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Fotografía

Nine François lleva sus retratos de animales a Madrid: «He sido retenida por una tortuga gigante, escupida por un camello despechado…»

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

La fotógrafa Nine François lleva años mirando a los animales de una forma poco habitual: no como sujetos de naturaleza, sino como individuos capaces de devolvernos la mirada. Esa idea atraviesa Animalia, la serie que presenta ahora en Havet Gallery, una exposición que convierte osos, pumas, jirafas o zorros en retratos de una intensidad casi humana. Fotografías en blanco y negro, realizadas con una Hasselblad analógica de formato medio, donde desaparece el paisaje y sólo queda el encuentro cara a cara. El resultado es una experiencia incómoda y fascinante: durante unos segundos ya no está claro quién observa a quién. «Creo que esa inversión es parte de lo que hace que estos encuentros resulten memorables», explica el artista.

El día que una jirafa cambió el proyecto

«El primer encuentro con un animal exótico que dio origen a la serie fue una jirafa que asomó su largo cuello por encima de una valla junto a un camino rural en Texas».

El origen de Animalia parece una escena de película. François recuerda perfectamente el momento en que todo comenzó: «El primer encuentro con un animal exótico que dio origen a la serie fue una jirafa que asomó su largo cuello por encima de una valla junto a un camino rural en Texas». Lo que más le sorprendió no fue sólo verla, sino verla allí, en un prado donde esperaba encontrar vacas u ovejas. Sacó su vieja cámara réflex de plástico y disparó. «Cuando vi el resultado, el proyecto había comenzado».

Desde entonces, su intención nunca fue hacer fotografía de naturaleza en el sentido clásico. «No me interesó contextualizar al animal incluyendo detalles de su entorno», afirma. Lo que buscaba era otra cosa: aislar la silueta del animal contra un cielo vacío y convertirla en un retrato gráfico, directo y emocional.

(Foto: Nine François)

Retratar animales como si fueran personas

«Retrato al animal como individuo y como representante de su especie al mismo tiempo».

La pregunta surge inevitablemente: ¿cuándo decidió fotografiar animales como si fueran seres humanos? François responde que, en realidad, siempre ha trabajado con el retrato. «Me atrae la compleja dinámica de mirar al sujeto y adentrarme en él para crear, al mismo tiempo, una representación objetiva y una percepción subjetiva».

Sus imágenes funcionan en dos niveles. A distancia reconocemos un oso o un puma; de cerca sentimos que estamos frente a ese oso concreto, con una presencia casi física. «Quiero crear retratos íntimos e icónicos que resulten impactantes tanto a nivel universal como personal», explica.

Esa tensión entre especie e individuo es una de las claves de la exposición. «Retrato al animal como individuo y como representante de su especie al mismo tiempo», dice. Para él, el proyecto está evolucionando hacia una idea más amplia: tender puentes entre los seres humanos y el mundo natural a través del retrato.

Nine François. (Foto: Havet Gallery)

Cuando el observado eres tú

«¿Qué significa que un animal capaz de hacernos daño nos observe desde una posición de autoridad?».

Muchas de las fotografías producen una sensación extraña: parece que los animales nos están estudiando a nosotros. François admite que esa inversión es completamente deliberada. «Absolutamente. Creo que esa inversión es parte de lo que hace que estos encuentros resulten memorables».

La obra Cougar II, una de las más importantes de la muestra, resume perfectamente esa idea. El puma aparece ligeramente por encima del espectador, mirándolo hacia abajo con una expresión tranquila y curiosa. «Intelectualmente sabemos que los grandes felinos son poderosos y potencialmente peligrosos, pero su actitud amable e incluso curiosa nos desarma», explica el fotógrafo. Y añade una pregunta incómoda: «¿Qué significa que un animal capaz de hacernos daño nos observe desde una posición de autoridad?».

(Foto: Nine François)

La fotografía lenta como forma de acercarse

En plena era digital, François trabaja con una Hasselblad analógica, un equipo pesado, manual y poco práctico para fotografiar fauna salvaje. Precisamente por eso lo utiliza. «La fotografía analógica es lenta», dice. Sólo dispone de doce exposiciones por carrete y cada disparo exige tiempo, paciencia y concentración.

Ese ritmo ha transformado su manera de trabajar. «He tenido que adoptar una actitud casi meditativa que favorece la observación, la presencia y la transmisión de buenas intenciones». Según explica, cuando logra crear una atmósfera de calma y seguridad, el animal tiene más posibilidades de relajarse y el retrato puede suceder.

El blanco y negro también forma parte esencial del lenguaje de la serie. «Suele sugerir un tiempo pasado o incluso una suspensión del tiempo», afirma. Además, está profundamente ligado a la tradición del retrato clásico, algo que refuerza la sensación de atemporalidad que busca en Animalia.

Nine François. (Foto: Havet Gallery)

Encuentros que rozan lo espiritual

«He sido retenido por una tortuga gigante, escupido por un camello despechado y derribado juguetonamente por un serval».

Trabajar tan cerca de animales salvajes ha dado lugar a experiencias extremas. François ha estado frente a osos grizzly, al borde de una estampida de ñus y ha recibido el cabezazo de un carnero. También guarda anécdotas más insólitas: «He sido retenido por una tortuga gigante, escupido por un camello despechado y derribado juguetonamente por un serval».

Pero el recuerdo más intenso tiene como protagonista a un león. «Estaba tan cerca que podía escuchar el sonido vibrante de su garganta cuando ronroneaba: profundo, gutural y poderoso». El animal intentó jugar golpeando la cámara con la pata y durante unos segundos ambos permanecieron frente a frente. «Compartimos un momento de reconocimiento mutuo», recuerda. No consiguió ninguna fotografía aquel día, pero salió completamente sobrecogida.

(Foto: Nine François)

El arte como puerta hacia la conciencia ambiental

«Comprendí que mi fotografía ya no podía permanecer al margen de la realidad política».

Aunque la exposición evita el mensaje moral explícito, François cree profundamente en el poder de las imágenes para cambiar nuestra percepción del mundo. «La información visual puede transmitir ideas de manera inmediata y visceral, algo que los datos por sí solos no logran», afirma.

Cuenta que durante años le preocuparon de forma abstracta los vertidos de petróleo en el Golfo de México, hasta que vio una fotografía de animales cubiertos de crudo. «Después de aquello me convertí en donante de una organización medioambiental».

Esa experiencia también transformó su propia práctica. Tras visitar lugares donde presenció situaciones de crueldad hacia los animales, dejó de fotografiar durante un tiempo. «Comprendí que mi fotografía ya no podía permanecer al margen de la realidad política». Desde entonces, parte de las ventas de Animalia se destina a proyectos de conservación y organizaciones que trabajan en la protección de la fauna.

(Foto: Nine François)

Madrid como escaparate internacional

«Existía cierta confusión acerca de quién estaba observando realmente a quién».

Presentar la serie en Madrid tiene un significado especial para la artista. «Es emocionante presentar Animalia a un público internacional más amplio, porque considero que el alcance y las intenciones de este trabajo tienen una relevancia universal», asegura. También se muestra especialmente agradecida a Havet Gallery y a su directora artística, Silvia Martín Gutiérrez, por el apoyo al proyecto.

Si tuviera que recomendar al visitante detenerse ante una sola fotografía durante varios minutos, volvería a elegir Cougar II. Quizá porque, como él mismo reconoce, fue una de las pocas veces en que sintió que el animal también lo estaba retratando a él. «Existía cierta confusión acerca de quién estaba observando realmente a quién».

Y tal vez esa sea la gran fuerza de Animalia: obligarnos a mirar a los animales no como los otros, sino como miembros de una familia ampliada de seres sensibles que comparten el planeta con nosotros.

(Foto: Nine François)