Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa brindaron aquí: las bodegas de Menorca por las que también pasan los grandes del Ibex
Binifadet, una bodega familiar de Sant Lluís, en Menorca, se ha convertido en un refugio discreto para empresarios y rostros conocidos
Su propietario, Luis Anglés, revela a COOL que tres grandes empresarios del Ibex llegaron a coincidir una misma noche
El proyecto nació como una afición familiar y evolucionó hasta convertirse en una bodega con restaurante

Entre viñedos, copas de vino y el sosiego del campo menorquín se esconden historias que poco tienen que ver con las barricas. Algunas tienen como protagonistas a empresarios acostumbrados a moverse en los despachos más importantes del país; otras, a rostros conocidos que encuentran en Menorca el escenario perfecto para sus celebraciones más privadas. En Sant Lluís, las bodegas Binifadet llevan años elaborando sus propios vinos, pero también han sido testigo de encuentros que han terminado en las páginas de la crónica social. Por aquí pasaron Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, que brindaron durante la preboda de Manuel Valls y Susana Gallardo, y entre sus invitados también se han contado algunas de las figuras más destacadas del mundo empresarial. COOL ha visitado este rincón de la isla para conocer su historia y descubrir qué se esconde detrás de las puertas de una bodega por la que también han pasado los grandes del Ibex.
La historia de Binifadet comenzó como una afición familiar, mucho antes de convertirse en un negocio abierto al público. Carlos Anglés, padre del actual propietario, empezó a experimentar con las primeras vides en casa durante los años ochenta. Durante dos décadas elaboró vino para compartirlo con familiares y amigos, hasta que aquel pasatiempo comenzó a tomar otra dimensión. «A principios de los 2000, el vino ya salía bastante bien. Vio la oportunidad de convertirlo en un negocio y ahí fue cuando compramos la finca de Binifadet para plantarla y construimos la bodega», recuerda Luis Anglés, que hoy está al frente del proyecto. Las primeras botellas llegaron al mercado en 2004 y, desde entonces, la bodega ha ido creciendo sin perder su vínculo con la familia.
Tres grandes empresarios del Ibex en una misma noche
La preboda de Manuel Valls, ex primer ministro francés, y Susana Gallardo, empresaria y heredera de los laboratorios farmacéuticos Almirall, celebrada en septiembre de 2019, es uno de los episodios más conocidos de la historia social de Binifadet. La pareja eligió Menorca para festejar su enlace y reunió durante aquel fin de semana a familiares, amigos y numerosos rostros conocidos. Entre los invitados se encontraban Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, que por entonces mantenían una relación sentimental. La presencia de tantos nombres destacados convirtió aquella celebración en una de las excepciones que han trascendido de la habitual discreción de la isla.
Pero las reuniones que acoge la bodega no siempre tienen una boda como telón de fondo. Luis Anglés revela a COOL que una noche llegaron a coincidir en Binifadet tres grandes empresarios del Ibex, aunque prefiere no desvelar sus identidades. No es una situación excepcional que por allí se dejen ver figuras relevantes del mundo económico. «Viene mucho empresario, mucho presidente del Ibex», reconoce el propietario, que recuerda también la visita reciente de uno de ellos junto a su familia. Era la primera vez que acudía a la finca.

A esa lista de visitantes se suma Pau Gasol, que ha disfrutado de la isla junto a su familia. El ex jugador de baloncesto es uno de los rostros conocidos vinculados a Menorca, un destino que atrae a personalidades del deporte, la empresa y la crónica social por su tranquilidad. Sin embargo, para Anglés, lo interesante no es tanto quién cruza la puerta de Binifadet como que pueda hacerlo sin que su presencia se convierta en noticia. «Yo creo que precisamente lo que buscan cuando vienen a Menorca es esa discreción. Esa tranquilidad», explica. El empresario considera que existe una diferencia importante entre la forma de disfrutar de Menorca y la exposición que suele acompañar a otros destinos vacacionales, como Ibiza.
En la isla balear, la presencia de famosos puede acabar rápidamente en fotografías y publicaciones; en Menorca, en cambio, Anglés percibe una especie de pacto no escrito entre residentes, hosteleros y visitantes para preservar la intimidad de quienes pasan allí sus vacaciones. «Yo creo que hay una especie de pacto de Estado: todo el mundo sabe que en Menorca no…», comenta durante la conversación con COOL. Y para ilustrar esa filosofía, recuerda que Emilio Botín acudía a la isla todos los años sin que su presencia trascendiera demasiado. También menciona a Rosalía Mera, primera esposa de Amancio Ortega, que tenía una relación con Menorca mucho menos conocida de lo que cabría esperar. «¿Cómo es posible que estos después se van a Ibiza y se entera todo el mundo?», se pregunta Anglés, convencido de que la discreción forma parte del carácter de la isla y de su atractivo para quienes buscan descansar lejos de los focos.

Esa manera de entender la privacidad también se aplica dentro de la propia bodega. El propietario recuerda la visita de un actor británico muy famoso que cenó en Binifadet. Anglés le pidió una fotografía para sus hijos, que eran admiradores suyos, y el invitado terminó accediendo al comprobar que se trataba de una petición familiar. Eso sí, le pidió que no difundiera la imagen. «Le prometí que no iba a salir de mi móvil y nunca ha salido. No la tiene nadie», cuenta. Una anécdota que resume la filosofía de un establecimiento donde las visitas ilustres no se convierten en reclamos publicitarios.
De una afición familiar a un proyecto de vida
La historia de Binifadet no se entiende sin la evolución que ha experimentado en las últimas décadas. Cuando Luis Anglés asumió la gestión de la bodega en 2011, el proyecto necesitaba encontrar nuevas vías para darse a conocer y competir en un mercado en el que conviven miles de productores. Un año después, junto a su mujer, Patricia, impulsó la apertura del restaurante y desarrolló la parte turística del negocio. La decisión supuso un cambio importante. Hasta entonces, Binifadet se había centrado fundamentalmente en la elaboración de vino, con algunas visitas puntuales a las instalaciones. La restauración permitió abrir las puertas a un público mucho más amplio y convertir la experiencia en una forma de presentar la marca. «Muchas bodegas lo que hacen es puerta pequeña. Montan restaurantes muy exclusivos, intentando buscar el prestigio. Nosotros hicimos todo lo contrario: abrir las puertas. Cuanto más grande, mejor», explica Anglés.

La idea era que los visitantes pudieran conocer el entorno, probar los vinos y comprender el proyecto más allá de una botella. «Cuanta más gente viniera a compartir el sitio con nosotros, más fácil era contarles el proyecto, intentar enamorarles y generar ese vínculo afectivo con la marca», añade. El restaurante lleva más de una década abierto y se ha convertido en uno de los pilares de la bodega, tanto por la experiencia gastronómica como por su capacidad para dar a conocer sus vinos.
Tras la pandemia, Luis y Patricia ampliaron también su actividad con Bonita Menorca, una empresa que gestiona otros establecimientos de la isla. Su propuesta se extiende así desde el campo hasta la costa, con restaurantes situados en entornos naturales y junto al mar. Dos escenarios muy distintos que comparten una misma intención: acercar al visitante a la gastronomía y los productos del territorio.
El secreto está en la copa
Menorca vive un momento dulce en el mundo del vino. El creciente interés por los productos locales y unas elaboraciones frescas, con acidez y un característico punto salino, han situado a sus bodegas en el mapa. En Binifadet, Luis Anglés apuesta tanto por referencias consolidadas, como su blanco Tanca 12, bien valorado en la Guía Peñín, como por nuevas elaboraciones que recuperan variedades autóctonas, entre ellas Foraster. Una forma de reivindicar el potencial vitivinícola de una isla que todavía muchos asocian únicamente con sus calas.

Pero si algo define a Binifadet es su capacidad para reunir mundos aparentemente distintos: el de quienes buscan descubrir los vinos menorquines y el de quienes llegan hasta allí para disfrutar de una comida lejos de las miradas. Entre viñedos, copas y conversaciones que no salen de sus mesas, la bodega ha encontrado la fórmula para crecer sin renunciar a la discreción. Porque en Menorca, a veces, el verdadero lujo no está solo en lo que se sirve en la copa, sino en la tranquilidad de poder disfrutarla.