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Marc Jacobs, diseñador, tras vender su marca y reconducir su vida: «Ser honesto me hace sentir bien»

Marc Jacobs ha llegado muy lejos y necesita un cambio en su vida

Los diseños de Jacobs cada vez tienen más peso en el mercado internacional

El artista tiene presencia en más de 80 países

Marc Jacobs atraviesa uno de los momentos más singulares de su trayectoria. A sus 63 años, después de casi cuatro décadas convertido en una de las figuras más influyentes de la moda internacional, el diseñador estadounidense se enfrenta al final de una etapa empresarial que ha marcado buena parte de su carrera.

La venta de su firma a una alianza formada por WHP Global y G-III Apparel Group abre un nuevo capítulo para la compañía, pero también para el hombre que durante años estuvo inseparablemente ligado a ella.

«Siempre he sido víctima de la moda», reconoce Jacobs, una frase que resume bien la relación compleja que ha mantenido con una industria a la que ha dedicado prácticamente toda su vida.

El final de una era

El pasado mes de mayo se conoció que LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton, después de casi tres décadas de colaboración con la firma, vendería Marc Jacobs a una empresa conjunta formada por WHP Global y G-III Apparel Group. El acuerdo contempla además que el propio diseñador se desprenda de la participación que todavía conserva en la compañía.

La operación supone un cambio de enorme relevancia para una marca que ha estado vinculada durante años a uno de los grandes conglomerados del lujo mundial. Pero para Jacobs representa algo más profundo. Por primera vez en mucho tiempo, su identidad personal y el destino empresarial de la firma dejarán de caminar necesariamente de la mano.

Marc Jacobs en un vñideo. (Foto: TikTok)

El propio diseñador reconoce que todavía está asimilando lo que significa esta nueva situación. «No hay un sí ni un no», explica al reflexionar sobre el futuro de la compañía. En lugar de ofrecer certezas, Jacobs plantea preguntas: «¿Dónde estoy ahora? ¿Dónde estamos ahora? ¿Qué significamos para esta generación de personas? ¿Y para esa otra? Hay tantas preguntas».

No parece tener todas las respuestas. Y, quizá por primera vez, tampoco siente la necesidad de tenerlas inmediatamente.

Un diseñador muy adelantado

La historia de Marc Jacobs está marcada por su extraordinaria capacidad para interpretar el momento. Desde sus primeros pasos en la década de los ochenta, el creador apostó por una moda divertida, juvenil, desenfadada y alejada de los códigos más rígidos del lujo.

En 1984 presentó una colección de jerséis con caras sonrientes y prendas de lunares que ya dejaban entrever una personalidad creativa muy definida. Poco después llegaría una de las etapas más recordadas de su carrera: su aproximación al espíritu grunge de los años 90.

Jacobs llevó a las pasarelas vestidos de chifón y camisas de seda que imitaban la estética de las camisas de franela asociadas a figuras como Kurt Cobain. Aquella propuesta provocó controversia, pero también confirmó una de las grandes virtudes del diseñador: su capacidad para detectar una corriente cultural antes de que terminara convirtiéndose en fenómeno.

El salto decisivo a Louis Vuitton

La consagración internacional llegaría en 1997, cuando Jacobs asumió el puesto de director artístico de Louis Vuitton. Su llegada supuso un punto de inflexión para la histórica casa francesa, especialmente porque fue el encargado de desarrollar su línea de prêt-à-porter.

Mucho antes de que las grandes firmas de lujo convirtieran a las celebridades en protagonistas habituales de sus campañas, Jacobs entendió la importancia de relacionar la moda con la cultura popular. Su influencia terminó siendo enorme y contribuyó a sentar las bases de la imagen contemporánea de Louis Vuitton.

Una etapa marcada por la incertidumbre

Esta nueva etapa parece estar obligando a Marc Jacobs a hacer algo que no siempre resulta sencillo para alguien que ha pasado décadas tomando decisiones: aceptar la incertidumbre.

«Me resulta cada vez más complicado mantener una conversación sin haber analizado antes en mi cabeza sus diferentes facetas», reconoce. La frase revela hasta qué punto está reflexionando sobre su presente y sobre el futuro de una marca que durante tantos años ha formado parte de su identidad.

«No tengo ninguna respuesta definitiva», admite en Vogue. Sin embargo, sí conserva una actitud que parece haberle acompañado durante buena parte de su carrera: el optimismo.

La nueva propiedad estará liderada por Yehu da Shmidman, presidente y director ejecutivo de WHP Global, y Morris Goldfarb, presidente y director ejecutivo de G-III. Ambos conocen bien el negocio de la moda y gestionan un amplio catálogo de marcas internacionales.

Una vida marcada por la reinvención

Para entender al diseñador que hoy afronta esta nueva etapa hay que remontarse a su infancia en Nueva York. Nacido en 1963 en el seno de una familia judía, Jacobs perdió a su padre cuando tenía apenas seis años. Fue entonces criado por su abuela en el Upper West Side de Manhattan.

Estudió en la High School of Art and Design de Manhattan y posteriormente ingresó en Parsons School of Design, siguiendo la recomendación del diseñador Perry Ellis. Allí comenzó a destacar rápidamente. En 1984 fue reconocido como estudiante de diseño del año y recibió importantes premios por su colección de fin de carrera.

Ahora, casi cuatro décadas después, Jacobs parece encontrarse en otro punto de partida. La venta de su marca supone el cierre de un capítulo, pero no necesariamente el final de su relación con la creatividad.

«Ser honesto me hace sentir bien», afirma. Una declaración sencilla que adquiere un significado especial en un momento en el que el diseñador parece más interesado en comprender dónde está que en controlar hacia dónde va. Después de haber construido un imperio alrededor de su propio nombre, Marc Jacobs se enfrenta ahora al reto de descubrir quién es cuando la marca ya no depende de él.