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Victoria’s Secret

El falso liguero de Nicole Kidman y las transparencias de Inés de Ramón revolucionan el ‘front row’ de Victoria’s Secret

Hay noches en las que la moda trasciende la pasarela para encontrar sus momentos más memorables entre los invitados. El desfile de Victoria’s Secret, celebrado en Los Ángeles, ha vuelto a demostrarlo con una primera fila donde el glamour de Hollywood y la sensualidad de la lencería han compartido protagonismo. Entre las asistentes más fotografiadas, Nicole Kidman e Inés de Ramón han acaparado todas las miradas con dos estilismos que, pese a sus diferencias, comparten un mismo hilo conductor: el arte de insinuar sin necesidad de mostrarlo todo. La actriz australiana ha apostado por una sensualidad inesperada, escondida bajo una apariencia de impecable elegancia ejecutiva. Inés de Ramón, por su parte, ha preferido dejarse seducir por la delicadeza de las transparencias, el encaje y los tejidos vaporosos. Dos formas de entender la feminidad que convierten el front row en una pasarela paralela.

Nicole Kidman o el poder de los detalles

(Foto: @nicolekidman)

Acostumbrada a defender con naturalidad los códigos de la sofisticación, Nicole Kidman ha encontrado en la sastrería una manera de rendir homenaje al universo de Victoria’s Secret sin caer en los recursos más evidentes. Su elección ha sido un conjunto de Jean Paul Gaultier compuesto por una camisa blanca y una falda lápiz negra, una combinación clásica que adquiere una dimensión mucho más provocadora gracias a un detalle inesperado: el falso liguero integrado en la propia falda.

El efecto es sutil, pero transforma por completo la lectura del estilismo. Lo que a primera vista parece un uniforme de inspiración working girl revela, al observarlo con detenimiento, un guiño a la estética lencera. La sensualidad aparece aquí como un juego de códigos, una insinuación que rompe la sobriedad sin comprometer la elegancia.

La corbata de rayas introduce una nota masculina que refuerza ese contraste entre rigor y provocación. Completan el conjunto un bolso burdeos de Chanel, unos pendientes a juego y unos zapatos de tacón de aguja. El resultado confirma que, en ocasiones, el lujo más sugerente no necesita grandes artificios: basta con una prenda capaz de guardar un secreto.

Inés de Ramón, una ninfa entre encajes y gasas

(Foto: @inesdrmn)

En el extremo opuesto, Inés de Ramón ha apostado por una estética romántica y casi onírica. La empresaria, conocida también por su relación con Brad Pitt, ha debutado en el desfile con un vestido blanco de Elie Saab que parece concebido para flotar entre luces y sombras.

El diseño combina un escote drapeado con un cuerpo de encaje floral, delicadamente rematado por un pequeño lazo negro. La cintura entallada da paso a una falda asimétrica de volantes y transparencias, donde las aplicaciones de encaje dibujan líneas diagonales sobre el tejido. En la cadera, un adorno floral en tonos empolvados, salpicado de destellos, acentúa el carácter preciosista de la propuesta.

La abertura delantera descubre la pierna y prolonga visualmente la silueta, mientras una larga cola de gasa añade movimiento y dramatismo. Las sandalias nude de plataforma, la melena oscura con ondas suaves y el maquillaje luminoso completan una imagen de feminidad delicada, alejada de cualquier exceso.

Un front row cada vez más cercano a Hollywood

La presencia de Nicole e Inés refleja una transformación en la manera de entender el desfile de Victoria’s Secret. La primera fila ya no es únicamente territorio de editoras de moda, modelos y profesionales de la industria: también se ha convertido en un escaparate para actrices, empresarias, cantantes e iconos de la cultura popular. El fenómeno no es nuevo, pero ha ganado fuerza en las últimas ediciones. En 2024, el regreso del espectáculo reunió a nombres como Cher, Queen Latifah y Cardi B; en 2025, Sarah Jessica Parker, Chloë Sevigny y Jodie Turner-Smith se sumaron a la conversación estilística desde el front row. Este año, la incorporación de Nicole Kidman e Inés de Ramón, junto con el debut de Kylie Jenner en la pasarela, confirma que la frontera entre moda, entretenimiento y espectáculo es cada vez más permeable.