguidos, la ficción que protagoniza junto a Natalia Huarte y que Atresmedia lanza este miércoles. Se trata de la mayor producción de una serie de audio en español. En Los perseguidos le toca ponerse serio, aunque no tanto como esa gente susceptible -cada vez más- a casi cualquier tipo de chiste: «Es posible que la sociedad, hoy en día, esté generando mucha gente que se ofende antes de la cuenta».

La excesiva sensibilidad del público se está convirtiendo, inconscientemente, en un censor para el humor, cada vez más constreñido. El propio Salva Reina, al que se le puede reconocer tanto por la voz como por la risa, reconoce que intenta «no entrar como un elefante en una cacharerría» a la hora de soltar una broma. «Aunque no lo parezca, tengo cierto grado de timidez y entonces intento cortarme. Pero, bueno, evidentemente hay algunas veces que la veo botando y no me puedo controlar. De repente, la situación te la regala», explica a OKDIARIO el protagonista de Los perseguidos.

Pero Salva Reina siempre tiene en mente ese límite autoimpuesto: «Intento que [el chiste] caiga siempre bien, hacerlo desde el respeto. Y, si se molesta alguien, pedir perdón, pero la idea nunca es molestar». El actor entiende que «el sentido del humor y la risa siempre tienen que servir para unir y pasarlo bien».

Sin embargo, la reacción del público es incontrolable, y más en medio de una creciente crispación más que obvia. «Es posible que la sociedad, hoy en día, esté generando mucha gente que se ofende, a lo mejor, antes de la cuenta», explica, aunque intenta también equilibrar la balanza: «Por otro lado, los que hacemos humor nos dedicamos a que la gente se lo pase bien. El objetivo es ese. Prefiero que la gente no se moleste».

Ante la ofensa, detalla, intenta reflexionar sobre lo ocurrido. «Si hay una persona que no disfruta, por lo pronto te pido perdón, y luego vemos qué es lo que ha pasado, si es que estás más ofendido de la cuenta, porque a lo mejor la broma no tenía tanta enjundia», añade. Lo que no puede comprender es que un asunto de esta naturaleza genere «de repente dos enemigos a muerte para siempre, sin que se pueda vivir tranquilamente».

Quizás esa sensibilidad responde también a la «falta de comunicación», entiende, «en una época en la que estamos más conectados que nunca, pero también más solos que nunca».

En Los perseguidos, ficción sonora que protagoniza, se adentra en el mundo de la corrupción política, marcado, también, por esa crispación. Un tono que se podría rebajar con una receta sencilla: «El mundo iría mejor si hubiera un poquito más de sentido del humor». En cuanto al papel en la serie, bromea, su personaje «es un delincuente que sale de la cárcel, pero no un político», por lo que no ha necesitado «inspirarse» en ningún personaje real que protagonice titulares.

Alejado de la comedia -ya se quitó ese encasillamiento como actor hace mucho-, sólo utiliza la voz para trasladar la seriedad del personaje, con un resultado a la altura de «un nivel de exigencia» que ha permitido una «calidad sorprendente». «Me ha sorprendido como oyente a mí mismo. De repente se abre una puerta y sabes perfectamente dónde está, por dónde viene el personaje, si viene enfadado o triste por los pasos que han metido. Está todo cuidado al detalle. Es una pasada y creo que la gente va a flipar creándose su serie en la cabeza», aclara.