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'Harry Potter'

J.K. Rowling factura por respirar: la ‘Pottermanía’ y el imperio de la venta de derechos sigue creciendo 30 años después

'Harry Potter' ha logrado un hito: transformarse en una propiedad intelectual transgeneracional

Hogwarts nunca deja de generar dinero para J.K. Rowling, que puede vivir varias vidas sin mover un dedo

En la era del consumo rápido, el lanzamiento de producciones como Harry Potter: el podcast oficial de la película (Harry Potter: The Official Film Podcast) en plataformas como HBO Max vuelve a poner de manifiesto un fenómeno comercial sin precedentes. Casi tres décadas después de la publicación de la primera novela de J.K. Rowling en 1997, el mundo mágico permanece vivo y se ha erigido como un imperio multimillonario que genera dividendos diarios en prácticamente todos los sectores del entretenimiento y del turismo.

Convertir un manuscrito rechazado en una marca valorada en decenas de miles de millones de euros es uno de los mayores hitos comerciales de la historia contemporánea. El ecosistema económico construido alrededor del joven mago abarca múltiples industrias.

El pilar literario y la taquilla de cine

Las siete novelas originales de Harry Potter han vendido más de 500 millones de copias en todo el mundo, tras ser traducidas a más de 80 idiomas. En el ámbito cinematográfico, las ocho películas de la saga principal, junto con Animales Fantásticos, han recaudado más de 9.600 millones de dólares en la taquilla global. Esto posiciona al universo cinematográfico ideado por J.K. Rowling como una de las franquicias más taquilleras de todos los tiempos, sólo por detrás de gigantes como el Universo Cinematográfico de Marvel o Star Wars.

Parques temáticos, tour de los estudios y teatro

El acuerdo entre Warner Bros. y Universal Studios para la creación de The Wizarding World of Harry Potter revolucionó la industria del ocio. Los parques ubicados en Orlando, Hollywood, Osaka y Pekín generan miles de millones en entradas, restauración (con la famosa cerveza de mantequilla) y recuerdos. Paralelamente, los estudios Warner Bros. Studio Tour en Londres reciben más de 2 millones de visitantes anuales, una afluencia que deriva en la exigencia de reserva con meses de antelación.

En las artes escénicas, la obra teatral en dos partes Harry Potter y el legado maldito (Harry Potter and the Cursed Child) ha batido récords de recaudación tanto en el West End londinense como en Broadway, y ha superado los 270 millones de dólares sólo en Nueva York, con una expansión a producciones permanentes en Tokio, Hamburgo, Melbourne y Toronto.

Callejón Diagon en el Warner Bros. Studio Tour. (Warner Bros.)

El gigante del ‘merchandising’ y el fenómeno LEGO

Las licencias de la marca Harry Potter abarcan desde ropa hasta artículos de papelería. Sin embargo, la alianza con el Grupo LEGO ha sido uno de los motores más rentables de la compañía danesa: el Castillo de Hogwarts o el Expreso de Hogwarts de LEGO figuran año tras año entre los sets de construcción más vendidos del mundo en el segmento de coleccionista.

Videojuegos de última generación y el universo digital

El lanzamiento en 2023 del videojuego Hogwarts Legacy demostró que el relevo generacional de la franquicia está completamente asegurado. Con más de 40 millones de copias vendidas en todo el mundo y unos ingresos de más de 1.000 millones de dólares, se convirtió en el título más vendido del año a nivel internacional, y superó a sagas consagradas de la industria del videojuego. A esto se le suma el negocio editorial digital de Pottermore Publishing, que genera decenas de millones de euros anuales a través de la venta de libros electrónicos y audiolibros.

La microeconomía: de la tumba de Tom Riddle a las cafeterías de Edimburgo

El impacto económico de Harry Potter no sólo se mide en las cuentas de resultados de los grandes estudios de Hollywood; también ha transformado la economía local de ciudades enteras. El caso más evidente es el de Edimburgo (Escocia). Decenas de guías turísticos, tours a pie que incluyen rincones como la tumba de Tom Riddle o Victoria Street, tiendas de regalos especializados y locales de hostelería (como Elephant House, donde J.K. Rowling escribía) en la capital escocesa sostienen gran parte de su facturación anual gracias al flujo constante de viajeros que buscan la ruta tras los pasos de la autora. En Londres tampoco falta el negocio y los restaurantes temáticos inspirados en el universo de Hogwarts se reparten por el mundo.

Rechazos editoriales a J.K. Rowling

Resulta irónico recordar que la franquicia más rentable de la literatura moderna estuvo a punto de no ver la luz. Cuando J.K. Rowling finalizó el manuscrito de Harry Potter y la piedra filosofal a mediados de la década de 1990, envió el texto a través de su agente a las principales casas editoriales del Reino Unido. Un total de 12 editoriales rechazaron el libro. Los motivos argumentados por los editores de la época variaban: consideraban que la historia era demasiado larga para un público infantil, que el estilo era anticuado o que las historias ambientadas en internados ya no interesaban a los lectores jóvenes.

Finalmente, la pequeña editorial Bloomsbury aceptó publicar el libro, no por la visión de sus directivos, sino porque el presidente de la firma le entregó el primer capítulo a su hija de ocho años. Al terminarlo, la niña exigió leer inmediatamente el resto. Como precaución, la editorial le pagó un adelanto de sólo 1.500 libras a Rowling y le aconsejó buscarse un trabajo de media jornada, al considerar improbable que pudiera vivir de la escritura. Además, la editorial también sugirió a Joanne Rowling utilizar el seudónimo J.K. para ocultar su nombre femenino, al temer que los niños varones rechazaran leer un libro escrito por una mujer.

El fenómeno está lejos de apagarse. Con proyectos como la confirmada adaptación televisiva en forma de serie de gran presupuesto producida por HBO -concebida para adaptar un libro por temporada a lo largo de una década- y la constante producción de productos audiovisuales paralelos (como podcasts retrospectivos y documentales), el universo del mundo mágico demuestra una salud financiera envidiable.

Más allá de la nostalgia, la saga ha logrado un hito reservado a muy pocas obras en la historia de la literatura: transformarse en una propiedad intelectual transgeneracional donde los padres que leyeron las novelas en los noventa introducen hoy a sus hijos en el mismo universo de ficción, y garantizan así que la máquina económica de Hogwarts siga funcionando indefinidamente.

J.K. Rowling percibe un porcentaje económico directo de prácticamente cada producto, entrada, descarga, libro o juguete que se vende en el mundo bajo la marca. De hecho, su modelo de derechos de autor y licencias está considerado en la industria del entretenimiento como uno de los acuerdos comerciales más blindados y rentables de la historia moderna.

Viaducto de Glenfinnan, visitado en los tours de Escocia. (Civitatis)

A diferencia de otros autores que venden los derechos de sus obras de forma definitiva a los estudios de Hollywood, J.K. Rowling nunca vendió los derechos de autor finales de la marca. La autora gestiona todo su patrimonio a través de su agencia de representación. Cualquier empresa que quiera comercializar un producto con la palabra Harry Potter, Hogwarts o el rostro de sus personajes debe pagarle una licencia de uso, además de otorgarle poder de veto creativo.

Gracias a esta red de ingresos pasivos y licencias activas, diversas publicaciones financieras como Forbes estiman que J.K. Rowling ingresa de forma recurrente entre 50 y 100 millones de dólares anuales únicamente en concepto de derechos y regalías de la franquicia, sin necesidad de publicar ningún libro nuevo.

Este flujo constante de dividendos la convirtió en la primera escritora del mundo en alcanzar un patrimonio neto superior a los 1.000 millones de dólares, un estatus de multimillonaria que mantiene hoy en día gracias al alcance inagotable de su universo literario.